Macro Matters

El franco y la excelencia macroeconómica suiza

O la mar de suiza que sería un buen piropo para una economía que muestra unos resultados excelentes y que, por supuesto, no son consecuencia de la suerte, ni de un movimiento táctico oportunista o algo por el estilo. Antes, por el contrario, esa excelente situación es el producto de una sociedad con unas instituciones y unos ciudadanos cuyo comportamiento serio y responsable que, más allá de sus garbanzos negros, son reconocidos como dignos de la confianza general, del papa a la ONU, ya sea en sus servicios o en sus productos. Así se hace marca de país.

Plaza financiera global y secreto bancario

Su secreto bancario data de la Ley Bancaria de 1934, criminalizando su violación y equiparándolo al secreto profesional de otros oficios. Tal vez en algunos países, si se tiene un amigo en una caja o un banco, se puedan conocer las intimidades bancarias de un vecino, pero no en Suiza; además, su Gobierno asume con seriedad (¿hay que reiterarlo?) la presunción de inocencia de sus ciudadanos sin que eso signifique que estén blindados, ni ellos ni sus clientes.

Siendo un país sin recursos naturales más allá de los que permiten producir energía hidráulica (la llamada hulla blanca suiza), con una agricultura de montaña, que no puede desarrollar las industrias del mar y sin una industria automotriz, hubo de desarrollar irremisiblemente otros sectores como el financiero, representando un 10% de su PIB, similar al Reino Unido (en España es el 3,8% del PIB). De él, una cuarta parte es de gestión patrimonial, haciendo de Zúrich la quinta plaza global y de Ginebra la séptima (GFCI13, pág. 4). Recientemente, The Guardianabrió brecha mediática sobre las actividades de algunas divisiones de ciertos bancos suizos, pero, más allá del chismorreo cateto y el morbo por los patrimonios implicados, ello sólo representa una mínima parte de los activos financieros de los bancos suizos que equivalen al 680% de su PIB (otra razón para hacerlo muy bien).

Dentro del deseo de mantener su soberanía, Suiza siempre ha sufrido las presiones de las grandes potencias deseosas de utilizar su neutralidad y fiabilidad bancaria. Un caso  paradigmático de esto fue el rol del Banco de Pagos de Basilea en la Segunda Guerra Mundial, sobre el que el canal de historia británico UKTV History y BBC-TimeWatchpresentó un excelente documental, que muy probablemente desaparecerá de la red de redes, en el que se cuenta la relación bancaria entre poderes aliados y alemanes durante el régimen nazi. 

¿Bancos, relojes y chocolates?

Más bien no, o no sólo eso. Sus principales rubros de exportación son, por orden, farmacéuticos, metales preciosos y joyería, maquinaria y equipo eléctrico, y por supuesto relojes; todo ello le permite, con unos 8 millones de personas, exportar casi tanto como España; luego tiene el turismo, los servicios, entre ellos los financieros, y las rentas exteriores, generándose un impresionante superávit de cuenta corriente superior al 9% del PIB y que ha llegado al 14% (línea granate, siguiente gráfica) doblando en proporción a Alemania.

Hemos de detenernos un momento en su industria relojera. Los relojes mecánicos sin pesas y péndulos colgantes surgen como respuesta a la necesidad de resolver el problema de la longitud geográfica para las rutas de navegación marítima y para cuya respuesta ya Felipe III (el piadoso) estableció un premio, pero no sería hasta que el británico John Harrison creara su cronómetro que se obtendría una solución práctica. Pues bien, dicen las malas lenguas que fueron calvinistas británicos quienes llevaron dichos secretos de producción a Suiza para ayudar a sus hermanos en la fe; sea como fuere, esa industria entró en crisis a mediados de los pasados 70’s con la aparición de la relojería digital asiática, produciéndoles un verdadero shock productivo y cultural.

Como los suizos no están para bromas ni para perder el tiempo, que con el pan no se juega, superaron esa crisis y la energética con una readaptación general de su economía y sociedad que les ha llevado a disfrutar de enormes y bien administrados excedentes económicos, resultando en un bajo nivel de endeudamiento público (línea roja, gráfica anterior), una participación estatal en el PIB algo inferior a la alemana (a la línea granate de la gráfica anterior ha de sumarse la Seguridad Social), crecimiento (línea negra, siguiente gráfica) con baja inflación (línea roja, siguiente gráfica) y un desempleo mínimo (línea morada, siguiente gráfica).

Desde su descentralización gubernativa basada en la lealtad y la unidad nacional y cuya fiscalidad vimos en su momento, esos buenos resultados no se consiguieron descuidando la defensa y la seguridad ciudadana, como hemos hecho nosotros, sino que, por el contrario, y como conocen bien a sus vecinos, sus ciudadanos están armados hasta los dientes sin padecer tragedias a la americana, controlan bien sus fronteras, protegen su neutralidad, casi están bunkerizados y tienen una de las tasas de criminalidad más bajas del mundo.  

Cierto es que el camino exportador de Suiza tuvo la ventaja de que otros hemos estado treinta años de juerga en Las Vegas, engañados con mesianismos europeos (rechazaron la UE en referéndum en 1992, qué año aquel), nacioncitas para el saqueo del pueblo, cargándonos sectores claves (el último, ahora, el financiero) y asilvestrando a nuestros ciudadanos con fondos públicos.

Como prevén que la competencia exterior se endurecerá pues, desde el inicio de la crisis, antes Alemania y después Estado Unidos y Reino Unido siguen una estrategia competitiva similar a la que Suiza inició en los pasados 80’s, y al tener 3,3% de paro, se han vuelto más selectivos a la inmigración y nos han metido junto con los países del Este; ¿por qué será si hemos educado a nuestros jóvenes en áreas clave como el Eros autárquico? Luego les insultamos con sus garbanzos negros como si el dinero de toda la droga que corre entre nuestros jóvenes no tuviera lavadoras aquí. ¡País!

Franco suizo: ¿morir de éxito?

No, de ninguna manera. Aunque en su momento criticamos duramente las declaraciones del presidente del Banco Nacional Suizo (BNS) en su acción de contención contra la revaluación del franco, no se me ocurre mejor lugar para trabajar que cerca de su actual presidente.

En cuarenta años el franco suizo ha multiplicado casi por cinco su cotización respecto al dólar, demostrándose una vez más que los que hablan de devaluación interna son unos ignorantes, como un catedrático propagandista que se está haciendo de oro a la vera del PP, y eso que es gafe. El franco suizo tiene un canal alcista claro y lo rompió en una fortísima revaluación en abril de 2011, cuando pasó de casi 1,29 francos por euro a casi la paridad en agosto de ese año y ahí se plantó el BNS, pues se llevaban por delante al potente y largamente trabajado sector exportador suizo; hoy se cambia cerca de los 1,22 francos por euro.

Ante esa situación, mi recomendación sería la siguiente: olvidarse de las ideítas de Lagarde y sus chicos y hacer que los especuladores pierdan dinero, comprando dólares y euros, cada una según su tratamiento, a fin de construir una trampa alcista, mediante un movimiento lateral que devuelva de lleno el franco a ese canal alcista, hasta que a los toros les duela y los sedientos de valores de reserva se sacien; ya habrá tiempo de vender generando beneficios a las arcas suizas cuando la mayor competencia exterior se haga notar.  

Termino expresando mi confianza en que, aunque el entorno internacional les será más difícil, los suizos, una vez más, darán una lección de buen hacer y que es del todo ajena a quienes prefieren entretenerse con el chismorreo y fantasías de snobs mientras olvidan, o quieren hacer olvidar, los deberes y delincuentes propios. Aprendamos de su lección y centrémonos en resolver lo nuestro.


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