Macro Matters

El euro y el regreso del dólar

La historia reciente de la moneda americana me recuerda a la de esos boxeadores brillantes, que tras grandes éxitos y juergas sonadas, van confiados en exceso a su siguiente duelo, son apaleados y cuando todo el mundo da por terminadas sus carreras y en las primeras filas alzan los periódicos para que no les manche su sangre, su instinto de ganadores les lleva a ese núcleo duro, sagrado e irrenunciable que llevan dentro, le dan la vuelta al combate, nos dan una lección a todos y dejan en evidencia a quienes confunden sus deseos con la realidad.

La larga marcha

El dólar americano – los hay de  Australia, Belice, Brunei, Canadá, Hong Kong, Namibia, Nueva Zelanda, Surinam, Taiwán y Zimbabue –, de uso común en muchos países dolarizados, con su peculiar origen en el real de a ocho, perdió su vinculación con el oro en 1971 y desde entonces mantiene una tendencia devaluatoria constante (línea negra, siguiente gráfica; nada que ver con el franco suizo) con momentos de extrema revaluación, algo a tener siempre presente.

Como moneda fiduciaria que es y como reserva de valor principal de los bancos centrales y, lo que podría ser más importante, de cientos de millones de ciudadanos de Asia, América Latina, África e incluso Europa, padece todo tipo de mitos, conspiranoias y mentiras establecidas realmente ruinosas. En teoría, repetimos, en teoría, un sistema monetario fiduciario puede funcionar mejor que el patrón oro. ¿Y en la práctica? Pues depende de la praxis; Perogrullo dixit. Ya sé que todos somos muy listillos y vamos dándole clases de macro a la FED y tal, que algún día el oro no sé qué, etc. etc., pero de momento lo que hay es que ha roto recientemente un importante resistencia (flecha roja superior, gráfica anterior) y la llamada de atención sistémica es clarísima.

Tectónica de bloques económicos

A ese tema ya le dedicamos un artículo y está claro que donde hay estado de derecho, representatividad de los electores, división de poderes y las universidades buscan la verdad y no crear castas, hay futuro; en el resto, salvo algún oasis europeo, “monte y culebras” y a salir corriendo en lo que se haga de noche. Luego está el contendiente chino, que merece su aparte y como todo, ya saben, también “tiene su tratamiento” y seguro que se lo van a dar.

El “socio” chino

Nixon abandonó el vínculo con el oro y luego abrió China para contener a la URSS, que vayan ustedes a saber lo que firmaron y si lo cumplirán, pero precisamente por eso hemos de prestar mucha atención a lo único objetivo disponible: la información de los mercados.

Los chinos, como devotos comunistas que eran, fijaron (como la URSS, Cuba, Corea del Norte y otras tiranías genocidas) un precio fantasioso a su moneda, pero siempre copiando a las economías de mercado. Cuando se abrieron saltó por los aires, a trompicones o por escalones; sin embargo, en 2005, el socio americano empezó a exigirles un cambio más equitativo comercialmente y desde entonces se ha ido revaluando hasta principios de 2014, en torno a los 6 yuanes por dólar, cuando inicia una tímida tendencia acorde con los nuevos tiempos.

La lucha japonesa

Con Japón pasó antes algo parecido pero estos fueron más cabezones y engreídos, cosa que también analizamos (junto con la “devaluación interna” española), así que “les dieron su tratamiento”.

Lo sorprendente del la revaluación del yen es el “buen” ajuste matemático de su cotización como expresión del agotamiento de su modelo y la ruptura, de libro, de la formación triangular de 1990-2013 (podría ser más larga, peor); es muy probable que el cruce de los 100 por dólar marquen un antes y un después en una economía camino de la implosión por deudapública, y todo para salvar a su oligarquía político-financiera. Casta keynesiana.

Tras “besar” la lona, el campeón se va arriba

El dólar es el instrumento monetario de la Pax Americana y sin él no habrá Pax, que alternativa no hay, así que el que se interponga que se atenga a las consecuencias y donde primero se nota es en los flujos monetarios, de comercio, inversión y en el crecimiento, todos determinantes del tipo de cambio. Lamentablemente, tras la creación del euro, algunos líderes europeos, sobre todo de Bruselas y Francia, empezaron a creer que podían tomar el relevo y, como era de esperarse, Europa tendría problemas económicos mientras sus palabras caerían en el olvido; en el olvido nuestro, porque los estrategas americanos, ya cansados de las puñaladas de sus aliados, van tomando nota de en que niveles de crisis los niños malcriados vuelven al redil.

Como consecuencia de la crisis del 2008-2009, los EE.UU. hacen una política económica de libro, destacando su relativo éxito comercial y el enfoque industrial y manufacturero. En eso siguen y para prueba las intervenciones del presidente Obama, y en la última sus cuatro minutos finales son una verdadera clase de buena política en tiempos de crisis. Toda analogía con el particular es cuando menos desafortunada y me temo que desde fuera el empeño es demostrarles su “error”.

Tras siete años combatiendo la crisis y re-encajando a la superpotencia en el sistema global, ya consiguen que su PIB nominal (¿hace falta repetir la importancia del PIB nominal?) crezca cerca de un 5% anual con un déficit público entorno al 3,5% del PIB (nominal); todo ese esfuerzo para reducir el peso de la deuda un 1,5% anual. Es lo que hay y lo que tiene la última fase del ciclo largo, la más dura; aún así, los pedidos de bienes duraderos van a buen ritmo, los últimos datos de empleo son muy buenos (para lo que hay) y las arcas públicas, al recuperarse, contribuirán mejor al crecimiento en el que el petróleo también ayuda e incluso podrían empezar a normalizar tipos de interés (lo dudo). Salvo epidemia de Ébola, atentado terrorista u otra catástrofe, su 2015 debería ser bueno, incluso el mejor del ciclo, tema aparte son los siguientes años, que este boxeador arrastra muchos excesos.

El euro, orgullo y prejuicio

Mientras los trágicos acontecimientos de esta semana nos recordaban que vamos camino de ser algo parecido al Líbano, que la demografía manda (EE.UU. se “hispaniza”), el euro tocaba el entorno de los 1,17 por dólar, próximo a su valor de lanzamiento, en una muestra más de la mala gestión (deflación cantada) de esa gran idea que es la moneda única europea, como demuestra el credit crunch de libro que nos han creado, que pareciera que no han entendido (o querido entender) nada de sistemas fiduciarios.

La llegada al 1,2 estaba cantada y así lo adelantamos en solitario allá por agosto pasado cuando estábamos (y estamos), en el colmo de nuestra locura, distraídos encumbrando un liderazgo alucinado con patronazgo perverso, uno de las cuales recibió el año ahorcando catorce personas (4 mujeres). En todo caso, si algo muestra la anterior gráfica es que pareciera que al BCE solo le interesa que no baje del 1,18-1,20 y ya veremos si puede mantener ese farol, porque si no, seguramente se irá hacia el 0,85 según enseñan los retrocesos de Fibonacci, cosa que a largo plazo, por el camino que vamos, veo bastante probable.

Hasta ese bajonazo lo mejor que se puede hacer es una buena diversificación de riesgos comerciales y en cuanto a los financieros, mejor no meterse hasta después de las elecciones en Grecia este 25 o tras la reunión del BCE el 22, que aquí la trampa bajista no esta tan clara como con la libra; siendo optimista, debería rebotar hasta el 1,3 antes de volver a ese 1,2, que debió ser siempre el “peg” con el dólar, pero es que aquí creemos que somos más listos que los chinos. Así lo veo a día de hoy, dicho todo con la salvedad legal correspondiente.


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