Macro Matters

El espejo irlandés

La semana pasada señalamos una cierta similitud en la evolución de los saldos monetarios de Irlanda y España, así que parece conveniente explorar la evolución económica del llamado tigre celta a ver qué enseñanzas podemos obtener de él viéndonos en ese espejo y, como siempre, haciendo la autocrítica correspondiente.

Condenadas analogías

A cada crisis internacional corresponde en nuestro país una manipulación analógica por parte de nuestros políticos en pos de sus intereses y en contra de los nuestros. Sea Irlanda, Escocia o Ucrania, ahí están los lobos para trasquilar a las ovejas, que maldita manía tienen en buscar un buen pastor en el lugar equivocado. La trampa es conocida, se los pone frente al espejo, veis que guapos sois, las cosas que conseguís solos, pues si estáis mal es por culpa de aquellos y venga catecismo del odio. Con esas tres mentiras las ovejas van como cabras mientras los lobos las siguen esquilmando, vía empresas de los amigos, para aumentar sus cuentas helvéticas y si hace falta manipular la infancia, se hace, que si hay desnutrición será culpa de ellos, pues de lo que se trata es de que pase el tiempo para seguir facturándoles, que las prioridades son otras.

Desde el espejo económico irlandés las diferencias son abrumadoras, solo hemos de pensar que con cerca de un diez por ciento de nuestra población exportan casi la mitad que nosotros. Y las diferencias no se quedan ahí: si analizamos la estructura de su comercio exterior veremos que no podría ser más disímil de la nuestra, ya que casi parecen un centro de transformación de productos químicos, farmacéuticos y sanitarios, rubros que suman casi la mitad de sus exportaciones, seguidos de la electrónica de consumo; la nuestra está más diversificada.

España podría tener en su interior, vía comunidades autónomas, varias Irlandas, pero la casta corrupta e incompetente que las gobiernan lo hace imposible y lo peor es que en algunas de ellas, como Andalucía o Cataluña, por citar dos, sus dirigentes y parte de sus ciudadanos creen que con más de lo mismo van a conseguir un resultado distinto.

¿Parecidos razonables?

Dos economías pueden ser muy distintas pero las leyes macroeconómicas que las rigen son las mismas, y en el caso irlandés lo que nos llamó la atención fue la evolución de sus saldos de efectivo y depósitos (ver siguiente gráfica). Partiendo de un enorme expansión monetaria, muy similar en ambas (más larga en España), que fue el combustible de las respectivas burbujas, se pasó a un brusco cambio de tendencia (julio 2007 para Irlanda, septiembre 2009 en España) con un estancamiento prolongado (unos tres años), seguido de una contracción (un fenómeno poco común con efectos deflacionarios en bienes de consumo y activos) y, finalmente, un estancamiento en Irlanda que no ha llegado a España donde sigue contrayéndose.

La gráfica siguiente está construida con los saldos monetarios de efectivo y depósitos de los residentes en España e Irlanda, donde se ve el cambio radical de tendencia comentado. Los bancos centrales de ambos países los equiparan a la M2 a pesar de no incluir los saldos de no residentes, llamándolas "contribución a la M2 de la Unión Monetaria Europea" como si de una ofrenda en el altar de UE se tratara. En todo caso, a nuestros efectos, nos es útil para ver la riqueza monetaria de los ciudadanos, eso que no ve ni la UE, ni nuestros políticos, bancos centrales y todo ese inmenso y ruinoso parásito burocrático al que enriquecemos.

Una diferencia capital es que Irlanda ha sabido aprovechar muy bien su posición en la Angloesfera, clave también en el fin del terrorismo nacionalista, y la inmigración que hasta allí ha llegado, ya fuera de antiguos irlandeses o de otras nacionalidades, mostrando una buena disposición a aprender de la experiencia de otros sin querer dar lecciones de lo que desconocen. Con ese enfoque conquista los mercados europeos alejándose de los intereses de Bruselas, una soberanía que ésta intentó destruir -eso se les da bien- con el rescate irlandés.

Su mayor error fue abrazar de forma insensata tanto el sueño burocrático europeo como las modas financieras americanas. De Bruselas le vienen toda una serie de disfuncionalidades, siendo destacable la dejación en la supervisión bancaria, de América el querer utilizar unas formas de hacer banca muy por encima de sus capacidades de gestión, produciéndose una burbuja inmobiliaria (la caída va por el 50% de máximos y el nivel de hipotecas está como en 1971) que a punto estuvo de hacer colapsar todo el sistema bancario.

Abismo bancario

La locura financiera montada sobre la fantasía de los precios inmobiliarios, esos que nunca bajan, fue tal, que incluso uno de sus puntos fuertes, el equilibrio en el comercio exterior (línea granate, siguiente gráfica), fue devorado por el consumo a crédito. Llegada la realidad, el apuntalamiento del sistema requirió llevar el déficit público (línea morada) a niveles superiores al 30% del Producto Interior Bruto (PIB), variable con la que se supone van a pagar esas deudas.

A la losa que supone el empobrecimiento por la deuda privada, la deflación de activos y de rentas, mayores impuestos, recortes y el aumento del paro, que se cuadruplicó, se suma la de la deuda pública (línea verde oscura, siguiente gráfica), que se multiplicó por más de tres en cuatro años, hasta superar el 120% del PIB.

Forzados por la realidad y sin partir de un buen programa para reestructurar el sistema financiero, nacionalizaron buena parte del sistema bancario y parece que han conseguido que vuelva a ser capaz de financiar las actividades productivas. En principio, parece que lo han hecho mejor que nosotros y así lo muestra que aprovecharan mejor el crecimiento (línea negra siguiente gráfica) del anterior ciclo económico (2009-2013), llegando a crecer hasta un 2% mientras aquí hicimos un raquítico 0,5% en 2011.

Más dudas sobre los aciertos

Del abultado endeudamiento público irlandés decir que una buena parte está en acciones de la banca y su puesta en servicio del crecimiento son, en principio, dos señales de haber acertado en la terapia, cuyo mejor resultado se muestra en la disminución en la tasa de paro (línea roja, gráfica anterior), algo que es otro motivo para alegrarse; sin embargo, no podemos emitir un veredicto sobre su sistema bancario y por tanto el valor de esa deuda pública, ya que ello requeriría unas estadísticas que no están disponibles o estar sobre el terreno casi un año. 

Respecto a la recuperación del superávit comercial con el exterior, en buena parte gracias a la caída del consumo por ese empobrecimiento comentado, se podría esperar que con tiempo y paciencia puedan ir recuperando también los niveles de bienestar perdidos por sus locuras; sin embargo, al no haber hecho el cambio generacional que les toca, surge la duda de si no estaríamos simplemente presenciando un proceso producto del tirón del ciclo global, más que por una buena restructuración interior.

Sea como fuere, dichas dudas la resolveremos en la próxima recesión y no se extrañen que aquí sea peor por la bajeza de nuestros políticos (la penúltima), esos que, por solo citar un ejemplo, pudieron usar la gran oportunidad que tuvieron para, desde nuestras cajas y el resto del sector público hacer política industrial e internacionalizar la economía de sus comunidades; pero no, prefirieron usarlas para su enriquecimiento personal, algo para lo que sí están dispuestos a hacer lo que haga falta. Por si fuera poco ahora quieren reformar la Constitución; lo tienen fácil, cambien los artículos 68 y 69 para que los electores tengamos verdaderos representantes, entonces ya irán ellos reformando, con calma pero sin pausa, lo que convenga a sus electores. ¿O es que acaso prefieren un cambio por las malas?


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