Macro Matters

Estado y empleo

Por paradójico que pueda parecer a la luz de los acontecimientos que cada día padecemos, nuestro Estado es y será clave en la generación de empleo en España, lo que ocurre es que quienes gobiernan los poderes del mismo han llevado el sistema a sus límites, algo bastante previsible aunque solo ocurra una vez cada siglo. Hoy, más que entrar en el ideologizado e interminable tema del papel del Estado en la economía, lo que haremos será explorar algunos aspectos que creo pueden ayudarnos a mejorar nuestra perspectiva de la tarea a realizar.

Planificación económica

En una conferencia en la Escuela de Guerra del Ejército americano, Richard A. Millen desvelaba que en los albores del siglo XX la Inteligencia del Imperio Alemán hizo dos regresiones simples para las necesidades de carbón y trigo, similares a la que hicimos sobre PIB y Empleo, y concluyeron, aquí vino el error, que salvo que se adquirieran territorios fronterizos con Bélgica y Francia (carbón) y en Ucrania (trigo), la economía alemana entraría en crisis hacia 1918.

Millen cree que Alemania está en un proceso de emersión geopolítica desde 1866 (con la guerra de siete semanas con Austria). El caso español es, obviamente, muy distinto y en alguna ocasión les he comentado que tocamos fondo hacia 1830 y desde entonces hemos venido emergiendo; así que, viéndolo con perspectiva y en la previsión de la semana pasada, la encrucijada actual no es tan dura, aunque radicales y casta política nos pondrán a prueba e intentarán, en su fantasía imposible, evitar una salida civilizada al problema que ellos han creado. ¿Tendremos lo que hay que tener? Espero que sí.

Nuestro país ha copiado, de aquella manera, la estructura estatal alemana, más que por razones de buena gestión pública por un vano intento de contentar a los nacionalistas, sin embargo, aún estamos a tiempo de solucionar su crisis de mala gestión pública. Una de las muchas ventajas comparativas que tiene Alemania en la crisis sistémica actual es que su mesianismo político fue derrotado de forma aplastante, mientras el nuestro, con sus injusticias y pésima estructura fiscal, sigue plenamente vivo y hemos de enterrarlo antes de que, en su fracaso, nos arrastre a todos con él.

La planificación económica, que no está en contra de la economía de mercado, es un área bastante compleja, diversa y benéfica, pero mal asumida por la experiencia del mesianismo socialista y, más de un siglo después de ese ejercicio de la Inteligencia alemana, hay quien todavía ataca los instrumentos de planificación económica más elementales mientras defiende a quienes, desde campos opuestos, hacen un mal uso de ellos; la planificación estatal es algo tan viejo y útil como el desarrollo de las riveras del Nilo o de las calzadas romanas, por citar solo dos ejemplos. Usémosla correctamente.

Fines y medios

El anhelo generalizado entre buena parte de los españoles por un empleo público, para toda la vida e independiente del buen funcionamiento de la Economía, se acabó, pues en nuestra situación los españoles no pueden pagar la producción pública. Los instrumentos y medios de gestión de recursos humanos para el Bien Común seguirán existiendo, pero tras sufrir una racionalización a fondo.

Según la EPA del primer trimestre de 2.013, de los 22,8 millones dispuestos a trabajar o Población Activa, solo 16,6 conseguían hacerlo (línea verde, eje izquierdo siguiente gráfica) y de ellos, 13,8 en el sector privado (línea negra, eje izquierdo) divididos en 10,8 millones de asalariados (línea celeste, eje izquierdo)  y unos 3 millones de autónomos (línea azul, eje derecho). Pues bien, con los 2,8 millones de funcionarios (línea roja, eje derecho) el sector gubernamental del Estado, tras ajustarlos, deberá reconvertirse a fin de que la Economía crezca, reduzca el paro y sanee sus finanzas.

Keynesianismo dogmático

Si los keynesianos dogmáticos hubieran leído y entendido a Keynes sabrían, porque lo explicó bien claro, que sus propuestas las hacía para a un sistema monetario distinto del nuestro en el que los determinantes de política económica son otros y miren que lo hemos explicado veces desde el 2009. Aumentar la demanda efectiva emulando mal a Keynes agrava el sector exterior y ahonda la restricción crediticia y la insolvencia fiscal; así, cuando Zapatero y su plan E, más el resto de gobiernos, aumentaron las plantillas públicas, empeoraron la crisis.

Mientras, Rajoy, que acierta corrigiendo esos errores de Zapatero y Cía., se equivoca al poner el énfasis en un ajuste, a su manera, poco inteligente y regresivo, que ya traía negociado como advertimos por adelantado, pechando a pobres y enfermos, pensado más para la casta y que impide y olvida liberar el potencial expansivo español orientando la economía y el modelo de negocio del sector financiero a la exportación; para más inri (nuestro), dice buscar (en los demás, claro) una devaluación interna: miope, que no ve que así recaudará menos, además, es innecesaria.

Intervención directa

En cada país, según sus costumbres, desde las más altas instancias del Estado se interviene para impulsar cambios; un caso paradigmático es el de Obama, que no ha parado de trabajar desde que fue elegido por primera vez en la reindustrialización interior, la exportación y el cambio de cultura de sus conciudadanos (el último ejemplo: exportaciones, empleo, fabricación y educación) para los nuevos tiempos. En el Reino Unido, tras ver que la devaluación (valor nominal) no les funcionó y solo consiguieron vender lo mismo más barato y comprar más caro (atención pesetófilos mesiánicos), su primer ministro, de forma similar a Obama, lleva dos años apostando directa y presencialmente por la producción (valor real) y hoy sus esfuerzos empiezan a ver los primeros resultados.

En España, nuestro monarca ha estrujado al máximo su agenda, que esperemos pueda pasar al heredero y que la use correctamente, y, tras recuperar las muy deterioradas relaciones con la angloesfera, se fue directamente a visitar clientes y conseguir contratos hasta casi caer colapsado en la India. Paradójicamente, sus gestiones tuvieron que orientarse en buena parte al sector naval y del ferrocarril (el gran negocio nuclear global ya lo perdimos), dos casos depauperados por los mangoneos de políticos y sindicatos.

Estado y Gobierno

Nuestro problema no es la forma de Estado (Monarquía o República), en ese cambio no está La Solución, al contrario. Nuestro problema es de la forma de Gobierno y es en la división de poderes y en la representatividad de los electores donde hay que hacer la reconversión. No entraremos en lo primero, cuyo resultado inmediato se notaría en la lucha contra la corrupción, sino en lo segundo; si nuestros legisladores representaran de verdad a los electores y no a quien les pone en la lista, sea cerrada o abierta, y todos los escaños valieran los mismos votos, tal vez seguirían los fueros pero el cupo sería justo, como lo sería el reparto del ajuste fiscal, las autonomías tendrían que negociar ante el Congreso las ayudas y no en la sombra, no tendríamos los estatutos de autonomía de ZP ni se hubieran privatizado cajas saneadas por 1 euro, probablemente tendríamos cadena perpetua para los terroristas e incluso cosas más cotidianas como el recibo de la luz o una estructura impositiva serían, como mínimo, más racionales y así, un sinnúmero de asuntos pendientes o mal hechos.

Seguramente, en este trance histórico, aventuristas mesiánicos desfasados aprovecharán la crisis para, desde la mentira, crear desesperación y fomentar el enfrentamiento, impulsando un cambio reaccionario a mayor gloria de sus fantasías ruinosas, similares a las que nos han traído hasta aquí; pues si quieren emociones fuertes, que hagan parapente, o mejor, creen una empresa, o exporten y sometan su trabajo al juicio global, pero no rompamos más cosas y actuemos racionalmente.


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