Macro Matters

Las cuentas del reino en 2015

Como estos días se debaten los Presupuestos Generales del Estado y los políticos harán su demagogia acostumbrada, conviene que revisemos sus principales partidas y lo haremos comparando lo que se encontró el actual gobierno para ver como lo ha cambiado.

El ajuste posible.

Cuando el PP llegó al gobierno, en medio de una seria crisis fiscal, con la prima de riesgo disparada y con el Euro al borde de una crisis histórica, realizó un duro ajuste de gastos con una fuerte subida de impuestos, de urgencia, a fin de producir una fuerte reducción del déficit; posteriormente, la intervención de Mario Draghi, con su “whatever it takes” (lo que haga falta), y la asistencia europea para el retrasado saneamiento de la banca pública regional (cajas), vino la calma a los mercados financieros. El proceso se dio siguiendo imposiciones externas, pues si fuera por nosotros y nuestra falta general de criterio económico seguiríamos como en 2011.

Entonces se comenzaba con un supuesto déficit público del 8,4%, que no se creía nadie y que podía estar sobre el 10%, con el Estado gastando “sobre el papel” un 33% más de lo que ingresaba, cifra que en realidad podía estar por el 40%. Como siempre en los ajustes de urgencia en países fantasiosos que retrasan sus deberes, se ahondó la recesión dañándose los equilibrios fiscales.

Si comparamos la estructura presupuestaria que encontró el PP a principios del 2012 con la que prevé que tendremos en 2015 (ver siguiente tabla), veremos que la reducción del déficit viene más por aumento de impuestos y mayor recaudación, 9,5%, que por reducción de gastos, que caen un 4,5%. En otro tiempo, con un entorno inflacionario, haríamos un análisis en términos reales, pero en la actualidad pienso que, a los fines de este blog, no es necesario.

No taxation without representation.

Que traducido sería “ningún impuesto sin representación”. Esa máxima fue el detonante de la independencia americana y miren donde han llegado; aún hoy, allí, se puede notar su influencia en su diferente concepción fiscal, de modo que a las partidas presupuestarias se las califica de “apropiaciones” (la deuda lo son a futuro), porque lo de “contribuciones” no deja de ser un eufemismo, cosa que daría para todo un debate.

Como el ajuste ha puesto el énfasis en exprimir a impuestos, tasas y copagos a los ciudadanos (Renta y Sociedades suben 34%, IVA y otros impuestos indirectos un 22%; ver siguiente tabla) conviene señalar que nuestra situación fiscal es el resultado de décadas de decisiones tomadas por unos diputados que no responden ante los electores, sino al que hace la lista electoral; gracias a ese sistema se han aprobado cosas tan absurdas como los estatutos de autonomía o una factura eléctrica que es un verdadero desastre, por solo poner dos ejemplos.

En la siguiente tabla pueden ver el aumento de las apropiaciones por los distintos conceptos, destacando la caída en las cotizaciones sociales a pesar de preverse un crecimiento del empleo y del PIB nominal del 2,7% y que es consecuencia lógica de promover ese error que es la devaluación interna (aunque se intenta evitar la inmobiliaria con el engendro del banco malísimo). Este aumento de recaudación viene también  de lo que no cuentan los malos keynesianos, esa legión, y es que sus idolatrados “estabilizadores automáticos” también frenan crecimiento con mayor recaudación en la salida de las recesiones (caso del regresivo IVA). 

Consideremos además que los datos de la primera tabla no incluyen empresas públicas y entes autónomos (tvs propagandistas, aves, puertos y aeropuertos, etc.), que elevan la participación pública al 45% del PIB (según Eurostat), y cuyos déficits de funcionamiento si entran en la partida de gastos de dicha tabla. Un monstruo que es una verdadera delicia de paniaguados y corruptos, y cuyo control y buena gestión es imposible con un un sistema electoral no representativo que impide la división de poderes; su efecto en apropiaciones lo tratamos recientemente al ver nuestra deflación con inflación “fiscal”.

Súmenle a lo anterior que nuestro país tiene una autonomía en rebeldía y una fuerza política neo-comunista en ascenso, casi puede decirse que estos presupuestos (que no nos gustan) serán por mucho tiempo los últimos con ciertos visos de credibilidad y potencial de estabilización macroeconómica. Para colmo del desgobierno, otros pirómanos quieren reformar la Constitución en otro intento de apaciguar sediciosos y partidos corruptos, pero nunca para que el sistema electoral sea representativo; ¿reformarla, con qué representación?

El ajuste de gastos.

Como pueden ver en la siguiente tabla, la mayoría de partidas han bajado, excepto las más importantes, que suben de manera abultada; ellas son: Pensiones, un 17,3%, coste de la Deuda Pública, un 29,5%, y las transferencias a otras A.A. Públicas o taifas, un 10,2%. Por supuesto que el resto de partidas tiene su economía, pero el problema serio está en estas.

Como el gasto en endeudamiento es consecuencia del déficit, solo veremos pensiones y paro, dejando de lado las “taifas” con sus entes autónomos (empresas, fundaciones, universidades pésimamente clasificadas, “educación” par el adoctrinamiento, etc.) pues ese problema ya lo conocen.

El aumento del gasto en pensiones fue tan llamativo que hube de revisar varios años para creerme la cifra. ¿Y como es posible? Pues porque la cohorte de nuevos pensionistas viene con cálculos de aportaciones más altas; se trata de la generación de los Transicionistas. Lo cierto es que el sistema recauda unos 109.800 millones y gasta unos 131.660 millones, cubriéndose el resto con unos 9.800 millones de la hucha de las pensiones y otros 13.186 millones por todos para las mal llamadas “no contributivas”, que en realidad son las que no llegan al mínimo fijado por políticos salidos del sistema electoral comentado. Ya se ve que el sistema de pensiones no es viable y que se vive una ficción contributiva y de reparto; la duda es si lo ajustará gente sensata o un partido populista aupado por el aumento de la pobreza.

La prestaciones al desempleo, como el empleo, es un tema no abordado por nuestra fantasía mesiánica general y cuya asistencia directa supone casi el 3% del PIB (más del 20% del PIB desde el inicio de la crisis) o casi un cuarto del gasto en pensiones, al que hay que unir el coste empresarial de las indemnizaciones y las ayudas al empleo. Previendo su situación y la de las pensiones, a finales de 2010 propuse una solución (ver enlace), dentro de un ajuste general, en un intento de que se comenzara a abordar el tema, pero lo único que conseguí fueron insultosen “comentarios”y alguna enemistad; todo muy “ibérico”. Pues nada, sigamos así hasta que nos explote la siguiente crisis fiscal.

El cuadro macroeconómico del gobierno.

Lo primero que hay que saludar es que hablen de PIB nominal, que es lo que determinará el monto de la apropiaciones a una estructura fiscal dada; en eso, parece que algo hemos conseguido. Hay que decir que me recuerda casos de la empresa privada, donde el escenario optimista se usa para el área comercial y de marketing, solo que en esta ocasión no hay escenario pesimista, que es el que se usa en los presupuestos financieros en temas de tesorería. 

Este escenario,del que que puede ser el último presupuesto más o menos potable, es posible y puede que hasta se cumpla, salvo crisis internacional, pero los méritos de dicho cuadro vienen de una recuperación cíclica y de unos exportadores a los que se ha dejado solos, y el presupuesto sería aceptable si se hubieran hecho los deberes, que no es el caso; en ese sentido, lo más preocupante es el endeudamiento exterior, todo un anuncio de futuros ajustes y restructuraciones adicionales a las pendientes antes comentadas.

Una vez más, la recomendación es aprovechar el momento bonancible para consolidar posiciones, sanear balances y buscar la expansión exterior, a fin de depender lo menos posible de los políticos españoles porque, dado el futuro político que se vislumbra, estos presupuestos bien podrían ser el canto del cisne de un país que aún podría tener un futuro luminoso, difícil pero luminoso.


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