Macro Matters

La crisis búlgara

Ocupados como estamos con nuestra propia crisis, distraídos del proceso de retroceso general impuesto por quienes quieren mantener unos privilegios incompatibles con el progreso económico, hemos venido ignorando unos acontecimientos de interés en ese avispero que siempre es la zona de los Balcanes. Dos pánicos bancarios han azotado Bulgaria obligando a la intervención del First Investment Bank y el Corporate Commercial Bank, tercero y cuarto del sistema respectivamente, como posible prólogo de un período crítico que considero nos interesa explorar.

País epicentro de choque de civilizaciones

No es fácil resumir su historia pero digamos que hacia el siglo VI las tribus búlgaras que acosaban el norte de Bizancio se consolidan y crean su primer imperio. Tras debilitar Bizancio por el norte, que sucumbe ante los turcos, Bulgaria pasa a estar bajo la bota otomana de 1393 a 1878, cuando Rusia les da su apoyo; desde entonces viven dependientes de las grandes potencias.  

En su último ciclo generacional, las guerras balcánicas, con su euforia inicial, postergó, agravándolo, el cambio del mismo en la civilización ortodoxa; en la primera de dichas guerras, de no ser por la miopía nacionalista en la Liga Balcánica y entre ortodoxos, habrían podido reconquistar “Constantinopla”; grave error. Entonces aquella alianza casi igualaba la población turca, hoy van camino de ser la mitad: todo un signo de problemas futuros ante el neo-otomanismo emergente.

Del telón de acero a los ajustes férreos

Bulgaria, que fue miembro de la Unión Monetaria Latina, tras una serie de alianzas equivocadas o por la imposibilidad de permanecer neutrales, termina cayendo en la esfera soviética que determinó su estructura económica posterior. Caído el bloque soviético, con la ruptura de esa unión económica y del área del Rublo, sufren una serie de ajustes económicos que, gracias a su integración en la UE, la OTAN y su alineamiento al área Euro, han conseguido ir modernizándose a base de durísimos sacrificios y ayuda europea. Las similitudes con los casos que vimos de Rusia, Polonia, Ucrania y Hungría son evidentes.

Bulgaria ha abrazado su integración europea con el entusiasmo del converso pero mucho me temo que dicho argumento solo ha servido para que una oligarquía, mucho más salvaje que la nuestra, se enriquezca de forma inmisericorde. El instrumento principal de dicho ajuste ha sido la moneda, que les llevó a la hiperinflación de 1987 a 1999, cuando fijan el Lev (león) al Euro, y ahí lo mantienen desde entonces; todo lo demás se ha ajustado a esa paridad, incluida la población.

De esa forma han corregido su déficit de transacciones exteriores (línea roja siguiente gráfica) y su déficit fiscal (línea morada), tema este último en el que hay que reconocerles el enorme esfuerzo realizado aunque ya se nota cierto agotamiento de la terapia.

Como resultado de esa política de austeridad (y ayudas europeas) su deuda pública (línea verde oscura, siguiente gráfica) apenas llega al 23% del Producto Interior Bruto y, tras las privatizaciones del cambio de modelo, el sector público no supera el 40% del PIB (línea verde clara).

Del crecimiento a la deflación

La cosecha de tantos sacrificios ha sido que han conseguido estabilizar la economía con un nivel de crecimiento aceptable (línea negra siguiente gráfica), aunque el nivel de paro, próximo al 12% sigue siendo alto (línea roja) Otro elemento de preocupación es su deflación que, como también ocurre en muchas otras economías, no es por deuda, si no por su demografía y encaje abierto en la globalización, todo lo cual afectará a su recaudación fiscal.

Un indicador en que se ve la dureza del proceso reseñado es la emigración masiva y el descalabro demográfico, que ha significado la pérdida de un veinte por ciento de sus habitantes, y que les urge detener.

Víctimas de una oligarquía muy europea y muy eslava

Una de las cosas que tiene la deflación es que es como las mareas, cuando bajan se ve que esconden las aguas, sobre todo bancarias. En ese sentido, la actual crisis bancaria hay que ubicarla en un fallido sistema de supervisión de un sistema político corrupto y sin contrapeso de poderes, es decir, muy europeo, como el nuestro, con su sistema electoral proporcional de listas que, natural y lógicamente, exacerba las tendencias corruptas de cada cultura, un fenómeno, el de la corrupción por el sistema electoral, que ya demostraron los profesores de Yale Kunikova y Ackerman hace ya bastante tiempo y que se agrava con las repúblicas. A estas alturas el que siga defendiéndolo es porque quiere corrupción.

En términos de corrupción y libertad económica Bulgaria queda entre Perú y México y peor que Hungría, aunque no muy lejos de nosotros. Es una economía pequeña que nos muestra lo que puede ocurrir en otras del Este y, aunque podría tener su interés comercial en casos puntuales, nada que ver con lo que significa para nosotros Latinoamérica.

En esto de los pánicos bancarios siempre aparecen falso-liberales que hacen mucho daño a la Ciencia Económica y que, con su “QSJ los ahorradores por no estar atentos”, terminan dañando esa certeza de que las virtudes de la libertad económica, bien defendidas, protegidas y reguladas, son garantía del progreso social; antes de eso, lo que deberían pedir es un sistema político democrático, información como la americana y un supervisor que funcione, por solo citar tres elementos. Claro que también hay quien dice que defienden esas tonterías porque no hay libertad de portar armas.

El León de Bulgaria

El pánico bancario comenzó con una serie de misteriosas misivas llegadas desde las redes sociales atacando el punto más débil de la oligarquía búlgara que, ya fueran orquestadas desde dentro o desde fuera, lo cierto es que generaron pánico y llevaron a la intervención de las entidades mencionadas. Dichos bancos, lógicamente, siguen cobrando sus préstamos, pero en lo referente a los depósitos, como el Estado ha de poner fondos, los ciudadanos han topado con la causa de sus males, unos políticos que han hecho causa electoral de su desgracia y tienen paralizada la asistencia financiera en un país con su primer ministro dimitido.

Dado el bajo endeudamiento estatal, Bulgaria no debería tener problemas en sanear ambas entidades (eviten analogías portuguesas), ni tendrían que padecer una crisis bancaria similar a la de 1996; todo lo cual no quita la enorme responsabilidad en el daño causado a sus ciudadanos y que, en este caso, a diferencias de los otros, casi se podrá contabilizar al céntimo.

Bulgaria tiene unos 15.000 Millones de euros en reservas y, en principio, podría seguir manteniendo, como en los últimos quince años, que ya tiene mérito, la paridad con el euro, salvo, claro, que la crisis se prolongue, pues no ha de descartarse que haya políticos interesados en especular contra su moneda y, una vez más, robar a su pueblo.

Lamentablemente, para colmo de males y como la Historia siempre vuelve, ha aparecido la UE, ese engendró que se va a cargar el proyecto europeo, que, como saben, está muy ocupada en repartiese el botín ucraniano, exigiéndoles, con su sadismo acostumbrado, que suspendan la construcción del gasoducto ruso vital para Moscú en su conflicto fronterizo. ¿Convertirá la UE una crisis bancaria controlable en cambiaria desbocada? Pobres búlgaros, me temo que, entre los delincuentes propios y los de fuera los volverán a desplumar; esperemos que no.

El tema tiene muchas aristas pero permítanme terminar diciendo que, viendo con quien nos la jugamos, una vez más se demuestra la necesidad (y urgencia) de tener un sistema electoral representativo de los electores que establezca los controles y contrapesos necesarios en defensa de sus intereses.


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