Macro Matters

La crisis de India y la rupia

La crisis en India, con sus elecciones regionales este año y “generales” el siguiente, es uno de los eventos de importancia mayor al que no le hemos dedicado la atención debida forzados por unos políticos desnortados, egoístas, que pareciera que no rigen bien y que, de seguir así, nos llevarán a la ruina definitiva. Pero no nos distraigamos, Asia es un área económica donde deberemos buscarnos el sustento y la India es un país de interés capital para todos.

Su sistema político no ayuda, al contrario

El poder en India está dominado por dos partidos, el Congreso Nacional Indio (CNI) y el Partido del Pueblo Indio (PPI), ambos nacionalistas y socialistas, la única diferencia es de acento: el primero más socialista (fabianos) y el segundo más nacionalista: dos lacras en toda regla.

La India, que sufre el islamismo desde hace más de un milenio y que es casi una civilización en sí misma, tiene un sistema político igualmente complejo, así que solo entraremos en él superficialmente. India es una república parlamentaria, federal y, según el preámbulo de su constitución, soberana,socialista, seglar y democrática, ¡olé!, que además combina el sistema electoral anglosajón con el proporcional a la UE, siendo nombrado el Ejecutivo por el Parlamento, con lo que no es representativo ni hay división de poderes: puro populismo; es decir, proclive a las castas (doblete), la corrupción y las dinastías políticas. Como aquí. El sueño de la elite de la UE y su muy rentable negocio fabiano.

Antecedentes y crisis de 1991

Las políticas de desarrollo aplicadas en India son tema obligado en cualquier facultad de Economía y obviamente no entraremos en el detalle. Muy resumidamente diremos que hasta finales de los 80 dominó la política el CNI y la dinastía Gandhi, nada que ver con Mahatma, hasta que los fueron matando; el modelo era socialista, de empresas públicas, control de precios, susidios, proteccionismo, intervencionista y muy burocratizado.

En 1991, el CNI, ante la perspectiva de quiebra estatal, firma un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional y pone como garantía sus reservas en oro, tras el cual hace una tímida liberalización y privatiza empresas públicas. ¿Cambió aquello el modelo ruinoso anterior? No mucho, como lo demuestra la siguiente tabla, pero entró dinerito, oye, que es de lo que se trataba. India sigue teniendo un altísimo nivel de corrupción y una bajísima libertad económica. Allí hay un orden cívico que no va a cambiar salvo que haya una revolución y vayan ustedes a saber cómo terminaría aquello.

Todos somos conscientes de las penurias que padecen los indios y, desde su independencia, el CNI ya podía haberlo hecho mejor, que a los indios capacidades no les faltan, como hemos comprobado quienes hemos podido trabajar con profesionales de allí, muchos de los cuales han terminado engordando las clases medias del primer mundo ante la falta de oportunidades locales.

El CNI, tras casi sesenta años de gobierno, con su afán de control de la riqueza, sus componendas con lobbies sindicales, agrícolas e industriales y su corrupción, es responsable de la pobreza que aqueja a cientos de millones de indios. Este mal también lo tenemos aquí muy presente, en nuestras comunidades autónomas, donde partidos corruptos se eternizan mientras la pobreza se dispara; el caso indio es mucho más grave, ya que su población se duplica cada treinta años, un ritmo que se debe en buena parte a su reducida de clase media.

Economía de consumo

En los países tan pobres, si no se crean las condiciones mínimas para que en su lucha diaria por buscarse la vida surja una clase media de forma endógena, no saldrán nunca de la trampa en que están metidos: algo que no interesa a los plutócratas fabianos. La liberación y privatizaciones de 1991 mejoró algo esa tara, pero poco; hubo que esperar a un evento exógeno, cuando la angloesfera, en sus equilibrios geopolíticos globales y aprovechando las nuevas tecnologías de la información, produjo el outsourcing y la deslocalización de servicios y software a la India. Es difícil encontrar un cálculo fiable sobre las dimensiones de la clase media india (informe del Deutsche Bank), pero podría ser del orden de doscientos millones de personas.  

Adicionalmente, con el fin de forzar inversiones se ha establecido una peligrosa equivalencia analógica según la cual China es una economía de producción, de manufacturas, mientras que India lo es de servicios y de consumo. Hay partidarios acérrimos de uno u otro modelo y ambos los encuentro maniqueos, ya que el problema de fondo es de equilibrios sistémicos, de crecimiento equilibrado, distribución de la riqueza y generación de bienestar creando clases medias en una economía global.

¿Una crisis peor que la de 1991?

Desde el punto de vista del equilibrio macroeconómico, sí, definitivamente, y así se puede ver en la siguiente gráfica, donde el déficit en transacciones exteriores (línea granate), con su fuerte dependencia energética y financiado temporalmente con inversión exterior, superó al máximo de la crisis anterior y prácticamente se ha desbocado. Únanle que padecen una insuficiencia fiscal grave, con un déficit público superior al 8% (línea morada) y tendrán todos los ingredientes para una tormenta perfecta con consecuencias globales.

La peculiar financiación pública india

Comparada con Francia (línea negra, siguiente gráfica) parecería poca endeudada (línea marrón), pero si pensamos que el gasto público en India es el 27% del PIB (línea azul clara) y tienen un déficit fiscal del 8% del PIB entonces solo recaudan el 19% del PIB y eso gracias a que ha aumentado la clase media.

¿Cómo consiguen entonces mantener en el tiempo esa anomalía? Pues gracias al crecimiento y a ese impuesto de los pobres que es la inflación (aquí nuestra casta ha sido más retorcida). Este peligroso juego, que afecta a cientos de millones de personas, puede mantenerse hasta que estalla una crisis cambiaria, entonces los inversores se cansan de adquirir papelitos que solo pueden devaluarse llevando al país a una espiral que puede terminar en hiperinflación, salvo que apliquen un ajuste fiscal duro.

La rupia, el nuevo gobernador y riesgo de hiperinflación

Tengo la fortuna de conocer un ejecutivo del Banco de Reserva de India, banco central indio, que por su posición asiste a reuniones internacionales en las que ha participado Janet (calamity) Yellen, candidata a presidir la FED, y que al saber que Rahguram Rajan sería su nuevo gobernador, pensaba renunciar por estar en contra de la liberalización financiera hecha en India y de la que Rajan es partidario; espero que mis argumentos a favor de permanecer en el cargo y dejar testimonio de los hechos le hagan desistir, aunque entiendo que es muy duro ser honesto y no poder expresarse públicamente.

Con esa información sobre Rajan podemos esperar que el riesgo de hiperinflación en India sea bajo y que lo más probable es que se haga un ajuste fiscalinflacionario, que reducirá el crecimiento, ya afectado por la crisis de crédito a pymes, que prevén de un 4% para 2014, y que dañará a las clases media y baja. Aunque la crisis india dio las primeras señales en 2012, ha sido este año cuando han empezado las tensiones más fuertes, haciendo que la rupia tomara una tendencia exponencial y llegando a casi 70 rupias por dólar, que se frenó cuando entró en zona de sobreventa y la FED anunció que daría marcha atrás al taper, o reducción ordenada de la expansión monetaria.

India tiene unas reservas internacionales próximas a 275.000 millones de dólares que han bajado un 7% en último año, así que el banco central no está por defender la rupia con dinero; tampoco podría hacer gran cosa, la verdad y limitar la compra de divisas a nacionales fue un gran error. A corto plazo la rupia parece tener un suelo en las 60 unidades por dólar pero la previsión de medio plazo es, sin duda, hacia la devaluación hasta que corrija su desequilibrio exterior y, en ese sentido, la India, como Turquía o Brasil, puede ser ejemplo de malas inversiones exteriores por no hacer un correcto análisis macroeconómico previo. En todo caso, esperemos que el aterrizaje sea suave y promueva las reformas necesarias.


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