Macro Matters

The italian job

La presente estructura económica de Italia proviene de la confluencia de cinco aspectos principales: de su cultura y de la estructura industrial al terminar la Segunda Guerra Mundial, de su posición geopolítica en la Guerra Fría, del sistema político impuesto en el Orden Europeo y de su carencia extrema de recursos energéticos. España afrontó similar situación pero con casi quince años de retraso. Hoy, política y economía enfrentan crisis de un calado similar en ambos países.

Italia mantiene sobre España una enorme ventaja cultural secular que viene desde el Renacimiento y esa enorme brecha, aún no cerrada, consiguió reducirse en el siglo XIX, cuando las políticas de los gobiernos de España consiguen casi igualar los niveles de alfabetización. Pero la cultura es mucho más que la alfabetización y una muestra de ello es la diferencia en el número y tipo de premios Nobel de italianos, catorce, frente a los ocho de España. Aún así, ya saben, todo tiene su tratamiento.

A nivel industrial, Italia mantenía, al inicio del presente ciclo largo, un buen dominio de los fundamentos científico-técnicos de las principales industrias: desde la aviación, al automóvil, al sector naval, la electrónica y telecomunicaciones, farmacéutica, energía (incluida la nuclear) y un largo etc., que la situaban como una potencia industrial de primer nivel. La evolución de la renta per cápita generada por Italia y sus grandes emprendedores, genios mundiales del diseño, que fue paralela a la de la Alemania unificada, la pueden ver en la siguiente gráfica y hoy está a niveles del 2000-2001 por las limitaciones de su sistema político.

Economía y política

La economía puede dividirse en dos grandes áreas poco utilizadas: en economía positiva, que trata lo que es, como el número de desempleados, por ejemplo, y en economía normativa, lo que debe ser, como el pleno empleo, por poner otro ejemplo. En política, la política positiva sería la lucha, conformación y conservación del poder dentro de unas reglas de juego; la política normativadebería ser la democracia, pero, por razones históricas, en la mayoría de países de la Europa continental no ha sido así, y en el invento ese de la UE actual, muchísimo menos.  

Tras la Segunda Guerra Mundial, la práctica totalidad de los países de Europa Continental adopta un sistema electoral donde todos los partidos ganan dentro de una forma liberal de Gobierno sin representatividad ni división de poderes, pero en el que casi se garantizaba que no habría gobierno comunista.

Si los americanos tuvieron su pavor macartista, en Italia, donde el todopoderoso y corrupto partido democratacristiano, sus homólogos socialdemócratas, los empresarios, la Iglesia y el poder americano, casi en situación de pánico político al temor de un triunfo comunista trajera su conocida política criminal (recuérdese el caso Aldo Moro); así engendran esa cosa tan rara que vino en llamarse Logia Propaganda Due, ubi erat everybody, incluida la mafia.

El padrone

Cuando hablamos de oligarquía, suele pensarse en la idea establecida por la propaganda comunista de un grupo de ricos que domina un país, pero lo cierto es que no tiene porqué ser así y tal es el caso de Venezuela, con Hugo Chávez y su camarilla a la cubana. En el caso de Italia, como en el de España (informe OCDE), esa oligarquía está en los partidos políticos y sindicatos y su influencia se derrama hacia el resto de la sociedad, de tal forma que puedes encontrarte con el personaje más insignificante, desde las administraciones públicas, cajas de ahorro a las académicas, decidiendo caprichosamente sobre tus proyectos, sean personales o de negocios. 

Chi possiede qualcosa, que es la definición en Italiano de padrone. Dudo que se pueda definir mejor una idea con tan pocas palabras. Algunos lo prefieren a instituciones que den trato objetivo; así, si al competir se pierde, se acude al padrone, hasta que se concluye: ¿y para qué competir? La qualcosa suele ser la res publica, pero también la privada. En Italia la diferencia Norte-Sur deviene en un gradiente violento donde no rige el derecho. La equivalencia española de ese caciquismo en nuestros días, de sus malos usos, la tendríamos en el pistolerismo político vasco y la castas política regionales.

Conviene recordar, que aunque menos industrializado, el Sur de Italia, con su Reino de las Dos Sicilias, era una zona de primera importancia económica de su tiempo, donde, por ejemplo, se asentaba una de las cinco Casas Rothschild (Londres, Fráncfort, Viena, París y Nápoles), la de Carl Rothschild. Su verdadero retraso secular respecto del Norte viene de sus intentos independentistas y reaccionarios (volver a lo de antes, eso es lo que venden los nacionalismos vasco y catalán), que a punto estuvieron de cargarse el despegue industrial de Italia, que les desenganchó de los ciclos largos siguientes y les colocó mal en los nuevos órdenes cívicos, que es lo que ocurrirá en Cataluña y País Vasco con el camino que han elegido.

El agotado modelo político italiano

Con todos los mercados abiertos y un buen acceso a recursos energéticos, pero sin olvidar el caso Enrico Mattei y su extraña muerte, Italia aprovechó el presente ciclo largo dentro de su particular sistema político. Caído el Telón de Acero, las viejas componendas se derumban y hay un intento de de regeneración vía el movimiento Manos Limpias, que encausó a una parte de la casta y a algún padrone, pero cómo será aquello de retorcido que al final Berlusconi terminó de primer ministro y ahí sigue, en la brega política.

El euro ha sido para Italia, como para España, una bendición que pone en evidencia todo lo insostenible del sistema, de orden político y económico, que antes se ocultaba devaluando la moneda y que ahora no hay más remedio que afrontar seriamente. Está por ver si las poblaciones respectivas salen de su letargo, de su dame pan y llámame tonto y tienen el coraje de impulsar los cambios políticos.

La expansión monetaria del BCE llevó a Irlanda a la ruina, a España a la burbuja inmobiliaria y a Italia a perder un robusto superávit por cuenta corriente (línea granate, eje derecho), como pueden ver en la gráfica anterior. Afortunadamente, la dirección de su banco central, el Banco de Italia, es bastante mejor que la de nuestro cuando menos inoperante Banco de España, que ni siquiera calcula la M3 como los italianos, y que, además de darnos un gran banquero central como Mario Draghi, parece haber mantenido su sistema bancario en una situación aceptable.

Italia sufre, como todos, la caída secular de la velocidad de circulación del dinero (gráfica anterior), pero su rebote en la recuperación cíclica del 2009-2011 nos indica que los activos de la banca son más líquidos que los nuestros y estarían mejor invertidos. Aún así, hasta que no corrija su déficit por cuenta corriente (están en ello), sus problemas de liquidez se agravarán, pues están agotando su capacidad de endeudamiento externo.

En la comparativa de las previsiones de la OCDE (gráfica anterior) destaca que el crecimiento (eje derecho) sea muy parecido, así como el enorme endeudamiento español (eje izquierdo). Esto último, siendo una desgracia, sería asumible si se hubiera hecho bien la restructuración del sector público y del sistema financiero, pero no es el caso.

Ambas economías afrontan este fin de ciclo largo con un nivel de deuda que reduce el crecimiento potencial en casi un 1% anual, como demostraron Reinhardt y Rogoff, una alerta en la que fuimos pioneros. Ante eso, ambas castas políticas distraen con más Europa, que es menos representatividad y menos división de poderes, o más oligarquía y más corrupción. Pues no, hace falta justo todo lo contrario, como vimos en España 2014, una crónica; solo así se liberarán las fuerzas creativas y la regeneración necesaria que orienten a ambos países hacia un futuro próspero. 


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