Macro Matters

Suecia y el mito nórdico

Suele ser común, sobre todo en España y la América Latina, que aparezcan supuestos “expertos”, a los que normalmente se les ha becado estudios en algún país nórdico, habitualmente en Suecia, que vienen trayendo recetas económicas que permitirán al país dar un salto cuántico hacia el paraíso nórdico, en lo que no deja de ser una muestra de landismo económico y político. Así que, aprovechando la estación de fantasías presupuestarias, parece conveniente explorar los pilares de su éxito económico.

Determinantes geoestratégicos

Los países nórdicos, Dinamarca, Finlandia, Suecia, Noruega e Islandia, que ya desde antes de la Liga Hanseática mantienen una actitud favorable hacia la industria y el comercio, siempre han tenido el acoso de potencias del sur y del este, de alemanes y rusos, algo que les ha llevado a establecer alianzas, económicas y estratégicas, a sur y occidente, primero con Francia y Gran Bretaña, y posteriormente con Estados Unidos; no en balde, el mismo Felipe V consigue la colaboración de Suecia para el primer desarrollo industrial vasco. 

Tienen además la ventaja de que poseen (salvo Finlandia, donde hay una minoría sueca), según el criterio académico conocido que te confirman sus traductores oficiales, idiomas extremadamente parecidos; lo que no hay, para su fortuna, son ideologías absurdas del tipo “països noruecs”, ni nada por el estilo, signo del respeto que tienen a la pura y simple realidad histórica y demográfica. Además, poseen muchos otros aspectos culturales que les unen, desde instituciones al substrato religioso pero, sea por errores internos o imposición de las potencias, no han podido consolidar una unión política al nivel de su integración económica y similar a la unión de Kalmar. En Suecia, como en el resto, podríamos ver su eras o ciclos generacionales, como hicimos en las Eras de Hispania, pero sería muy largo, así que daremos “saltos”.

De Luthero  a Bernardote

La bandera Sueca, como la de otros países nórdicos, tiene la llamada cruz de San Olaf, rey santo noruego con vínculos en el Rus de Kiev, identificándose así un reino cristiano y no hay duda de que el Cristianismo, en su expresión Luterana, ha tenido una influencia determinante en la cultura sueca, donde sorprende como sigue manteniéndose, a pesar de perder fuerza, esa importante forma de hacer el Bien que son las virtudes económicas; nada que ver con la picaresca y otros vicios económicos que padecemos. No intentaré añadir nada al trabajo de Max Weber, salvo resaltar el papel central del texto bíblico (sola scriptura) en el protestantismo y cómo sus traducciones a lenguas vernáculas influyeron en la temprana alfabetización de esos pueblos, en su fuerte afición por la lectura y, sin duda, en el deseo de conocer la verdad.

Suecia rompe con Roma en 1527 pero su rey aún conserva la alocución latina de “Dei Gratia Suecorum, Gothorum et Vandalorum Rex”. Este rey de los suecos, godos y “vandaluces” por la Gracia de Dios, debe además profesar el luteranismo, un vestigio del tiempo de la iglesia nacional. Posteriormente tuvieron su época imperial y su particular Ilustración. Como en todos los pueblos, estos hitos y los siguientes han dejado allí un legado generacional, fenómeno que espero tratemos otro día.

En 1810 sufren una crisis sucesoria y, a diferencia de nosotros, resuelven el trance mediante una revolución pacífica ofreciendo la corona a un mariscal de Napoleón: Jean-Baptiste Bernadotte, primero de la actual dinastía reinante. Debió hacerlo bastante bien, pues con su reinado se inicia un ciclo generacional que permitió la revolución industrial sueca aunque condicionó bastante el siguiente ciclo (siglo), que es el que ahora termina.  

Seguramente, aquel rey y sus gobernantes, ante la necesidad de establecer un orden eficaz que superara las tremendas dificultades de su tiempo se apoyaron en exceso en la iglesia luterana sueca y hoy, en las generaciones menos jóvenes, de treinta para arriba, se percibe un cierto resquemor contra el clero por temas de intolerancia, intransigencia, puritanismo e insolidaridad, condicionándose el actual ciclo generacional. En el anterior ciclo hubo una emigración masiva, a pesar de la industrialización, que benefició a Estados Unidos con más de un millón de suecos, debida a cierta “explosión” demográfica, intolerancia religiosa y las oportunidades fuera del clasismo sueco.

Hoy, los suecos han dejado de emigrar para huir de la pobreza, viven una inmigración masiva y quienes profesan nominalmente el luteranismo han pasado del 95% en 1970 al 65% actual. La disminución delos suecos étnicos, a pesar de ser pioneros en el fomento de la natalidad, y el enorme cambio demográfico y social que viven abre toda una serie de interrogantes para el futuro.

De Nobel a Olof Palme

Alfred Nobel, propietario de Bofors y parcialmente de la hoy AkzoNobel, que hizo, junto con su hermano y gracias a su inventiva y dotes empresariales, fortuna en Rusia y Suecia, le ha dejado a los suecos (y a todos) un legado de empresarial y científico ejemplar de cómo hacer el Bien con descubrimientos científicos de utilidad empresarial, aunque puedan tener un uso destructivo.

Estos premios, sobre todo al principio, abrían en Suecia un período de celebración donde la ciencia, el progreso y la paz marcan la reflexión común, un fenómeno que alcanza a todos los países nórdicos y más allá. Curiosamente, el Nobel de la Paz se entrega en Oslo pero la neutral es Suecia, en otro ejemplo del pragmatismo nórdico. En cuanto al de Economía, muy posterior, tengo un amigo banquero central al que le parece mal, mientras que yo lo considero una gran iniciativa.

El ciclo generacional actual nace próximo a la separación de Noruega en 1905 y con esa gran idea que son los premios Nobel (1901), quedando el país en una situación ideal para aprovechar al máximo el ciclo económico largo que iba a nacer en los años treinta, y que ahora también termina.

Ese aprovechamiento del ciclo económico largo, sobre todo de su primer impulso (no así el segundo y último), se ve hoy en la estructura de sus exportaciones, muy diversificada en bienes industriales, aunque también muy atomizada; dicho primer impulso, de gestión principalmente socialdemócrata, hizo tope a principios de los ochentas del pasado siglo - coincidiendo con el extraño asesinato de Olof Palme - y su agotamiento abre importantes interrogantes económicos. 

Sistema electoral y gestión económica

Suecia tiene un complejo sistema electoral proporcional de listas y su falta de representatividad es compensada, parcialmente, por unos distritos electorales muy reducidos – tienen 349 diputados – y por el importante papel de los ayuntamientos en la gestión del gasto de las enormes apropiaciones que padecen sus ciudadanos, dos elementos que coadyuvan a la baja corrupción (ver Kunikova y Ackerman) de una sociedad de por sí muy honesta, respetuosa de la propiedad, con un enfoque muy racional de la solución de los problemas y una ejecución muy distinta a la nuestra donde la gestión “a la sueca” solo trae problemas a quien lo intenta.

La idea de trasladar un modelo de una sociedad muy particular, que vive de una forma seria y natural las virtudes económicas, dentro de unos condicionantes históricos y geográficos muy concretos, es pues del todo absurda, sin dejar de considerar que hoy se encuentra en un cambio de ciclo generacional, que además han truncado en las últimas elecciones, como demuestra su incursión en el avispero de Medio Oriente, justo en un momento en que surgen dudas sobre el valor de su moneda y han entrado en deflación, pero ese es un tema que dejaremos para una próxima ocasión.

En cuanto a nosotros, lo que deberíamos hacer es dejarnos de analogías y falsos paraísos y centrarnos en resolver racionalmente nuestros problemas conforme a nuestra realidad, que nuestro país ya no da para más trampas e inventos ideológicos.


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