Macro Matters

Recuperación industrial española en 2014

Todos sabemos que por nuestra carencia de materias primas necesitamos exportar otros productos y servicios para poder adquirirlas. Así que, o se mueven los productos o se mueven las personas y en ese sentido el turismo y exportar otros servicios ha sido un gran alivio, pero no son suficientes; por ello, hoy analizaremos el que también es nuestro puntal exportador y que además aporta externalidades tecnológicas y mayores salarios.

El mayor empleador

Medido por el número de asalariados el subsector de manufacturas es el mayor empleador de España, con el 13,2%, al que se unen la construcción, con 4,6% y el suministro de agua y electricidad, con un 1,3% entre ambos, como puede verse en la siguiente gráfica.

La manufacturas llegaron a emplear 2,7 millones de asalariados en 2008 y desde entonces han perdido más de 700.000, debido en buena medida a que una parte importante de su producción, desde muebles a grifería, por solo citar dos, dependía de ventas al sector de la construcción, que a su vez ha perdido 1,5 millones de empleos asalariados.

Lo ocurrido ha sido una verdadera tragedia económica: casi 2,2 millones de empleos dependientes del artificio de la burbuja inmobiliaria. Lo que ya tiene menos disculpa es que mientras en Asia y Oriente Próximo, por solo citar dos zonas geográficas, se retrasan proyectos por falta de manufacturas, aquí sigamos fantaseando con si Podemos o no Podemos continuar suicidándonos distribuyendo y redistribuyendo la tarta menguante, en vez de salir con todo a conquistar mercados exteriores que, si bien es cierto no resolverán todas las consecuencias de la locura inmobiliaria, sí abrirán nuevos caminos en el comercio global, verdadera base sobre la que tendremos que construir nuestro futuro.

En contraste y como otro síntoma de la crisis,  el empleo agrícola ha crecido casi un 10% desde el primer trimestre de 2008, llegando a 498 mil en el mismo trimestre de 2014; sin entrar en ese sector, solo destacaré su buena conexión con la exportación.

Son muchos los que se quejan de los pobres salarios de esta recuperación y demasiados lo hacen desde cómodas cátedras pagadas con dinero de todos; es cierto, a mi no tampoco me gustan, pero yo me pregunto: ¿dónde estaban esos tíos tan listos cuando defendíamos casi en solitario a la industria española? Ideologizando las aulas, seguro. 

¿Ortograma negociador?

Un ejemplo que conozco directamente ilustra este particular. Se trata de una empresa que fabrica insumos para la construcción y para el consumo final cuyos directivos y propietarios, ilusionados, ampliaron y modernizaron una fábrica en una pequeña ciudad y que hoy, por presiones de una cúpula sindical que, contando con que no se abandonaran esas inversiones, es totalmente inflexible y en realidad lo que quiere es un despido con alta indemnización (algunas peticiones son ‘de locos’) empalmando paro y jubilación. Hoy su viabilidad está en peligro y sus directivos luchan para que no la cierren, desviando producción a Brasil u otros centros. Podría dar más empleos y favorecer su comarca, pero no hay manera, así que se moverán las personas; toca emigrar.

Otro caso conocido de otro sector: hemos modernizado trenes, estaciones y publicitado su uso ¿y qué hacen sus sindicatos a lo pagado con dinero de todos? Huelga en temporada alta. Algo similar ocurre en política, del nacionalismo al socialismo, con una forma de negociación destructiva, un ortograma, que tal vez diría el profesor Gustavo Bueno, establecido en una falsa conciencia negociadora. Súmenle acciones delictivas y así no hay quien invierta en este país.

El largo camino de vuelta a los comienzos

Podemos verlo en el Índice de Producción Industrial del INE en la  siguiente gráfica que resume las vicisitudes de nuestra industria, con la suspensión de su expansión en 1977, su estancamiento durante la “reconversión” hasta 1985, expansión hasta los previos del 92, la subsiguiente recesión, los efectos de la burbuja y su posterior colapso en 2008, quedando el índice a niveles de 1987.  

Seguramente les ha llamado la atención que el índice (línea negra, la roja es una media móvil de tres meses) tiene unas fuertes caídas recurrentes: son las pausas de agosto en que buena parte de nuestras fábricas cierran, o mejor dicho, cerraban, pues esa estacionalidad se ha moderado bastante desde 2008; se ve que hay que hacer pedidos cuando sea y, por ejemplo, si en otras partes de Europa paran, aquí se les sustituye si hace falta: bien por ellos. Luego se produce otra pausa en diciembre-enero, ya que en algunas multinacionales (qué malísimas que son) se han acumulado derechos que permiten unas vacaciones adicionales.

El todo y las partes

Como era de esperarse, algunos lo llevan peor que otros, así lo vimos al analizar la recuperación del comercio minorista y hoy los más afectados han sido bienes y equipo (línea azul, siguiente gráfica) e insumos intermedios (línea ocre), mientras que los más competitivos y enfocados a la exportación, como los bienes de consumo (línea roja) y productos energéticos (línea gris) van capeando mejor la dura crisis que nuestra evasión general de la realidad ha producido en nuestro modelo económico.

Estos subsectores, además, afrontan otra dificultad, que son las condiciones deflacionarias en que se encuentran nuestros mercados internacionales y que, como vimos, tampoco lo están haciendo mal, que todo tiene su tratamiento.

Recuperación industrial

Puestos a criticar, hay muchos ‘opinadores’ que niegan la recuperación aplicando símiles médicos, pero, ¿por qué se quedan ahí, por qué no entran a responder cuándo estuvo sana nuestra industria por última vez, cómo enfermó, cuál ha sido el papel de sindicatos, educadores y políticos en dicha enfermedad y qué hay que hacer para que recupere el vigor? Sería un debate interesante, lo que pasa es que ‘lo que les pone’ es la fiesta ideológica, la misma que nos ha traído hasta aquí y ha hecho imposible que podamos recuperar algunas posiciones industriales a nivel global por todos conocidas.

Como hemos comentado varias veces, la recuperación es la coincidencia de una recesión que va a menos y unas expectativas empresariales que mejoran anunciando su fin y eso es precisamente lo que nos dice la estadística.

La confianza empresarial (línea azul, eje derecho, siguiente gráfica)    está a un nivel similar a cuando se hizo el mayor ritmo de crecimiento anterior, que rondó un mísero 0,5% anual, allá por 2010 con los brotes verdes de doña Salgado, sin embargo el nivel de producción (línea negra, eje izquierdo) es inferior, producto de que han seguido los cierres y así, los que quedan, esperan que despegue la producción.

Otra crítica sin sentido a esta recuperación es que no se nota en el empleo industrial. A ver, dejando de lado que hay un efecto secular por incrementos de la productividad que ahorra mano de obra, para que aumente el empleo es muy probable que tenga que romperse el nivel del 100% del índice y necesitaríamos que los nuevos empleos crearan más demanda y esta, a su vez, más empleo, donde el industrial suele ir a remolque; pero para confirmar eso habrá que esperar un año en un entorno global difícil que esperemos no se desquicie.

Finalmente, he de señalar que las expectativas industriales suelen predecir bien el futuro del sector e incluso de la economía en general y, aunque no se puede esperar un boom económico y todos sabemos que lo de antes no volverá, afortunadamente, el sector ha tocado fondo y esperemos que siga enfocándose hacia la exportación, creándose una base económica sólida para el futuro. Abandonemos pues las fantasías ruinosas y salvajes que nos trajeron un 25% de paro y seamos realistas, que nos irá mejor.


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