Macro Matters

Navidades y compras estacionales

La Economía, en su complejidad, se apoya en muchas otras ciencias como las Matemáticas, la Estadística, la Psicología o la Filosofía para realizar su trabajo, pero lo que no podrá hacer nunca es olvidarse de lo más elemental de sí misma, aquello que nos señala su propia etimología: oikos, casa, y nemo, administrar, y bien saben las amas de casa, y algún amo de casa también, la importancia vital de la buena administración del hogar como fuente de bienestar. Incluso cuando el oikos se amplía a la noción de patrimonio o hacienda, los economistas nunca podemos alejarnos de lo esencial de nuestro oficio si queremos ser útiles y por ello lo explicitamos en la definición de este blog que tienen a su derecha.

Compras estacionales

Sin lugar a dudas el fenómeno económico recurrente de mayor importancia en estas fechas, que además coincide con una paga extra de los asalariados (excepto el ajuste a funcionarios de este año), son las compras navideñas, cada vez más afectadas por la difícil situación económica que vivimos y que en el caso de ese agregado llamado Consumo tratamos en detalle en nuestro artículo Adiós consumo, adiós.

Lo esencial aquí es conocer la estacionalidad de las compras a fin de optimizar la producción, el aprovisionamiento, la comercialización, la financiación, la publicidad e incluso el diseño de los productos y servicios. Los consumidores intentaran maximizar su bienestar y los oferentes el beneficio total de cada estación o fase del ciclo estacional de su actividad. 

La experiencia comercial navideña arrastra a toda una serie de productos de consumo final y con ello a una parte importante de la cadena de valor nacional, incluyendo algunos que tiene una estacionalidad climática; caso claro de esto último es el de ropa y calzado, que  pueden ver en la anterior gráfica que ilustra el índice de precios de ambos productos, con sus picos para los que gustan de ir a la última y su valles por las rebajas y que casi se explica ella sola.

Cierto es, que aunque muchas actividades, sean viajes, regalos u otros productos de consumo, vean notablemente incrementadas sus compras, no tiene porqué reflejarse ese fenómeno en las variaciones de sus precios, pues éstas se ven afectadas por otros determinantes. Esto pueden verlo en la gráfica siguiente del índice de precios de productos, como el caso deflacionario de la electrónica de consumo (línea azul), por razones de innovación y obsolescencia acelerada, el estancamiento de los juguetes, artículos de deporte, flores y mascotas (línea roja), salvo cambios fiscales regresivos, o, la situación inflacionaria de los productos de uso personal (línea color crema), donde se engancha al cliente con una promoción inicial atractiva y luego la fidelidad del mismo hace el resto. 

Por cierto, la fidelidad del consumidor es vista en los textos de Microeconomía al tratar ese fenómeno desde la Economía del Bienestar, la niña bonita de la Economía por su coherencia teórica, como un comportamiento irracional; no siendo ello óbice para que los economistas valoremos la importancia de dichos comportamientos en su justa dimensión. Lo cual nos lleva al siguiente punto.

Consumismo navideño

Una de las paradojas de nuestro reciente período de materialismo exacerbado ha sido la crítica constante a la Navidad, sobre todo por parte de los mismos promotores de la exuberancia de la irracionalidad económica, que califican a esta Pascua como consumista. Pues sí, ¿y? No digo que no tengan parte de razón, pero la Navidad sigue teniendo para algunos de nosotros una significación trascendente e intentamos armonizar la estacionalidad de las fiestas religiosas con la búsqueda de nuestra Verdadera Luz.

Es cierto que en esta vida apresurada y llena de exigencias materiales se han perdido muchos valores, pero no seamos hipócritas, cuando no cenizos, amargando las fiestas por mor de un falso puritanismo racionalista; además, es perfectamente posible y sano disfrutar de ambas cosas, sobre todo siendo españoles. Yo en esto del consumo navideño soy partidario de una especie de utilitarismo cristiano, aunque fuera un oxímoron e intentaré explicar porqué.

Hay un elemento que creo debemos considerar:es sabido que la disminución de la radiación solar opaca el estado de ánimo e incluso la salud de las personas, por ello no es de extrañar que desde antaño, de las fiestas solsticiales al Janucá judío y a la Navidad (incluso hay judíos cristianos, que de ser españoles estarían de celebración de San Nicolás a Reyes), lo natural es animarse. Este año, además, a ese ocaso estacional de luz ha venido a sumarse una cierta paranoia sobre esa supuesta dispensación (oikonomia y/o diakonia) Maya que hasta la Nasa ha tenido que desmentir; cosas veredes…

Salvo en años recientes, en que algunos en su premura van a dar la vuelta completa, en los países más septentrionales esta estación comercial solía empezar a tomar vida hacia el seis de diciembre, día de San Nicolás, seguida de la fiesta de la santa portadora de la luz, Santa Lucía, que animaba a los ciudadanos de cara a Noche Buena para cerrar con la traca final de luz y color de Noche Vieja y que en nuestro caso se alarga hasta Reyes. Todo un calendario de animación invernal. 

Como es natural, por estas fechas todas las culturas del hemisferio norte celebran fiestas iluministas, en sentido literal y alegórico, acompañadas de abundante comida de calidad, alegradas con buenos caldos, bebidas espirituosas, dulces y se envían postales, realizan regalos, se cantan canciones de amor, esperanza y buenos deseos y se decora el entorno con colores alegres. Como en todo, el arte está en lo bien o mal que se hagan las cosas.

Entre los más afectados por esa disminución de la radiación solar están los niños, seguramente por su temor a la oscuridad y a lo desconocido, y nuestros mayores, tal vez por lo mucho que conocen; no digamos si además alguno de ellos se ve afectado por una enfermedad, por la pobreza o la soledad. Así que anímense, hagan lo que es literalmente sano y natural, disfruten de la Pascua y si conocen a personas en la situación anterior, seamos generosos y atentos con ellos, que dentro de las dificultades lo racional puede ser gastar un poco más y dejarse llevar por el espíritu navideño.

A todos, mis deseos de una feliz Navidad y un próspero Año Nuevo. 


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