Macro Matters

Manicomio deflacionario

Normalmente tiende a verse la realidad macroeconómica desde la óptica de la Demanda Agregada, esto es, atendiendo al consumo público y privado, más la inversión pública y privada, más el saldo del comercio exterior, un enfoque llevado hasta el delirio por nuestros dirigentes. Pues bien, todos esos bienes y servicios demandados son satisfechos por la Oferta Agregada y la resultante de la interacción de ambas fuerzas es un nivel de precios de equilibrio (oferta-demanda). Hoy, tras situarnos, exploraremos la deflación desde el lado de la oferta.

Negacionismo: víctimas y victimarios

Como la realidad no gusta, en vez de entenderla neguémosla: no existe deflación, el BCE y sus homólogos no están haciendo QE, Draghi ha convencido a los alemanes de que hay que restringir la cantidad de dinero, los tipos de interés nominales ya son altísimos, el euro va bien y el Déficit Público y el PIB nominal no importan, porque total, como dice uno que pasa por aquí a dejar sus ideicas, “el IPC y el PIB son imposibles de calcular”. De locos.

Debo decir que hay “negacionistas” por encontrarse en rentas donde ciertos precios (sobre todo a mediados de 2013) dependen de “nuestros” políticos (inflación “fiscal”) y tienen un peso alto en su poder adquisitivo; les entiendo perfectamente y así lo hemos discutido varias veces. Pero eso, como otros inventos normativos (estatutos, etc.), no se arreglará hasta que el sistema electoral sea representativo.

Caso distinto es el de los que quieren meter la burbuja inmobiliaria en el IPC (va indirectamente, ver enlaces anteriores) sin ser bienes de consumo (la C de IPC), sino de balance; pero es que aquí no se hace macroeconomía de balances (ni de ninguna, diría), por eso se han cargado dos cosas elementales para la gente del común: el patrimonio inmobiliario y la seguridad del ahorro líquido junto con su intermediación (esto es salvable).

Luego están algunos “economistas” que como España era más inflacionaria, dicen que esta deflación es buena, y todo sin analizar un solo caso deflacionario. Además, uno que, tirando muy bajo, ha analizado más de dos mil cuentas de resultados, sabe que en muchas empresas los beneficios netos suelen estar próximos al 5% de las ventas, con lo que ese IPC anual de -1,5% de enero 2015 anuncia un verdadero trastorno en la generación de capital. La competitividad española no se trabaja así y promover la devaluación interna fue otro error que además ha fomentado más delirio y radicalismo político, sobre todo de izquierdas.

Finalmente, a dos organismos internacionales, cementerios de elefantes para ex-jefazos del BdE, les ha dado por estudiar la deflación y están haciendo unos estudios bastante mediocres. Para cuando la entiendan ya no será un problema, empezaran a luchar contra ella y pondrán las cosas peor, que es lo que se les da bien y por lo que les pagamos millonadas. Lo suyo habría sido que, como todos los que nos hemos interesado por el tema, hubieran empezado en los 90’s con la crisis japonesa (que menudo desastre) y así no irían 25 años tarde, que he olvidado más del tema de lo que aprenderán en su vida. No son dignos ni de llevarle el candil a los lectores sensatos y preocupados de este blog.

La deflación, un fenómeno intermitente

Como mal me copia alguno. Así lo advertimos hace tiempo, es lo que experimentaremos y, cuando el IPC vuelva a ser positivo, volverán Draghi y Cía. a negarla; ustedes ni caso y céntrense en su competitividad. La crisis del 2008 dio el primer aviso deflacionario con ventas bajísimas (¿recuerdan que no sonaban los teléfonos?) y, con el necesario reaprovisionamiento, las empresas subieron precios (los políticos impuestos) como si volviera lo de antes, pero vino la recesión de la Euro zona en 2012-2013, que otros supieron evitar, y con ella la deflación en serio.

Uso de la capacidad productiva industrial

Es un parámetro que se utilizó mucho tras la Gran Depresión y al que hoy casi no presta atención. En los países más importantes de la UE hizo techo en 2008 o antes y desde entonces hace máximos decrecientes,todo un síntoma deflacionario; mucho me temo que la terapia de Draghi, que incluso la vende diciendo que aumentará la inversión, lo pondrá peor. No entendió la deflación hace año y medio y ahora tampoco.

Desempleo y Capacidad Industrial disponible

Suele decirse que la Segunda Guerra Mundial acabó con la deflación por el enorme gasto en defensa y reconstrucción. Cierto, pero también por la enorme destrucción de Oferta Agregada en términos de Capacidad Industrial y de Oferta Laboral; eso, afortunadamente, no ocurre hoy, que ISIS “solo” ha llegado a Libia, aunque en Tayikistán ya los esperan; aquí, hasta que no nos monten un ejército, seguirán entreteniéndonos con un lápiz. 

En la España actual, la terapia de represión fiscal ha sido tan dura durante seis años que tan pronto ha arrancado la economía se ha desatado el consumo, y justo en esas condiciones se ha presentado la deflación, siendo otro ejemplo, junto con el anterior, de lo potente que son las fuerzas deflacionarias, que en casos como el retail son de verdadera guerra, algo que sin duda, como siempre, va más allá de la causa tecnológica.  

Disponibilidad de recursos y deflación

En pura lógica, la abundancia y la mayor disponibilidad de un recurso hace que este se abarate produciendo deflación. ¿Ya, pero cuanto, mucho, poco, más que otros? En Economía, para medir la capacidad explicativa de una variable sobre otra de forma objetiva, evitando querencias ideológicas, pareceres, ideicas, manías, etc., suelen hacerse regresiones matemáticas, utilizándose el coeficiente de determinación, que hoy será el de Pearson, como medida objetiva de esa capacidad explicativa.

Si hacemos eso para las variables desempleo e inflación, obtendremos la llamada Curva de Philips - que usamos al analizar la propuesta de Alierta de reducir el paro al 8% - y veremos que, aunque da una baja correlación (R al cuadrado en la gráfica), aquí las variaciones del paro afectan más a la inflación (o deflación) que en la Euro zona (19 países) - la de Estados Unidos está en una situación intermedia – siendo nuestro problema deflacionario más grave; también hay un efecto por el lado de la demanda, que se ve con la función de consumo, dependiente de la renta disponible, lo que nos lleva de nuevo a los impuestos de la llamada casta.

Sin duda el peso del sector servicios influye, pero también nuestra legislación laboral o que por ejemplo, en Andalucía - que tras las elecciones ya ha perdido los próximos cuatro años - con su altísimo desempleo, cuando hay que recoger la aceituna haya que traer trabajadores del norte de África, con todo lo que ello implica; surge así la pregunta: ¿Conocido el percal allí, hay alguien beneficiándose del tráfico de personas o es “solo” un experimento político?

Si hacemos un ejercicio matemático similar con la capacidad industrial disponible, se invierten los papeles y la influencia de ella sobre la inflación es menor en España que en la UE19; lógico también, pues aquí nos dio, allá por los tiempos de Solchaga y Nicolás Redondo, por abandonar la Industria y optar por los Servicios, como si no estuvieran interrelacionados, haciendo nuestra economía más intensiva en mano de obra y por ello, hoy, más deflacionaria. Otros dos tíos con ideicas, que no cabe uno más; así, a más (o Mas) ideicas más paro, más déficit, más impuestos, más cierres empresariales, más paro, más ideicas, etc. Es el círculo vicioso delirante de la España actual y con las próximas elecciones irá a más.

Los efectos sobre el bienestar de esta locura los pueden ver en este enlace a las conclusiones (también predecibles) de un estudio del CSIC. Faltaría un análisis sectorial, parecido al que hicimos en su momento, para buscar oportunidades de crecimiento y soluciones, y comparaciones entre países del entorno, pero ya nos hemos extendido demasiado.

Hoy, de los tres factores de producción, tierra, trabajo y capital, solo hemos visto por encima dos, y uno, el capital, parcialmente (solo industrial), y hay otros elementos que afectan el equilibrio de precios, como las cargas fiscales, que vimos al tratar temas de distribución y de nuevo, anuncian malos tiempos para la Oferta Agregada. Siempre es así en la última fase de un Ciclo Largo, lo que ya no es justificable es que nos empeñemos en ponerlo peor. ¿O es que acaso estamos todos locos?


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