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Italia y España: ¿hermanas mellizas?

Suele ser un lugar común entre historiadores o entre analistas políticos y económicos hacer referencia a ambos países cuando tratan un mismo fenómeno, y lo cierto es que es tal la cantidad de semejanzas entre ambas penínsulas europeas y mediterráneas, que resulta de lo más instructivo y aleccionador hacer un estudio comparado, pero evitando siempre el pensamiento analógico. Es lo que haremos, aunque, lamentablemente, muchos temas no podremos tratarlos hoy en profundidad (nptp)

La ventaja de hacer este rápido recorrido con lectores españoles, parecido a como hicimos en La Odisea de Hispania, es que por su conocimiento de la historia les es fácil hacerse una composición de tiempo y lugar, pese a casi un siglo de adoctrinamiento perverso de nuestra historia, una manipulación que, con su espiral de silencio, ha venido a tener su éxtasis alucinado en el mesianismo vasco y catalán.

¿Hermanas mellizas?

Estas dos naciones vienen a coincidir casi con exactitud con sus respectivas provincias romanas con fuertes lazos entre sí (enlace a mapa) Una vez colapsado el Imperio Romano occidental solo queda como elemento integrador: la Iglesia Católica, que construyó un Orden europeo cuyas bases aún perduran. En Italia, Roma lidió al norte con los bárbaros y al sur con Bizancio, pero también con el Islam.

Dos diferencias

La primera a mencionar, de muchas capitales (pero nptp), es más del carácter nacional y viene de la Reconquista española, que aceleró nuestra reunificación dándonos una ventaja política. Nuestro repoblamiento, expulsiones y posteriores migraciones internas, de las que hablamos en las Eras de la España romana, y que solo hay que ver el origen etimológico de nombres (un ejemplo) y los apellidos más comunes (mapa de distribución), dio un carácter celta a los españoles; otra realidad que los nacionalistas, en su locura permitida, quieren destruir.

La segunda diferencia, más de tipo cultural, viene de que la Italia dividida se estabiliza antes y así aparecen las llamadas repúblicas marítimas italianas (otro tema que nptp), que les llevó a vivir antes un período de predominancia de la Cultura Marítima dándoles una ventaja cultural, que en el caso Italiano es secular. Se las llama repúblicas pero no eran democráticas, aunque tuvieran un sistema electoral y oligárquico de contrapoderes (enlace a caso de Venecia).

La Cultura Marítima (nptp), que como ocurriera a los griegos y luego a holandeses y británicos, lleva a formas cercanas a la democracia y permite el surgimiento del pensamiento objetivo, prerrequisito del pensamiento científico; no es de extrañar, pues ,que Italia fuera cuna del Renacimiento, que a su vez llevó a la Ilustración, el Liberalismo y la Democracia.

El Nacionalismo (otro tema que nptp), sea en su forma fascista o nazi, es, como el Comunismo, de Cultura Continental, está dominado por el pensamiento analógico, confunde Estado con Nación llevando a la corrupción desbocada, al pillaje y hasta el genocidio; se conforma políticamente vía  Oligarquías y Dictaduras, siendo una peste política a combatir, sea central o periférico.

El liderazgo italiano

Hacia el año mil las repúblicas marítimas italianas, con sus territorios metropolitanos, se convierten en verdaderas potencias comerciales, bancarias y culturales e inspiraron a los príncipes alemanes y a los caballeros teutónicos en su fomento de la liga hanseática. Ese liderazgo económico italiano duró casi quinientos años (años 1.000-1.500), pero su desunión y rivalidad fratricida, así como su sistema oligárquico, les impido adaptarse a los nuevos tiempos de lo que podríamos llamar La Primera Globalización, pasando a la insignificancia histórica y, lógicamente, a convertirse en títeres o posesiones de potencias extranjeras.

Gracias a Agnus Madison, un economista británico que dedicó buena parte de su vida al cálculo histórico del Producto Interior Bruto, hoy podemos comparar dos mil años de historia de la renta per cápita italiana respecto a otros países y objetivar el proceso comentado; en el caso de la siguiente gráfica lo hacemos comparándola con la de la nación más rica. 

Economía estacionaria

Tal vez el lector recuerde que en más de una ocasión hemos alertado del peligro de que España caiga en una Economía Estacionaria, pues bien, Italia, antes de su unificación, sufrió ese fenómeno nada menos que durante más de trescientos años; por supuesto que la Sociedad no se congeló y, como todas, pasó por distintos órdenes cívicos, pero lo cierto es que entre 1.500 y casi 1.820 la renta per cápita de sus habitantes se estable, como se muestra en la siguiente gráfica.

Un estancamiento similar solo ocurrió en España, que vimos y denominamos la Segunda Era Habsburgo, entre los años 1.600 a 1.700. El estancamiento italiano se rompe con el Ciclo Revolucionario de las naciones europeas del año 1.820 que impulsa sus cambios de Era y que en Italia inicia su Saeculum unionista.

La unificación italiana

¿Cómo es posible que un pequeño reino, como el de Piamonte-Cerdeña, de unos 4 millones de habitantes, consiguiera aglutinar y absorber otros, transformándose en otro de 28 millones en un plazo tan corto de tiempo, venciendo a un tiempo a Austria, al Papado y las traiciones francesas? Pues porque había un substrato y una conciencia nacional que, tras los fracasos de 1.848-49, encuentra en ese pequeño estado independiente su mejor catalizados, pero también por la habilidad de sus élites, del Piamonte y del resto de Italia.

Entre 1948 y 1870 (y nptp), con el apoyo principal británico y secundario americano, los liberales Victor Manuel II, su ministro Cavour, el ideólogo Mazzini con su movimiento Joven Italia y el héroe de dos mundos, el innovador militar Giuseppe Garibaldi, llevan a Italia del Risorgimento a la primera Unificación de 1.861 y a la final en 1870, cuando en alianza con Prusia contra Austria consiguen, finalmente, recuperar territorios y ciudades tan importantes como Milán y Venecia.  

Nuestros nacionalistas gustan de hacer analogías con el norte de Italia, por su mayor desarrollo industrial, pero no hay nada más falso. Primero, porque la potencia industrial donde realmente residía era en el Piamonte, y en mucho menor medida en Milán y valle del Po hasta Venecia (nptp); y segundo, porque el desarrollo industrial del norte fue de origen endógeno y no inducido por el gobierno central con el apoyo entusiasta de toda España, como lo fue el catalán o vasco (como vimos en La Eras de Hispania), en una apuesta secular que su casta desagradece llamándonos ladrones o, en complicidad criminal, sacudiendo el árbol para recoger los frutos.

Otro aspecto de interés es el lingüístico. De las más de treinta lenguas que se hablaban en Italia (aquí un nacionalista entraría en éxtasis imaginando multitud de naciones y países florentinos), casi treinta son romances y de ellas se eligió el florentino por considerarlo el más culto, que al perfeccionarse en el Italiano actual, fue desplazado por su similitud lingüística, dejando de existir como el Castellano; peligro que corren el Valenciano y lenguas baleares por el nacionalismo catalán y no por el Español. Nptp.

En cuanto a la forma de Estado, optaron por una Monarquía centralizada, aunque, como los alemanes, al unificar estados y territorios separados, pudieron optar por la federación, lo que ocurre (atención ocurrentes socialistas) es que la forma federal de la Monarquía es el Imperio y, en el caso de Italia, entonces aquello sonaba a esperpento. El caso español de autonomías es sui generis y será benéfico cuando superemos nuestra Era Mesiánica.

La Era o Saeculum de Unificación italiana termina mal por su nacionalismo y su imperio de corte fascista; sin embargo, en su recorrido, consiguió, como su melliza, una importante mejora (nptp) económica dentro de la gran restricción que ambas padecen: la carencia de fuentes primarias de energía necesarias en la industrialización. Esa evolución la pueden ver en la siguiente gráfica de renta per cápita.

Dejamos para la semana que viene el Ciclo Largo actual de Italia, que ya termina y que a su fin corren el riesgo, como nosotros, de entrar en una economía estacionaria; ese artículo, no por casualidad, lo titularemos The Italian Job.


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