Macro Matters

Hungría y su forinto

Hoy veremos el caso húngaro porque, aunque es una economía pequeña cada vez más lejos de lo que un día fue, ha realizado una serie de reformas políticas, similares a las que algunos quieren imponer en España, cuyo resultado ha sido un reforzamiento de su casta política y del radicalismo, algo que solo puede ahondar los graves problemas estructurales que padecen.

Los otros europeos

                Los húngaros han sido una fuente constante de inestabilidad para Europa desde que, allá por el siglo IX, un grupo de tribus de los Urales marchó en dirección al este en una carrera de conquista que terminó situándoles en Centroeuropa, tras intentar el saqueo incluso en las pobrísimas tierras de lo que sería el reino de Aragón. Unen además la particularidad de ser, junto con fineses y estonios, unos europeos cuyo idioma no pertenece a la familia indoeuropea. Al estudiarles siempre hay que considerar una constante secular: alienados por el nacionalismo creen que tienen un derecho divino a la ley del embudo (un ejemplo reciente), un factor que incluso los mejores analistas olvidan.

                 No tienen fácil encaje los húngaros, que a pesar de habernos dado personajes ilustres, con sus trece premios Nobel - sería como si España tuviera 52 en vez de 8 (o 7½) –, padecen de siempre, como el resto de los europeos,tendencia a formar castas endogámicas, corruptas y miopes, a tal punto, que hasta que los turcos acamparon sus reales en Buda no entendieron la necesidad de una unión equilibrada, y aún así les costó. También es cierto que habría que matizar sobre dichos premios Nobel, que cuando se analiza sus biografías, son más bien austrohúngaros, pero cualquiera razona con un nacionalista.

 Una vez formado el Imperio austrohúngaro, ya entrado el XIX, impulsaron su nacionalismo y la magiarización para a-normalizar lo normal; lógicamente, luego pasaron a la Gran Hungría que, junto con la imposición del comunismo, les ha dejado unas lindes económicas y territoriales del tamaño reducido de sus ideas miopes. Como ocurre con el Quebec, nuestros nacionalistas tienden a copiarles y a hacer las típicas analogías tramposas que no soportan ni el menor escrutinio demográfico, por solo citar un criterio.

Populismo y corrupción

                La corrupción les viene (ver siguiente tabla), en parte, de haber optado por un sistema de consenso parlamentario (unicameral), de la no división de poderes y de su sistema electoral, que es tan complicado como su idioma y es un hibrido, con matices, del anglosajón (106 escaños), el proporcional de listas de partido (93 escaños), como el nuestro y el de la UE, que luego compensa los votos “perdidos”; lo suyo habría sido optar por el sistema australiano, pero se han puesto a innovar a la húngara.

Su sistema electoral, que lo han retocado al reducir los escaños a 199, es para expertos y deberían auditarse la configuración de distritos, pues con 44,5% de los votos, el gobierno actual (alianza centro-derecha) tiene el 68,3% de los escaños, seguidos de una coalición socialdemócrata, con 26% de los votos y 19,1% de los escaños y de los nacionalistas radicales, con un 20,5% de los votos y 11,6% de los escaños.      

El populismo nacionalista húngaro tiene efervescencia de muchas formas y para muestra está la manipulación de los precios regulados de las utilities (gas, electricidad, agua, etc.) A las oligarquías de partidos y sindicatos estatales, de Venezuela a España,  les encanta controlar un grifo y en Hungría no se quedan atrás; cómo será, que incluso la UE les tiene enfilados; ya veremos qué ocurre cuando empiecen los apagones. Desde ese populismo se ha modificado la constitución reforzando el sistema oligárquico, también criticado por la hipócrita UE.

Asociaciones necesarias

                En los últimos cinco siglos han tenido que afrontar la realidad de su necesidad de asociación y, si fueran objetivos, verían que su camino hacia la nada empezó cuando trabajaron activamente por cargarse el Imperio austrohúngaro. En todo caso, tras padecer un comunismo impuesto, que rechazaron en elecciones (heroicos levantamientos, etc.) y que les impuso una potente industrialización dentro de los planes soviéticos, realizaron una correcta transición al capitalismo (privatizaciones, etc.) con grandes sacrificios, y, aunque llegó inversión extranjera, la caída en las compras de sus socios orientales les ha producido serios problemas de financiamiento externo.

Este enfermo, ignorado en los medios por sus reducidas dimensiones, ha terminado con un sistema político oligárquico muy al gusto del complejo político-industrial alemán, que ha localizado allí empresas como Audi y Mercedes, algo que ha aliviado su déficit comercial exterior. Simultáneamente, el gobierno ha llevado una política de gasto e inversiones (caso) tendente a mejorar la integración territorial (muy al gusto de Alemania), algo que les ha llevado a unos elevados niveles de deuda y peso del sector público próximos a los de Francia, ese enfermo que algunos recién descubren.  

La crisis del 2008 puso a prueba esa apuesta y tuvieron que firmar un acuerdo con el FMI y la UE para una asistencia crediticia, con fuertes imposiciones, llevando al gobierno incluso a nacionalizar los fondos de pensiones.

Devaluación “competitiva”

El forinto es la denominación dada a la moneda húngara, una moneda que tiene sus raíces en unas acuñaciones hechas allá por el siglo XIII en Florencia pasando por el florín austrohúngaro. La previsión general de su cotización - dicho como siempre con la prevención legal correspondiente - es sencilla, solo hay que responder a la siguiente pregunta: ¿Qué se puede esperar de un gobierno populista que quiere manipular al banco central de un país con una seria crisis demográfica, sobre endeudado y con su capacidad fiscal agotada?

La respuesta es clara: intentar devaluaciones “competitivas”, una forma de deteriorar los términos de intercambio empobreciendo al país para encarecer las importaciones y abaratar las exportaciones, de forma que el sector exterior genere crecimiento y una expansión monetaria interna, inflando el PIB para aumentar la recaudación y reducir el peso de la deuda en moneda local mediante ese impuesto regresivo que es la inflación. Como no creo que posteriormente la casta húngara cambie su gestión, entiendo que se repetirá el engaño.

Esta estrategia ya la prevé el mercado desde el 2008, por ello la cotización del forinto está haciendo una formación triangular y se ha ido acumulando energía en el entorno de los 300 forintos por euro, indicando una futura ruptura que lo llevaría por encima de los 320 forintos.    

Instituciones y gestión pública

En Hungría, como en nuestro país, mientras no exista representación de los electores y división de poderes, no habrá cambio de rumbo. Pensar que una grupito reducido va a encontrar soluciones a problemas tan complejos como los que padecemos y que mangoneando, sin transparencia, ni escrutinio y contrapesos públicos, se va a hacer la gestión que necesitamos y obtener el apoyo de la población a las duras mediadas necesarias es, como mínimo, ilusorio.

En 1910, Hungría tenía un estatus global incomparablemente superior al actual, entonces su renta per cápita (Agnus Madison) era un 61% de la austríaca, hoy, tras una serie de errores muy húngaros y muy europeos, no llega al 48%. Salvando las distancias por el tamaño del PIB, allí, como podría ocurrir aquí, por su sistema político, lo esperable es una cadena de restricciones, populismo, crisis económicas recurrentes y crecientes con muy mal desenlace. 


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