Macro Matters

Hollande y 4.365 Merkels

Las recientes negociaciones de la UE respecto a su presupuesto han abierto la interrogante de si por fin sus malas formas de gestión, su nula representatividad, escaso control, opacidad y corrupción (ejemplo), tiene arreglo o no. Súmenle luego una periferia europea hundida en una seria crisis fiscal estructural, la amenaza de una escisión del Reino Unido, los escandalosos sueldos de su burocracia y tendrán que la situación de la Unión es hoy más grave que nunca. 

Ante esa situación, los gobiernos y ciudadanos de la periferia siguen buscando en la UE la solución a sus problemas y algunos, tal vez demasiados, miran a Hollande como alternativa a la filosofía alemana y nórdica de "hacer más con menos" (¿hay algo mejor?) Pero esa búsqueda es en vano, ya que la obertura francesa carece de fundamento económico sólido como lo demuestra la situación económica de ese país.

Grandeur y Estado patriarcal

En lo más profundo en la mente de los franceses sigue presente esa idea de un Estado Providencia que dirige y orienta sus destinos personales, con una visión del mundo, un mundo liderado por Francia, naturellement. En la búsqueda de ese objetivo, Francia ha pasado los últimos 30 años endeudándose (línea negra, siguiente gráfica) de forma creciente en relación a su PIB, un camino que, salvo corrección, les conducirá a una crisis de deuda soberana.

Este modelo francés de la gestión pública es claramente insostenible y si se le compara con el de las muy competitivas Suecia o Alemania, cuyo gasto público fue superior al 50% del PIB, puede verse que va con casi 15 años de retraso en la puesta al día.

En cuanto a la previsión del FMI (esa otra bestia burocrática) para Francia mostrada en la gráfica, no se fíen, pues como en los casos que vimos de Brasil, de México o Turquía, entre otros, es demasiado optimista y parece que con la entrada de la mujer de negro, Madame Christine Lagarde, el FMI ha agravado su enfermedad al infectarse con esa tendencia francesa a evitar la realidad de las cosas. ¿O acaso están haciendo política de la mala con las estadísticas?

El Hollande volador

Los votantes franceses han querido perpetuar su fantasía de Estado Patriarcal con la elección de Hollande, un hombre que haría que Francia y la UE capitularan por sus límites fiscales. Su idea de aumentar la tasa impositiva marginal del 75% ha hecho que incluso Sarkozy se plantee mudarse a Londres y que los capitales vuelen para evitar semejante locura fiscal.

Hollande, como muchos keynesianos volados, confunde austeridad con recortes indiscriminados y es ciertamente alarmante que este error, con el que ganó las elecciones, siga presente en su discurso. Con una deuda pública bruta entorno al 90% del PIB, Francia ha cruzado la línea roja en la que el endeudamiento significa un menor crecimiento, como Carmen M. Reinhardt y Kenneth S. Rogoff demostraron hace mucho tiempo; por otro lado, su rutina bonista, que criticamos en su momento, ha empeorado su situación de financiación.

A la búsqueda del crecimiento con un modelo fallido

Monsieur Hollande quiere crecimiento (ya, y todos) para crear puestos de trabajo, para tener una vida mejor, para salvar el Estado del bienestar y lograr el necesario desapalancamiento, público y privado, pero sobre todo para poder financiar sus ideitas. Sin embargo, en el caso particular de Francia (y de la UE), el cambio de modelo es urgente y será inevitable.

La decisión de Hollande de dar marcha atrás a las medidas que iniciaban un tímido cambio, en el que los ciudadanos deben asumir una responsabilidad plena sobre su futuro, son simplemente una locura. No hay duda de que el modelo francés ha fallado: mientras la población nativa envejece y los trabajadores están desesperados por mantener sus puestos de trabajo surgiendo una epidemia de suicidios, la violencia se dispara con miles de coches quemados por año (la cantidad exacta es objeto de censura) y su pretendida integración étnica ya está cerca de ser un mito a punto de engendrar más violencia.

¿Una potencia en crisis con un líder en la fuga disociativa?

Francia está hoy bien anclada en el comercio mundial con empresas líderes en casi todos los sectores globales importantes, pero su posición global y sus compromisos estratégicos en el mundo están en riesgo debido a su modelo disfuncional y a la mala gestión económica de la UE y de la unión monetaria, una mala gestión que, para colmo, Hollande quiere reforzar.

En un entorno muy difícil, donde las empresas europeas se centran en la exportación y con muchas firmas francesas posicionadas entre las alemanas y las italianas y españolas, las sociedades francesas han hecho un gran trabajo revirtiendo la tendencia del desequilibrio comercial francés, como muestra la línea roja del déficit por cuenta vorriente de la gráfica anterior. Además, el Estado francés estaba reduciendo su déficit público (línea morada) sin dañar el crecimiento hasta que Hollande, en su fuga a lo imposible, ha puesto esos logros en peligro.

4.365 Merkels y una UE insostenible

La idea francesa de crear un superestado europeo (controlado por Francia, claro) para rivalizar con EE.UU y China se enfrenta a la realidad de su falta de músculo financiero y la incapacidad de Bruselas para defender los intereses de los miembros de la UE, como en el caso de la piratería china que tanto perjudica a Italia y la misma Francia, al tiempo que une despilfarro, falta de representatividad y control democrático.

Mientras en España estamos ahogados por la crisis y nos apartan de la realidad con movimientos independentistas para tapar corrupción y la ruina de una autonomía, entre otras maniobras, en Alemania el diario Die Welt informaba que la UE tiene 4.365 funcionarios que ganan más que Ángela Merkel, 1.760 más que el presidente federal alemán u 8.752 más que un ministro federal germano, siendo además la representación proporcional alemana muy inferior a la que le correspondería por su población. Cui prodest?

En su momento comparamos la Marina estadounidense con la deuda generada por Zapatero y hoy podría hacerse un ejercicio equivalente con Rajoy, que solo lleva catorce meses, ¿pero, mutatis mutandis, se imaginan ustedes 8.752 ministros alemanes (plagiarios aparte) trabajando por los intereses de los países miembros de la UE?

Eso último es la raíz del problema: la elite de la UE trabaja por sus propios intereses y el resto somos meros medios de sus fines. Se entiende pues, que británicos (que trataremos la semana que viene), junto con alemanes, holandeses, suecos y fineses metieran la tijera, aunque, lamentablemente, no entraron a ordenar su despilfarro burocrático.  

Ante ese panorama negociador más que previsible, en lugar de ofrecer una solución creíble que combine crecimiento, austeridad fiscal y eficacia en la UE, Hollande fue con más de lo mismo, tal vez esperando, cual Zapatero, que Merkel pierda sus próximas elecciones del 22 de septiembre y triunfe una Unión a la francesa (más impuestos y más gastos), con su insostenible trayectoria de estancamiento, impuestos confiscatorios, endeudamiento excesivo y crisis de deuda soberana en el horizonte. ¿Es Hollande el mayor problema de UE?


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