Macro Matters

Gobierno y Reforma (y II)

La semana pasada exploramos La Reforma Protestante con la intención de entender la racionalidad de los países del norte, en esta Europa que parece dividida entre dos formas de gestión pública y privada. Entonces vimos que aquel fenómeno creo la masa crítica suficiente como para producir un cambio cultural que, principalmente a través de la educación, forjó el carácter de aquellos pueblos; hoy terminaremos ese viaje.

“Cielo y Tierra pasarán…

… pero mis palabras no pasarán”.Esa es la cita bíblica que pensé cuando requirieron mi opinión sobre la última encíclica del Papa y, aunque ambas tienen mucho que ver con el tema de hoy, no iremos por ahí pues se haría interminable esta exploración en la que a cada paso se abren innumerables caminos; de hecho, bien podía el Papa haber empezado con ella su carta pastoral sobre el gobierno de la Creación tras su caída.

Los jesuitas fueron uno de los arietes católicos en el conflicto con el Protestantismo, cuyas primeras élites, a su vez, salieron de universidades católicas

En todo caso, lo cierto es que desde la caída del Imperio Romano Occidental, en que se pidió a la Iglesia Católica que estableciera un orden y unas formas de gobierno que acabaran con el barbarismo, hasta el día de hoy, en que Su Santidad casi parece el párroco de esta Aldea Global, su separación de los asuntos temporales, una bendición según Ratzinger, ya es casi total; tema aparte es la Auctoritas Papal, pues estas encíclicas suelen “pasar” con bastante rapidez.

En la presentación de ella en España destacó la defensa que Julio Martínez, jesuita como el Papa, hizo de la misma. El rector de Comillas, aparte de entender el papel de la banca, tiene una de las cabezas mejor estructuradas de nuestro país y solo por eso vale la pena ver su intervención. Martínez es casi un ejemplo paradigmático de formación de élites por la Iglesia Católica, otra cosa es lo que hacen con esa formación que les dan (o damos)

Como recordaran, los jesuitas fueron uno de los arietes católicos en el conflicto con el Protestantismo, cuyas primeras élites, a su vez, salieron de universidades católicas. Producida la crisis, surge una competencia global donde la educación será clave, y así, por ejemplo, los españoles continúan la creación de universidades en las Américas, tal como hicieron en la Reconquista, mientras que los protestantes hicieron lo propio en sus territorios y muchas universidades americanas, como Harvard, que fueron creadas por sus clérigos, hacen que la impronta global de la Angloesfera sea determinante. En cuanto a los ortodoxos, su tradición es otra y, lógicamente, también afectó a esa otra brecha cultural en el Cristianismo europeo.

La excepcionalidad de la Angloesfera

Más allá de la parte espuria de la ruptura inglesa con Roma, Inglaterra fue el primer reino protestante de cierta entidad, creando, como otros, su iglesia nacional. En su expansión global, con su afición a “coleccionar” material histórico, terminó, quizás, confeccionado el mayor depósito de documentos bíblicos del mundo en cantidad y calidad (un ejemplo), y todo para tener la mejor versión de la palabra de Dios. Ese afán por el texto sagrado llega hasta hoy y, con la Sociedad de la Información, se convierte a Estados Unidos y sus universidades en el sumun de la comprensión bíblica.

En Inglaterra surge además el Puritanismo, con su concepción del gobierno, el alzamiento de Cromwell, la posterior derrota de sus partidarios y su fuerza en América, donde crean otra “masa crítica” que influye en toda la Angloesfera

En Inglaterra surge además el Puritanismo, con su concepción del gobierno, el alzamiento de Cromwell, la posterior derrota de sus partidarios y su fuerza en América, donde crean otra “masa crítica” que influye en toda la Angloesfera. En nuestra sociedad secularizada suena chocante pero, háganse la composición de lugar y respóndase a la pregunta: ¿Cuál sería la mejor forma de gobierno para una comunidad de creyentes que toma literalmente el texto bíblico que dice que Satán engaña a las naciones? ¿Cómo minimizarían eso, “dándole una oportunidad a uno que parece buen chico”? Seguro que no. Raro, pero probablemente les ayudó, entre otras cosas, a evitar lo siguiente:

El mesianismo político

Uno puede entender que un político, de los muchos que no “rigen” bien, piense que gobierna un pueblo elegido, en un territorio sagrado, que él mismo se crea elegido por Dios o Dios mismo y que, de su “gran” gobierno (léase “casta”), surgirá una sociedad perfecta, de bienestar; lo que es más duro de aceptar es que sean las gentes quienes crean eso y, sin embargo, del Japón imperial a los aztecas, los episodios son recurrentes, como si de un fuerte e inexorable arquetipo – generalmente mal resuelto - se tratara.

En nuestros días ese mesianismo político se ha manifestado en forma de nacionalismo, fascismo, comunismo y nazismo, con sus líderes intentando todo tipo de trucos que parecieran salidos de un grimorio político inspirado en la magia de Giordano Bruno, manipulando lo sagrado y embobando a la gente. Como ejemplo de ese timo político tenemos a Fidel Castro entrando en la Habana, mientras es llevado por el río de una muchedumbre y uno de sus cómplices le arroja unas palomas, consiguiendo que una de ellas se pose sobre él, como el Espíritu Santo sobre Jesús en el Jordán. Chávez no tenía paloma sino un loro (todo un signo de sus ideas políticas, véanlo), pero se lo compensan con un ”Chávez nuestro que estás en los cielos” y su aparición en forma de pájaro a Maduro. Cada pueblo tiene su engaño, sea Moisés Más y “su” invento o asaltadores del Cielo entrenados en el chavismo, o antes, yendo bajo palio como si fuera el Santísimo, y siempre un Estado clientelar represivo y una televisión “publica” mintiendo sistemáticamente. El peor, Adolf Hitler, de quien Goebels dudaba si sería “Juan Bautista” o el führer para traer el reich de los mil años.

Milenarismo y ruina sistémica

Para el profesor de la London School of EconomicsJohn Gray, que es tributario de Norman Cohn, la raíz de los totalitarismos está en el milenarismo como inspiración del utopismo y, en su buen análisis, como suele ocurrir, deja cierta impresión de que la culpa de los totalitarismos la tiene el Cristianismo y no quienes lo interpretan y manipulan; por otro lado, su enfoque patina en culturas no cristianas o la actual Corea del Norte pero, aún así, tiene buena parte de razón.

Cuando se intenta dar soluciones para evitar el colapso económico, uno no puede dejar de preguntarse si tratar de crear masa crítica no deja de ser una forma de quijotismo

Verán, hay dos interpretaciones del Milenio: la literal, con Jesucristo gobernando a judíos y gentiles personalmente, tras falsos mesías y el final de la Era de los Gentiles, fuera de la Historia por así decirlo, con un reino que “no es de este Mundo” en que incluso cambiará el clima de la Tierra; según esa lectura literal, el mesianismo político de inspiración cristiana no es posible, obviamente. Luego hay otra, la alegórica, la agustiniana, adoptada por las iglesias Católica, Ortodoxa y Luterana, en la que el Milenio es una forma de gobierno donde Cristo reina en el corazón de los hombres, haciendo posible un “paraíso” cristiano en cualquier momento, y esa es visión, especie de Cielo en la Tierra, la que ha quedado en el sustrato cultural de muchos de nuestros pueblos; tema aparte sería una democracia cristiana.

En la superación de ese error, Alemania, con su cultura luterana y las arengas antisemitas de Lutero, tuvo que purgar su mesianismo político con la derrota y los terribles crímenes del nazismo, mientras que en los ortodoxos la catarsis vino con el colapso económico del comunismo, siendo tal vez su último reducto la Grecia de Syriza, con su destrozo económico. Quedamos pues los países de cultura católica que, pudiendo ir bien con solo atenernos a la realidad de la cosas, seguimos erre que erre haciendo trampas a la Política y la Economía.

Así las cosas, cuando uno intenta dar soluciones para evitar el colapso económico, no puede dejar de preguntarse si tratar de crear masa crítica no deja de ser una forma de quijotismo. ¿Ustedes que creen: que conseguiremos evitar el colapso o que, por el contrario, dados nuestros egoísmos y fantasías políticas, somos incapaces de purgar nuestro mesianismo político civilizadamente?

Foto de cabecera: Fidel Castro hablando en La Habana en 1978, de Marcelo Montecino


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