Macro Matters

Euforia española

Si atendemos a la definición etimológica de euforia como la “fuerza para soportar”, no cabe duda de que los españoles somos un pueblo “eufórico” de siempre, e igualmente con la otra acepción: “estado de ánimo propenso al optimismo”; más complicado es lo relativo a la siguiente: “sensación de bienestar debida a una salud perfecta o de la administración de medicamentos o drogas”, salvo que incluyamos la manipulación del cartel público-privado de las televisiones, porque salud propiamente no hay. En cualquier caso, como parece que hay algo de todo esto en nuestra economía, exploraremos este tema a ver que sale.

Expectativas económicas del consumidor español

La fuerza del consumo español está sorprendiendo a propios y extraños y dicha sorpresa viene seguramente de la pobreza y continua manipulación de nuestro debate económico que, si no fuera por sus consecuencias al haber infectado a los gestores económicos, sería de risa; de hecho, a poco que se atienda a los desarrollos de la Teoría de las Expectativas y sus aplicaciones demoscópicas se entendería bastante bien lo que está ocurriendo.

Lógicamente, el consumo de los individuos depende de sus expectativas económicas y, cuando se les pregunta sobre ese particular (línea roja, gráfica anterior), están eufóricos, pues al parecer ven un futuro “luminoso”, algo que matizaremos. Esa es la realidad y no tienen nada que ver con una conspiración política de la OCDE, que una cosa es la “euforia” y otra que los españoles seamos tontos y solo hay que ver las confluencias de la Castellana o la Diagonal, por citar dos, en fechas comerciales punta.

Luego siempre hay cenizos interesados, normalmente por estar en la oposición política, que, en su incompetencia y/o malicia, si pudieran, se cargarían las mejoras económicas. Hay también otros que, por mala fortuna o incapacidad, no llegan a aprovechar esa mejora dado el destrozo sistémico que “hemos” hecho. Aparece así el discurso de que todo es mentira, los datos están manipulados y se insulta y difama a los economistas y la Economía, como un obseso que nos visita, que viene a hacer su terapia de desahogo cargando contra quien esto escribe. Podría utilizarse esa energía de forma constructiva, pero no; en fin, cosas de Hispania.

Confianza que no falte

Algo parecido ocurre con la confianza del consumidor, que parece que va camino de máximos históricos. Ahora bien, por favor, no trasladen directamente un sentimiento de consumidor de un momento dado para, desde otro anterior, extrapolar niveles de PIB, ventas, empleo, renta per cápita o recaudación, no, que no va así, ni en esta gráfica ni en la anterior, que todos sabemos que el consumidor está peor que en el año 2000, por ejemplo. 

Lo que hay que entender en estos datos es que hablamos de consumidores que, como hemos comentado en varias ocasiones, viene de un inhumado atornillamiento  fiscal, eléctrico, sanitario, etc. y, cuando un jubilado o un trabajador promedio, sobre todo del sector privado, ve que su empresa mejora, que su hijo o familiar encuentra trabajo (unos 500.000 en 2014), o que el que emigró (solución de la llamada “casta” a la crisis) ya está medio colocado y no hay que mandarle tanto dinero o incluso le envía algo, y que su presupuesto tienen cierto respiro, es normal que tenga un subidón; los que hemos pasado por esto lo entendemos perfectamente.   

Tema distinto es que esté mejor a largo plazo, que ya les digo que no, porque no se ha querido hacer el cambio estructural que necesitamos y, si fuéramos conscientes del daño histórico que se ha hecho y tuviéramos un gobierno representativo, al gobernador del Banco de España, por nombrar un responsable principal de dicho error histórico, se le habría dado una solución muy expeditiva.

Bases de la euforia

Además, el hecho de que los datos de sentimiento del consumidor no se puedan usar para extrapolar el crecimiento económico, no significa que esos mismos consumidores no sean capaces de prever su futuro, ya que como trabajadores son actores principales del proceso económico y lo siguen de primera mano en todas sus etapas.

Un indicador de ese ritmo económico futuro es el llamado Indicador Adelantado, queestá disparado (siguiente gráfica); ritmo que también “sienten” los consumidores. Súmenle que el crédito va a un ritmo alto (otra cosa es que eso sea bueno) y tendrán más combustible para nuestra euforia; tema aparte es el largo plazo, que podría no haber habido contradicciones con el disfrute del momento actual pero se ha actuado mal.

Un indicador más ajustado

Esa previsión de crecimiento anterior, conviene contrastarla con la de otros agentes, también muy castigados por la crisis, que ven la coyuntura desde una atalaya mejor y que, además, tienen los números exactos, que son los empresarios. Lo que nos dice este colectivo es que la situación es buena, no están tan eufóricos como los consumidores y, los que han quedado de la quema de la crisis, van con muy buen ánimo, solo adelantados a nivel europeo por los alemanes, ejemplo de éxito industrial global y cuya cartera de pedidos va a buen ritmo tras los saltos cíclicos de la recuperación.

Esos empresarios que ahora trabajan con optimismo, de cara a futuro parece que lo  estarán más, ya que sus previsiones sobre la tendencia futura de sus negocios son incluso mejores que las de 2014. Tenemos aquí otro claro indicador de la etapa expansiva de nuestra economía y que, en principio, debería darnos un horizonte de al menos un año de crecimiento similar al actual, siempre y cuando nuestros políticos no lo dañen y el enfriamiento americano, comentado la semana pasada, no se torne en recesión.

Los sectores de la gráfica anterior los analizamos en detalle al ver la recuperación de cada uno de ellos y poco más hemos de decir en este momento, solo mencionar que experimentan la expansión típica posterior a una debacle labrada a pulso y que la construcción, donde persiste la sobreoferta (hay gente muy tozuda), hace un suelo temporal (expansión propiamente no habrá, ver siguiente gráfica) gracias a la obra pública por el año electoral y a contados empresarios que han seguido una recomendación hecha aquí: aprovechar para comprar suelo barato y construir calidad adaptada (esta vez sí) a las necesidades del comprador.

¿Durará la euforia?

Según que acepción se use siempre habrá, pero en cuanto al empuje del consumo que experimentamos, en buena parte para satisfacer necesidades largamente atrasadas, la clave está en el propio acelerador del mismo: el empleo. Lo que nos dicen los empresarios es que seguirán contratando al mismo ritmo, con lo que este proceso podría seguir otro año; no así en la construcción, salvo que se vuelva a engañar a todo el país, claro.

El talón de Aquiles está, salvo recesión americana u otra sorpresa, en el sector exterior y por cuánto tiempo nos seguirán financiando la acumulación de deuda pública; esto será un problema serio a largo plazo por razones demográficas, pero no en los próximos 18 meses. Luego está el riesgo político de que se aborte esta expansión como hacen los griegos con su recuperación, que menudos piraos; no lo creo probable, pues en cuanto los españoles conocieron lo que había detrás de sus homólogos locales han ido retirándoles su apoyo, o eso parece.

Cosa distinta es a más largo plazo, 2016 y siguientes, pues frente a la capacidad de sacrificio, imaginación, emprendimiento, sensatez y responsabilidad de empresas y consumidores, están los políticos y su red clientelar, esos vividores que nos imponen un sistema electoral por el que nunca se legislará o gobernará según los intereses de los españoles, con lo que el futuro, con suerte, será mediocre, un lujo que no podemos permitirnos. Espero que nos queden fuerzas para arreglar eso; de momento, aprovechen la “bonanza” mientras dure y disfrútenla, que además es muy saludable.


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