Macro Matters

Estructura exportadora y marca España

Hablar de marca refiriéndose a un país es sin duda una simplificación perversa que ha venido a imponérsenos desde la política. Con mucha comprensión podría aceptarse que se acuda a nuestro mayor valor para intentar salir de la crisis, pero lo que es intolerable ha sido la reacción nacionalista que busca destruirla atacándola, dentro y fuera de España, para desviar la atención de las victimas de su desastrosa política; lo peor es que no terminarían ahí, pues  dada su trayectoria judicial no quiero ni pensar lo que harían a las empresas si no tuvieran límites.

En contraste con la ignominia de estos personajes está un verdadero ejército de empresarios, directivos y trabajadores que, lastrados fiscalmente y acosados por delincuentes de la política (dentro y fuera), consiguen luchar en los mercados internacionales colocando sus productos en unas condiciones muy difíciles. Son éstos a los que debemos apoyar, pues al tiempo que se defienden de la casta política, compiten, crean empleo, generan ingresos fiscales y mantienen al país en contacto con la realidad global, que ya es muchísimo; pero no solo por eso ha de apoyárseles, es que además son ellos los que “emiten” euros de forma endógena en una economía que va asfixiada por falta de liquidez. Pensando en ellos escribimos este artículo esperando que les sea de utilidad.

Estructura exportadora

Como pueden ver en la siguiente gráfica la exportación española es mayoritariamente de bienes intermedios (línea marrón), es decir, de aquellos que se utilizan para producir otros bienes; esta tendencia se ha acentuado en los últimos diez años pasando de casi el 50% al 60% de las exportaciones.

spanish Export Estructure

Lógicamente, el resto de exportaciones ha perdido participación, pero es que la de bienes de consumo final (línea roja) se ha desplomado perdiendo casi 10 puntos desde el 2000. ¿Esto es bueno o malo? Es malo en el sentido de que, a fuerza de fantasear y mirarnos el ombligo, hemos dejado de construir marcas para el consumidor o usuario final, aunque seamos fuertes en nuestras relaciones con los clientes industriales; un caso paradigmático de este error es la exportación de aceite de oliva sin marca para terceros.

Los productos de consumo intermedio, incluyen insumos químicos, hilados, telas, papel y cartón, de cantería, metalurgia, componentes eléctricos, etc. Desde el punto de vista de nuestras necesidades de liquidez da igual que se exporte, pero desde el punto de vista de la solidez del negocio exterior, de la generación de valor agregado, no y sin duda sería preferible el liderazgo de los bienes de consumo final y de bienes de capital (línea gris); este último además tiene un componente tecnológico de interés si le acompañara la educación superior y el I+D, pero ahí topamos con políticos catetos.  

Es cierto que tenemos un problema empresarial en el diseño de los modelos de negocio que falla en conectar con el consumidor final, algo cuyo origen primero suele ser cultural, que va más allá de la imagen percibida y que, por supuesto, conlleva problemas directivos en todas las áreas gerenciales, en tecnología y know how. Ese problema, que además tiene un componente cultural, tiene su forma de atacarlo, pero desborda al tema de hoy.

Evolución de las exportaciones

El crecimiento de nuestras exportaciones totales no es nuevo (línea negra, siguiente gráfica), aunque algunos se nos hayan sumado a última hora y hacer analogías (manía con las analogías) con la Alemania del 2004 no es potable, por decirlo suavemente, ya que, más allá de diferencias abismales entre ambos países, las exportaciones totales españolas vienen haciendo récords históricos desde hace mucho tiempo, con una suave tendencia exponencial casi secular.

Esa tendencia casi exponencial se ha perdido, algo lógico, y miren que lo advertimos, pues al no reconvertir el modelo de negocio del sector bancario, orientándolo más a la exportación, por la mala reforma financiera de este gobierno que continuó la del anterior, las empresas van justas de financiación y los nuevos proyectos se quedan en el cajón. Es cierto que hay una ventana de oportunidad con la actual recuperación europea, pero su aprovechamiento será mediocre por esa misma causa.

Nuestra exportaciones tienen varias fronteras de producción y la de la pésima reforma financiera es solo la primera, luego vendrá la de nuestra mala educación superior y después la del resto del sistema educativo, posteriormente la emersión de competidores y, finalmente, la del crecimiento mundial. Así, mientras el resto del mundo vive transformaciones apasionantes, aquí estamos y seguimos con Uropa, inventos soberanistas (cría cuervos), calentones bursátiles de activos viejos con poca inversión nueva y recuperaciones prometidas, porque somos la Alemania de 2004 y tal. Por favor, seamos serios.

La situación de las exportaciones de bienes de consumo final (línea roja) y las de capital (línea gris) es preocupante, pues parecieran haber hecho tope en el valor nominal del 2008 los primeros y en el de 2005 los segundos, con lo que descontando la inflación estaríamos por debajo de esos años y eso no es problema de la 'marca' España, ni nada parecido, si no de un país sometido a una distracción política, que va camino del paroxismo y que no puede estar a lo que debe, a su transformación interna y, como vimos, a construir marcas, patentes y diseños industriales, redes de comercialización y a mejorar su relación global de intercambio, en vez de perder el tiempo y arruinarse con inventos políticos suicidas.

Nuestros términos de intercambio

Una forma de ver nuestra posición comercial internacional, y este es un buen momento para hacerlo pues estamos cerca del equilibrio en intercambios, aunque sea forzado por el subconsumo del empobrecimiento interno, es observando lo que los economistas llamamos “términos de intercambio”, que es comparar nuestros precios con los de los competidores; al estar en una economía abierta, una forma rápida de hacerlo, dentro de sus limitaciones, es dividiendo el índice de precios de nuestras exportaciones entre el de nuestras importaciones. Dicha evolución la pueden ver en la siguiente gráfica. 

En el fondo de este cálculo lo que se explicita es, si a medida que pasa el tiempo, ganamos o perdemos poder adquisitivo en términos internacionales por tipo de productos. ¿Y qué es lo que nos interesa? Pues vender caro y comprar barato, así de simple, lo complicado está, obviamente, en cómo hacerlo y en eso se han cometido y siguen cometiéndose demasiados errores.

De nuestro pasado llama la atención la pérdida relativa en nuestros productores de bienes de capital o maquinaria y equipos (línea gris), como hace un suelo en el 2000 y como luego lo va recuperando: bien por ellos. Otro éxito, este mayor, es el de los bienes de consumo (línea roja), que están en una ganancia secular, que son las buenas (olvídense de regates en corto, o similares); los exportadores de bienes de consumo final y los de capital deberían ser nuestros campeones.

Lamentablemente, durante casi treinta años y en un suicida y vano intento de destruir España, el nacionalismo periférico ha estado destruyendo las marcas españolas en Cataluña y País Vasco, como Fagor y otras que están en mente de todos, minando nuestras posibilidades de crecimiento que se concretan en que la exportación de bines de consumo final y las de capital, que están haciendo tope, y quien tira fuerte son los bienes intermedios, que van de capa caída desde 1999; el resultado (línea negra) es mediocre y ustedes no quieren ser mediocres, ¿a que no? 


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