Macro Matters

España, Estados Unidos y América Latina

El último intento de Estados Unidos por normalizar sus relaciones con los Castro ha despertado expectativas en la América Latina de una mejora de relaciones entre la superpotencia y los países al sur del Río Grande, por ello hoy exploraremos esas relaciones pensando también en la visita oficial del Rey a Estados Unidos.

La Carta de Miranda

Lo usual es andar el camino del encontronazo-descubrimiento, las anexiones territoriales, la United Fruit, la Guerra de Cuba (y Filipinas), las Siete Hermanas de Enrico Mattei, Somoza “nuestro hijo de puta” y anécdotas al uso generalmente mal atribuidas, pero nosotros no haremos eso, que ya lo pagamos a los historiadores del Establishment.

Nosotros partiremos de un documento histórico que ilustra el trasfondo de las relaciones dominantes de las potencias occidentales en el continente americano. Es una carta entre Francisco de Miranda y James Monroe; forma parte de una larga relación epistolar con líderes americanos (que pueden consultar en este enlace), que debería tenerse siempre presente en estos temas. Pero antes veamos muy brevemente al personaje.

Miranda, un liberal ilustrado, fue un español de las Américas, como gustaba decir, que guerreó en la gesta del sitio de Melilla, en la Revolución Americana y en la Francesa como general

Miranda, un liberal ilustrado, fue un español de las Américas, como gustaba decir, que guerreó en la gesta del sitio de Melilla, en la Revolución Americana y en la Francesa como general, más un larguísimo etcétera; hoy es, lastimosamente, un fetiche de los neocomunistas de su país aunque está en sus antípodas pues, entre otras cosas, era un hombre civilizado, culto y, aunque libertino, repelía el bochinche, como dijo el día de la traición “bolivariana”.

En dicha carta a Monroe (el de la conocida doctrina) de 1797 alude a las negociaciones con el premier británico William Pitt hijo sobre la independencia de América del Sur, intenta aclarar malentendidos como cuestiones de dineros (60.000 libras de entonces), acepta una oferta gustosamente (no explicitada) y alude a otros gigantes de la Política, como Paine, Washington y Hamilton.  

Tenemos entonces que, mientras Washington eliminaba la infiltración jacobina que le hacía su aliado francés (lo vimos la semana pasada) e intentaba evitar otra guerra con Inglaterra, que finalmente ocurriría en 1812, su ex-ministro plenipotenciario en Francia, Monroe, ahora “liberado”, pero no durmiente, organizaba con Pitt, que a su vez hacía todo lo posible por neutralizar a Francia, la independencia de la América española, esa potencia que fue la segunda mayor aliada de los americanos en su independencia, algo de lo que nunca se acuerdan. Así, cada uno va defendiendo los intereses generales de su país (aún hoy se hacen “cosillas”) mientras nosotros somos variables dependientes debidamente “engrasadas”.

Hoy, en Iberoamérica, campo de sus bofetadas, todo es mucho más cutre, aunque como entonces, detrás de muchas ilusiones, ideales, y arengas del tipo “la dignidad de un pueblo” por parte de neo-comunistas y neo-nacionalistas, lo que abunda son las mentiras y la corrupción, llegando incluso a promover el Islam, lo más opuesto a la Ilustración. No extraña pues, que si la DEA escarba un poco, igual te los encuentras en la lista de delincuentes de algún banco intervenido. Cosas del “engrasado”.

Reparto territorial y destrucción de raíz

El norte tuvo que enfrentar la expansión estadounidense y el sur quedó bajo influencia británica; en medio, tierra libre para la doctrina jacobina, con sus múltiples guerras civiles, reparto de territorios y concesiones comerciales por una casta de saqueadores, que normalmente terminaban como millonarios retirados en Paris, Londres y Nueva York. El proceso de destrucción del progreso cultural les requirió esas cosas; aunque viendo lo que pasa aquí no había que llegar a tanto (¿este caso es cierto?).

La extensión de la civilización es un proceso que empieza en la familia y sigue en las instituciones a medida que la población y la economía crecen y progresan

La extensión de la civilización es un proceso que empieza en la familia y sigue en las instituciones a medida que la población y la economía crecen y progresan. En el caso de la América española, tras partir de niveles culturales distintos, el encontronazo dejó luces y grandes sombras que aún hoy se manipulan con fines políticos para evitar la unidad popular (la de verdad), un proceso de mestizaje que requiere tiempo. Y siempre presente la trampa de juzgar aquello con los criterios de hoy.

Antes de las guerras napoleónicas España no iba muy retrasada del resto (salvo de los líderes: Reino Unido y Holanda, gráfica anterior) y, probablemente, las metrópolis hispanoamericanas tampoco, pero dicha guerra y las de independencia fueron una verdadera calamidad económica. España se quedó sola en esta soleada y pobre península y allí empezó la persecución de los españoles, que luego, lógicamente se trasladó a los criollos. Todo “bochinche”; no fue así en Chile que, consecuentemente, aprovechó mucho la industrialización global (siguiente gráfica; enlace a explicación de las estadísticas)

Guerra Fría y Alianza por el Progreso

América Latina iba progresando en relativa paz tras los desastres del XIX, hasta que aparece la Guerra Fría y el suicidio “jacobino” resucita “engrasado” desde la Unión Soviética. La Administración Kennedy intentó una buena solución: La Alianza para el Progreso, que seguro no conoce Zapatero, ese genio “iluminado”. Asesinado Kennedy, la iniciativa perdió el impulso presidencial y la férrea oposición de la tiranía castrista, el descontrol latinoamericano y la Geopolítica de Asia, dieron al traste con un gran plan de desarrollo.

España aprovechó mejor su posición geopolítica y las relaciones con los estadounidenses; de hecho, no nos había ido tan bien, comparativamente, desde los tiempos de Roma. Lamentablemente, los sistemas electorales aquí y allí (salvo en Chile y, parcialmente en México), fomentan la corrupción y el mesianismo político, con lo que igual retrocedemos lo ganado.

“Trasplantes” de modelo y peso geopolítico

En ausencia de un nuevo ciclo económico largo y de nuevas industrias de importancia, la potencia líder entra en lo que llamo “Economía Estacionaria” y lo más que puede hacer, aparte de evitar alimentar potenciales enemigos, es buscar una forma de integración que desarrolle lo ya existente (el reparto de la Pax Americana no da más de sí) vía comercio regional, cooperación, inversión extranjera, etc.; es decir, todo lo que da asquito a nuestros neo-comunistas y demás fauna, hoy en plena campaña por parecer lo que no son: gente normal y civilizada.

Lamentablemente, las tendencias globales son hacia un desplazamiento del crecimiento hacia zonas geográficas objetivamente más salvajes.

Pero, precisamente por esa degradación, a Estados Unidos debería interesarle desarrollar la América Latina e Iberoamérica, que, para vergüenza nuestra, lo hemos hecho incluso peor que la Umma, y todo gracias a unos “iluminados” muy concretos. El interés de todos debería estar en reforzar las zonas con potencial real de tener una economía más civilizada y la siguiente gráfica, aún con la incorrección por doble contabilización, ilustra relativamente bien los pesos relativos de diversos agentes globales.

Adicionalmente, muchos de los principales clientes de las empresas localizadas en Estado Unidos están en su hemisferio, con lo que todo el proceso terminaría beneficiando también a sus ciudadanos.

El Interés Latinoamericano, que es el nuestro

Lo que objetivamente interesa a los latinoamericanos, la zona donde España tiene su mayor potencial económico, algo que molesta mucho a italianos y franceses, es que pasemos todos del lado izquierdo de la siguiente tabla, donde nos quiere escalar Podemos y sus apoyos exteriores, al lado derecho, algo del todo posible; pero eso requiere mucha seriedad, poca fiesta ideología y detectar “engrases”, aparte de un sistema electoral representativo, pero “nuestros” no quieren un “gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. Lamentablemente, Obama y Felipe VI no hablarán de esa solución.

A todo esto. ¿Usted, en qué lado de la tabla quiere estar? Más que nada porque, al encontrarnos en el amanecer de una nueva Era Hispánica, conviene saber si todo esto nos queda grande y hemos de limitarnos a ser víctimas y sujetos pasivos de terceros durante otro siglo, que es lo que en el fondo nos toca dirimir.


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