Macro Matters

Emergencias argentinas y tipos de cambio

Hoy exploraremos la reciente mini-crisis de los llamados países emergentes, una crisis que ha cogido por sorpresa a muchos medios e inversores pero no a los lectores de este blog, ya  que lo avisamos con bastante antelación al analizarlos separadamente. Para ver qué les ha pasado y está pasando usaremos como referencia a nuestra querida y conocida Argentina, la misma que evitamos analizar porque nos pone de mal humor cuando vemos sus estadísticas y pensamos en lo que podría haber sido; pero antes enmarquemos el fenómeno.

Determinantes del tipo de cambio

Es un tema bastante complejo que no podemos tratar en extenso pero sí hacer unos breves apuntes. La teoría tradicional dice que un tipo de cambio de equilibrio inicial seguirá a las variaciones en los precios relativos de los bienes transables; o sea, que si un país tiene una inflación mayor que sus competidores comerciales, su tipo de cambio tendrá que devaluarse, pues al hacerse menos competitivo padecerá un déficit comercial.

Como se puede ver en la gráfica anterior, no parece que Argentina tenga un problema serio en el sector exterior, pues su déficit en transacciones comerciales exteriores es próximo al 1% del Producto Interior Bruto y tampoco se puede decir que las previsiones del Fondo Monetario Internacional sean malas. Sin embargo, el tema de sus tribulaciones es más complejo y Antonio Espín nos recordaba hace poco en un debate todas las trampas que hacen con los cálculos de inflación y como firman tratados de libre comercio y luego los incumplen. De todas formas, quédense con los datos que nos ayudarán posteriormente; de momento clasifican de mejor a peor, de la siguiente forma: Rusia, Argentina, Brasil, India y Turquía. Hay más países pero hoy solo tomaremos estos.

La anterior explicación, que sigue siendo válida en el largo plazo, fue complementada, sobre todo a partir del abandono de “Bretton Woods”, con el arbitraje de tipos de interés, que nos dice que son los flujos financieros los que determinan los tipos de cambio acorto plazo y, si un país tiene tipos de interés mayores que el resto, atraerá capital y su moneda se revaluará. Así, los bancos centrales suben el tipo de interés para defender su moneda, contener la demanda y reducir las importaciones y la inflación; posteriormente, se pasó al arbitraje de tipos de interés reales (sin inflación).

La explicación funcionó bien un tiempo, como fue en el caso de las devaluaciones españolas o en la revaluación del dólar con Volker, pero saltó por los aires cuando Soros reventó la libra. Hoy, se hace necesario ampliar el análisis y por eso pienso que ha de complementarse con otros determinantes del tipo de cambio.

Balances y gestión económica

Este duele. El análisis de balances significa entrar en la buena o mala gestión de la economía de un país, tanto del sector privado como del público, por eso en nuestros análisis incluimos una tabla en que clasificamos los países según si nivel de corrupción y libertad económica.

En el caso español, por ejemplo, la mala gestión económica y la destrucción de su balance no se nota en el tipo de cambio sino en a la prima de riesgo, salvo cuando estuvimos cerca del precipicio y afectamos al euro.

No podemos analizar los balances de los emergentes, sería muy extenso y complejo y si no vean lo que nos supuso la entrada “Epicentro de la prima de riesgo (y del Ibex)”. Lo que si podemos hacer es otear su gestión pública a través de su déficit público y aquí, de nuevo, parecería que Argentina no tiene un problema serio, pues aunque ha empeorado, está próximo al 2% del PIB y las previsiones del FMI tampoco son malas. La clasificación de mejor a peor, a priori, no variaría y sería: Rusia, Argentina, Brasil, India y Turquía. ¿Qué está pasando entonces?

Hemos de pensar que parte de los ingresos fiscales de algunos de estos países provienen de su exportación de materias primas, siendo un caso paradigmático la denominación de Yacimientos Petroleros y Fiscales (YPF), y dichos ingresos, dadas las peores previsiones de precios de las commodities (excepto metales), están en cuestión, con lo que podríamos ver una espiral de devaluaciones buscando equilibrios fiscales y comerciales temporales.

¿Camino a la hiperinflación? No lo descarten. Primero, porque la han probado varias veces, con varios cambios de moneda en tiempo récord que casi parece que les gustara (¿seguro?); segundo, porque cuando hicieron la suspensión de pagos unilateral se garantizaron restricciones permanentes de financiación; tercero, porque, además, introdujeron restricciones cambiarias, apareciendo el mal llamado mercado negro, que en realidad es un mercado libre para escapar del robo continuado por distintos medios, y cuarto, porque sus reservas internacionales son la mitad de las de Perú, un país con una economía la mitad de grande.

Todo lo anterior nos recuerda casos pasados en Latinoamérica, que todo es muy repetitivo y por tanto predecible, y también el caso que vimos recientemente, de una economía con fuertes restricciones de financiamiento, cuando nos preguntábamos por la psicopatía inflacionaria alemana, ya que la hiperinflación requiere esas fuertes restricciones.

De forma que, de los cinco países que vemos hoy, solo con el criterio de gestión de balances Argentina ya pasa al último lugar. Pensemos que han tenido en su historia reciente tres Evitas y ahí parecen empozados, esas cosas ocurren y, por ejemplo, aquí tenemos a Andalucía, que tras cuarenta años de supuesto progresismo, su rollo de “lo público” y sus malos resultados educativos son un caso similar de reincidir, gustosamente, al parecer, en el error.

Latrocinio sistémico

Dejando temas culturales aparte, la rapiña sistemática en los emergentes les viene en buena medida de unos sistemas políticos que no son representativos y sin división de poderes; se les llama democracias pero en realidad no lo son, son oligocracias. De los países estudiados aquí (enlaces a entradas) Rusia tiene su mafia, India su fabianismo, Turquía su islamismo parlamentario que busca cargarse el kemalismo y Brasil su samba-cracia; todos son nacionalistas con populismos sobre la dignidad y soberanía del pueblo mientras las cuentas suizas engordan.

En la tabla siguiente pueden ver una clasificación de algunos países, empezando por el que tiene peor combinación de corrupción y carencia de libertades económicas; por cierto, en corrupción nosotros hemos empeorado al pasar del puesto 30 al 40 peor en el mundo.

En algunos de los anteriores países se mata periodistas y analistas díscolos, en otros se prefiere arruinarlos y en todos la complicidad con la rapiña es general, en unos más y otros menos, claro, pero el algo habrá hecho es común, hasta que les toca a ellos. España está a un nivel en que podría salir de esa espiral descendente, la duda es si quiere. Ustedes mismos.

Valoración del mercado

En su apertura económica, países como India o Turquía han ido construyendo un balance con inversiones internacionales, algo que les ha permitido sostener sus tipos de cambio, tener déficits de transacciones comerciales importantes y una inflación más alta que sus competidores, pero todo tiene su límite. El primer aviso ha venido con el llamado taper, que no es otra cosa que reconocer que los Q.E. han perdido su eficacia cuantitativa, pues ya han satisfecho las necesidades de liquidez del balance de Estados Unidos, como vimos en su momento, pero no de quienes tienen riesgo en emergentes.

En este breve episodio el mercado ha valorado a India mejor, tienen más balance por construir, y su clasificación de los emergentes, de mejor a peor, sería la siguiente: India, Brasil, Rusia, Turquía y Argentina. Va muy bien saberlo, sobre todo para los especuladores de divisas, porque esto solo es la antesala de una crisis ineludible y que se pospondrá por la fase de recuperación del actual ciclo económico, si no se trunca, claro; cuando vuelvan los previos a la recesión y dependiendo de cómo las devaluaciones afecten el equilibrio exterior y fiscal, ya veremos cómo cambia esa clasificación y los tipos de cambio. Lo que no variará, lamentablemente, es la mala gestión de balances de las castas políticas extractivas, las de ellos y la nuestra.


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