Macro Matters

Draghi y el palomo “maltés”

En estos días en que los agentes económicos están digiriendo la fase de enfriamiento del ciclo económico global, a los banqueros centrales, tan adictos a la presencia en los medios y a querer “anclar expectativas”, se les nota bastante fuera de juego. Así tenemos a Janet Yellen de la FED empeñada en subir tipos y a Draghi en que vamos bien, lentos pero bien; ambos, por cierto, han fijadodiciembre como fecha clave en su toma de decisiones. Nosotros hoy repasaremos al “nuestro” y su última comparecencia.

Desde Malta con amor

Allí se fue el Consejo de Gobierno del BCE a anunciarnos que mantenía los tipos de operaciones de refinanciación, préstamos marginales y depósitos en 0,05%, 0.3% y 0,2% respectivamente y que el programa de compra de activos sigue inalterable hasta septiembre de 2016, que va bien pues la M3 crece casi un 5% aunque el PIB nominal (real + inflación) crece solo un 0,3% [0,4%+(-0,1%)] trimestre a trimestre. Todos contentos,we are the best and we love you. Urrah!; menos los periodistas, que cada vez lo ven todo más raro y hacen preguntas más difíciles, ¡bien por ellos!

Anclando expectativas

La cosa es donde se anclan, que el fondeo es un arte. Draghi insistió en que el programa de adquisición de activos, con el que inyectan dinero al sistema, se podría ampliar en tiempo y/o cantidades en un futuro con la intención de alcanzar una inflación próxima pero menor al 2%, donde esperan “anclar las expectativas” de los europeos. A lo que yo añadiría, basándome en la gráfica siguiente, que tendremos QE para una larga temporada, porque estos genios han coadyuvado con su política a empeorar la deflación, tal como advertimos en 2013.

Reformas estructurales

Insistió otra vez en que son claves para poder aprovechar la recuperación, afectada por la crisis de las commodities y el enfriamiento chino, y, por enésima vez, hablaba de los demás, porque la reforma del sistema bancario europeo (algunos resultados), que se supone debería de hacer cada banco central nacional, con él dando caña, va al ritmo acomodaticio de la burocracia, que menudos mimbres tiene con Grecia a la cabeza.

Cada banco central debería hacer su trabajo, como en Estados Unidos lo hacen los distritos, que allí es más difícil, pues incluyen varios estados, pero en esto, como en el anclaje de expectativas, cosa que vimos para el caso español, cada país es distinto y eso no lo arregla el QE, ni los 2.600 pijo-empleados del BCE.

Debate sobre la deflación

Como decía, los periodistas, con tanto viaje y largas esperas, salvo que les salga la vena juerguista, no hacen más que darle vueltas a los temas y claro, llega un momento que bien pueden darle una clase al más plantado, y en este caso, el portugués Vitor Constâcio, al que solo le faltaba la barretina verde, intentó hacerle un quite al jefe en el tema de la deflación, pero ya se ve que dos no hacen un forcado y el astado se fue suelto.

La faena vino a cuento (enlace a conferencia de prensa) de que, como la deflación ya es evidente, preguntarlo no es impertinente y reiterar el cuestionamiento, tampoco, así que Draghi se lío con el aumento del valor real de la deuda dejando el tema inconcluso y a todos esperando que lo cerrara, cosa que no hizo. La respuesta está en la gráfica anterior sobre deflación y esfuerzo financiero; la hicimos en 2004 para un tema de inversiones a largo plazo y que, ironías de la vida, a punto estuvo de presentarse en el Banco de España pero debían estar muy ocupados supervisando nuestras cajas.

Ese cálculo, que da origen a la gráfica, explica también porqué los Bancos Centrales buscan una inflación entre el 2 y el 3%. Lo hice para ilustrar el peso del servicio de la deuda en la renta del deudor; para la deflación utilicé una hipótesis de -1% (similar a la actual española), para la desinflación 4% y para la inflación 7% de media. Además, representa bastante bien el caso de colectivos con rentas reales estables o crecientes, como funcionarios o pensionistas, pero para el resto empeoraría al incluir recesiones, ya saben, paro, bajadas salariales, etc.; luego está la casta, que le da igual cualquier escenario.

El caso es que el portugués se lío primero con que los tipos activos nominales no podían ser negativos, y siguió con la metodología Laspeyres, que sobrevalora el IPC, y con el informe Boskin sobre el tema. Es curioso que ese debate lo tuvimos hace años, allá por el 2010, cuando Macro Matters estaba en otro medio, solo que el Constâncio no sacó las consecuencias de esa sobrevaloración, ya que la deflación sería mayor. Se ve que están en la etapa de revisar los datos y no creérselos; vamos, que no tienen ni idea.

De remate dijo que hacía falta más de un año para que poder hablar de deflación, demostrando que cree que la deflación es un fenómeno inverso a la inflación (no lo es) y que desconoce su comportamiento intermitente, solo sabe que es mala (no necesariamente) y dice que no hay; en fin, de pena.

El palomo “maltés”

La respuesta del castuzo Constâncio es perfectamente lógica dentro de un sistema endogámico donde una casta de pigmeos se ha hecho con el poder y creen, los muy palomos, que temas de semejante envergadura los puede asumir gente acomodaticia (adjetivo usado por ellos para su política) y que son la misma negación de las virtudes propias de un banquero central.

Ante estas circunstancias y un banco central que ha pasado, en poco tiempo, de ser halcón contra la inflación a halcón contra la deflación y que ahora palomea, es normal que surjan muchas dudas y algunos sean incluso catastrofistas; a estos últimos siempre les digo: “nunca descartes un escenario a la japonesa” con su interminable destrucción demográfica. Esperemos que no y que se reaccione correctamente.


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