Macro Matters

Deflación del sector exterior y crisis española

Mientras nuestros políticos llevan más de treinta años engañando a los ciudadanos con temas relativos a la distribución y redistribución de la renta, ya fuera entre los individuos o entre nuestras regiones, nosotros, obviamente, no les seguiremos su juego corrupto y creador de pobreza, así que hoy exploraremos la evolución valorativa de nuestro comercio exterior y el entorno en que se produce.

Precios de nuestras exportaciones

Dado el inmenso desequilibrio financiero exterior que se ha acumulado y que se sigue acumulando, nuestro primer interés se centra en cómo se están valorando nuestras exportaciones de productos, cuyo intercambio estuvo próximo al equilibrio. Es cierto que hay otros rubros, como los servicios (turismo, etc.) y las rentas de nuestras inversiones, pero hoy solo nos fijaremos en la producción de bienes por su vinculación con el empleo industrial de alto valor añadido y con las capacidades tecnológicas.

Lo que nos dice la estadística es que entre 2005 y mayo de 2014 los precios de nuestras exportaciones industriales (línea negra, gráfica anterior) han crecido a una tasa compuesta del 2,5% anual, que es una tasa de apreciación moderada y aceptable; ya sé que en una cultura del pelotazo que todavía padecemos eso parece una miseria, pero es que en economía, en la realidad de toda la vida, lo normal es eso, buscar un crecimiento constante y permanente que termina siendo moderado pero sólido.

Hay que notar que esa tasa general está muy afectada por los productos energéticos, que crecieron a una tasa de un 7,3%, razón por la que hemos puesto el índice en el eje derecho; tras ellos, los rubros con mayores ganancias han sido los de bienes intermedios (línea ocre), que crecieron a una media del 2,3% anual, y los de consumo no duradero con un 1,8% (línea roja). Los que peor se han comportado han sido los de bienes duraderos (automóviles, etc.), con una tasa de casi 0%, y los bienes de capital con un 0,3%, situación que comentaremos al final.   

Valoración de nuestras compras

Aunque hay cierta tendencia a valorar mejor lo de fuera, psicopatías nacionalistas aparte, la valoración de nuestras compras suele ser más bien ajena a nosotros y depende más de las condiciones del comercio internacional. Llama la atención la caída en los precios de los bienes de consumo duraderos (línea verde, siguiente gráfica), sin duda por la electrónica de consumo, en la que teníamos importantes centros de producción que terminaron cerrando.

Ya sé que el discurso dominante, empezando por esas calamidades económicas que son el BCE y BdE, es que no hay deflación, a pesar de que casos como el de Portugal, con su crisis bancaria, que la banca es la primera víctima de no entender la deflación. Sin embargo, lo cierto es que nuestras compras al exterior entraron en deflación a finales 2012 (línea violeta punteada) y acumulan un 5% de caída (línea negra gráfica anterior), mientras que nuestras exportaciones (línea negra, primera gráfica) lo hicieron un poco antes, a principios de 2012 (línea violeta continua), con una pérdida de casi un 6%, algo en lo que sin duda ha tenido que ver esa idea filo-nazi de la devaluación interna a lo bruto

Deflación y ganancias comerciales

Tras más de treinta años ignorando la necesidad de que nuestro país se oriente al comercio internacional, ahora toca hacerlo en un entorno duro y no hay más remedio, ya que solo de allí vendrán los impulsos al crecimiento, tanto para los productos como los servicios.

Lo primero que hemos de preguntarnos al analizar este dilema es lo siguiente: ¿Desde un punto de vista comercial, que es lo que realmente interesa? Pues muy sencillo: vender caro y comprar barato; esa es la parte fácil, lo difícil es conseguirlo, claro. Para observar eso hemos de analizar los términos de intercambio y una forma de calcularlos es dividiendo los precios de exportación entre los precios de importación, si el resultado aumenta con el tiempo es que mejoran los términos de intercambio y si, en un entorno de crecimiento del comercio internacional, además se reduce la brecha comercial o se produce un superávit el éxito es claro.

En el caso español los términos de intercambio han mejorado de forma importante y general (línea negra, gráfica anterior) entre el 2005 y mayo de este año salvo en bienes de equipo (línea gris, gráfica anterior); además, entre marzo de 2009 y finales de 2013 se redujo la brecha comercial, gracias al solitario esfuerzo exportador y a los duros sacrificios impuestos a la población con una forma muy poco inteligente de competir en medio de un patético entorno cultural.   

Bienes culturales

Normalmente se entiende por estos aquellos relativos al patrimonio cultural y a la expresión del mismo, sea a través del cine, la literatura, la educación, etc.; sin embargo, lo quieran los españoles o no, todo nuestro sistema de vida está sujeto a la competencia internacional y, desde la forma de Gobierno o de Estado a las infraestructuras o el acervo cultural, todos los bienes de la nación son sujetos de gestión y determinantes del éxito o fracaso de nuestro país, que desde los previos del 92 hasta antes de ayer celebró eventos deportivos y culturales de impacto internacional que han sido desperdiciados de forma clamorosa por la continua evasión ideológica. 

Desde 2012 el régimen de competencia ha entrado en una nueva etapa, la deflacionaria, y no lo estamos haciendo bien como antes, aunque se mantiene el tipo; ante eso, lo normal habría sido un liderazgo corrector desde una base realista que relanzara el esfuerzo exportador. Un ejemplo de ese liderazgo lo tendríamos en la firma Alfa Romeo, que piensa quintuplicar su facturación global en cinco años con ocho nuevos modelos; mientras, en España, tenemos una marca española del grupo Volkswagen, que se supone debe competir con la anterior, pero que tiene la mala fortuna de padecer un ambiente cultural centrado en otras cosas mucho más mesiánicas, sublimes y ruinosas.

También es preocupante la pérdida en términos de intercambio de los bienes de capital (maquinaria y equipo, línea gris en la gráfica anterior), que son los que peor lo hacen con diferencia; sin duda un tema para reflexionar (¡y actuar!), ya que dichos productos agregan mayor valor y contenido tecnológico e implican trabajo de alta cualificación y altas remuneraciones, que luego nos ponemos estupendos a redistribuir lo inexistente.

Tampoco debería extrañarnos lo que pasa dado el suspenso general de nuestro sistema educativo, junto con los medios públicos, verdadera trama de adoctrinamiento de la que se nos dan de continuo ejemplos, del nacionalismo al comunismo, como el de esa insolvente institución pública regida por el hijo de Santiago Carrillo - enlace a su última (de momento) ocurrencia mesiánica -; yo diría que ese señor, como muchos de sus pares, ni sabe lo que es una universidad ni tiene solución para una institución que califica en los rankings reconocidos por debajo de otras de México, Brasil y Argentina.

Ruina y humor político, o viceversa

Para colmo, el sentir político de nuestro país recuerda bastante al que llevó a Chávez al gobierno, donde una alta abstención y la mala idea de castigar a los principales partidos políticos (no digo que no merecieran castigo), dando el gobierno a personajes claramente incompetentes, llevó a ese país a la irreversibilidad política y a su mayor ruina económica y social justo en un período en que recibió los mayores ingresos petroleros de su historia. España, como aquel país, a pesar de contar con todo lo necesario para el éxito y alternativas políticas razonables, va camino de cometer uno de los mayores errores históricos que se recuerde y casi que solo falta otro evento violento para que se consume el suicidio nacional.

Así se escribe la Historia, unos países tienen éxito y otros fracasan y en la raíz de nuestra psicopatía política está en un sistema electoral proporcional de listas, motor de la corrupción (ver Kunikova y Ackerman), que representa las ideologías por encima de los electores y que es lo peor que le puedes imponer a los españoles dado el zeitgeist de su actual era generacional y que, como en la Europa entreguerras, está listo para dar sus peores frutos. Ustedes mismos.


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