Macro Matters

¿Deflación con Inflación?

Dicha así, la pregunta casi suena a herejía económica pero lo cierto es que la opinión ciudadana no se cree el IPC negativo, que por lo demás es tan reducido que la variación es imperceptible; así que para intentar aclarar dicha cuestión hoy exploraremos de nuevo la deflación, ya que, salvo debacle sistémica, estará con nosotros muchos años.

Una primera aproximación

La evolución reciente de la estadística de precios española muestra como nuestro país entra de manera general en deflación, ese raro fenómeno que solo ocurre cada 50 o 70 años (enlace a casos) dependiendo de la longitud del ciclo largo de economía, cuya última fase es precisamente la deflacionaria, que es la más dura de todas en términos de bienestar de los individuos, sobre todo los más humildes.

A cualquier economista que conozca el fenómeno de la deflación - muy pocos - y le enseñásemos la siguiente tabla, la diagnosticaría al instante y así ha ocurrido en las distintas discusiones que he mantenido sobre el particular o cuando tratamos la evolución del crédito en España o en Europa, donde la conclusión deflacionaria ha sido igualmente contundente.

Como puede verse en la tabla, que recoge la tasa anual de inflación anual medida mes a mes para los componentes del IPC y sus ponderaciones, desde junio de 2013 en adelante los valores negativos han tornado roja la parte derecha de la misma y tiene además el agravante de que esto ha ocurrido en plena fase de recuperación, justo cuando la demanda es más impulsiva tras tantos años de contención y sacrificios; también es cierto que si los vendedores hubieran intentado encarecer sus productos la recuperación habría sido menor, en ese sentido la reciente guerra de precios del petróleo, Euro mediante, debería ser una buena ayuda al crecimiento del consumo de las familias y un alivio a sus presupuestos. Además, nuestra deflación no es solo interna, pues los últimos datos comerciales confirman lo que ya tratamos al hablar de “la deflación del sector exterior”.

Sin duda, aquellos países y empresas que sepan abordar este proceso marcarán la diferencia en términos de crecimiento y bienestar económico; lamentablemente, nuestro caso es de los que lo hacen mal y no parece que se vaya a mejorar la mala gestión, pues tanto en España como en Europa se están repitiendo los errores del Japón, con la dificultada añadida del Euro.

Sectores deflacionarios

Al analizar nuestro Índice de Precios al Consumo o IPC (“1-CPI” en la siguiente gráfica, línea morada) lo primero que llama la atención es que, si eliminamos el efecto de subidas de impuestos el IPC resultante es menor (“2-CPI” y línea negra en la gráfica), señalando de inmediato a los que, además, son los responsables principales de nuestra crisis y de que nuestra deflación sea tan peculiar. El año base del índice es 2011, de manera que ese casi 101 actual de IPC a impuestos constantes indica que, desde 2011, los precios sin el efecto de los impuestos casi no han variado; dicho así, no es de extrañar las quejas sobre los cálculos de INE, por lo que mejor pasamos a ver los distintos grupos.

Los rubros de “Cultura” (Nº11 o línea verde, gráfica anterior) y “Hoteles, cafeterías y restaurantes”, cruzan el IPC por su volatilidad, pero en media contribuyen muy poco a la “inflación” y todo a pesar del empuje del turismo; en el caso del “Menaje” (Nº7 en la gráfica) su contribución es casi nula, pues se mueve casi igual que el IPC. En cuanto a “Vestido y calzado” (Nº5), que es muy volátil por las ventas de temporada y las rebajas, razón por la que presentamos una media móvil trimestral, está prácticamente plano, moviéndose alrededor del valor base de 2011 o 100%; también le influye, sin duda, la forma de la recuperación del comercio minorista y la revolución que allí se está dando.

Como ejemplo paradigmático de “deflación buena” tenemos el de las telecomunicaciones (Nº10 en la gráfica), cuyo coste ha caído, según el INE, un 14% desde 2011. Sobre este grupo y los anteriores puede haber opiniones pero creo que los datos son aceptables; veamos entonces rubros los polémicos, muchos con un peso importante en la  cesta de consumo.

Sectores inflacionarios

Los tienen en la siguiente gráfica donde despunta el sector educativo (Nº12, línea verde, siguiente gráfica), con el efecto claro de la subida de tasas para reducir el déficit; es un sector polémico, desadaptado a la realidad, con grandes intereses corporativos, en manos de las taifas, con su acción propagandística, con cómputos fuera de mercado y vía presupuesto que disimulan el verdadero coste para el usuario, con intereses editoriales, con serios problemas de calidad difíciles de considerar en el índice y donde, tal vez, lo peor sea la forma fantasiosa y evasiva con la que nuestra sociedad aborda la no solución de un serio problema al que al final habrá que meterle tijera, exigir calidades y producir resultados.

Tras el anterior sigue el “Tabaco y las bebidas alcohólicas” (línea marrón), rubro al que siempre se acude para subir impuestos y que sin duda nos preocupa mucho menos que el siguiente: Sanidad. De nuevo, el ajuste y el copago, pero es que a futuro hay mucho más: envejecimiento de la población, nuevos medicamentos y tratamientos mejores pero más caros y lo que tal vez sea más difícil de solucionar: unos salarios de especialistas necesarios, que sin ser muy altos, no se van a poder pagar; alguna comunidad ha entrado en este tema, pero sigue siendo difícil lograr un ajuste. También está transferido, hay mucha politiquería e intereses corporativos y seguramente corrupciones pequeñas y grandes.

Luego tenemos uno muy importante en los presupuestos de las familias, el INE llama “Vivienda” (Nº 6, línea color gris gráfica anterior) y que se refiere al uso de la vivienda que incluye además de alquileres, gastos por suministro de agua, recogida de basuras, alcantarillado, electricidad y otros. El problema lo conocen, son precios administrados por políticos en el que han hecho un rompecabezas ruinoso que no agrada ni a productores, ni a distribuidores ni a consumidores, que son los que pagan el invento creado por un sistema político ajeno a las tribulaciones del ciudadano.

Dejaremos los otros y pasaremos al “Transporte”, que ya se ve que su evolución tiene poco que ver con la del petróleo, más allá de la guerra de precios presente. De nuevo, aparte del precio de los combustibles de automoción, muchos de los precios son administrados por “lo público”, apareciendo intereses corporativos donde esas ganancias enjuagan cualquier cosa menos el precio de los billetes, como aves independentistas o populistas, evitar guerras sindicales y bloqueo de ciudades, etc., véase por ejemplo el caso Metro de Madrid, que habrá otros, seguro.

Ponderación final

Más allá de las desconfianzas sobre la gestión del INE, el IPC es una media para una economía dual por el aumento y extensión de la pobreza, y si se es un jubilado con la familia en paro y una pensión baja, o se percibe un salario bajo, esa deflación no la ve por ningún lado porque los gastos de vivienda, transporte, y en muchos casos sanidad y educación, representan un componente muy importante de su renta lejos de la ponderación media (ver primera tabla) y, aunque es cierto que los precios están más o menos estables desde primeros de 2013, lo que está en la memoria es la angustiosa situación que ha dejado la mala gestión de la crisis fruto de décadas de un sistema electoral no representativo que hoy hace imposible la “deflación buena” o un nivel de paro tolerable, y no porque nuestra economía no carezca de potencia para resolverlos.


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