Macro Matters

Contrastes y paradojas suizas

Hoy nos detendremos en la realidad macro de suiza tras su “crisis” cambiaria para ver qué podemos esperar de una economía de creciente interés para los españoles de toda condición, pues a ella han vuelto a acudir muchos en busca de refugio, ya sea laboral o patrimonial, una realidad que podría ir a más si, como se espera, nos empeñamos en limpiar la casa con un “trapo” que ya está más que “sucio”.

El salto del franco

En la siguiente gráfica pueden ver la fuerte y repentina caída de las principales divisas respecto al franco suizo, un evento crucial en una divisa que es, por orden de importancia, tras el dólar, el euro, el yen y la libra, una moneda global de reserva en competencia con el dólar canadiense por el quinto lugar.

 Todo arranca de la decisión del Banco Nacional Suizo (BNS), el banco central, de mantener una paridad fija de 1,2 euros por franco cuando en 2011 el franco experimentó una fuerte revaluación, situándose en torno a los 1,09 euros por franco; entonces, como parecía dirigirse hacia la paridad, hubo serias advertencias de empresas exportadoras sobre deslocalizar producción a países con un tipo de cambio más favorable.

Desde entonces el BNS ha estado defendiendo ese 1,2 comprando euros y acumulando reservas; esa estrategia funcionó aparentemente bien, pero partir de marzo de 2014, el dólar y la libra se revaluaban en euros por el mal crecimiento de la eurozona, generándose una devaluación del franco aún más artificial. La situación fue acumulando energía hasta que se hizo insostenible, aunque previamente ya había dado signos claros de ello.

Avisos capitales

Cuando observamos los tipos de interés de activos en francos observamos un descenso paulatino en todos ellos (ver siguiente gráfica); sin embargo, en abril de 2014 se acelera la caída del tipo del bono a diez años (línea azul oscura) y en julio-agosto de 2014 ocurre el primer bajón del tipo del bono a treinta años (línea negra), cuando pierde casi un tercio.

Posteriormente, en noviembre de 2014 ocurre una anomalía, el tipo a un día sube y se iguala al de un año indicando iliquidez temporal por huída a plazos mayores, a partir de ahí las entradas de capital llevan a que se cobren cantidades importantes, hasta el equivalente del 2% anual, por aceptar depósitos diarios; la crisis se agudiza e incluso lleva el bono a diez años a tipos negativos en enero de este año.   

Ese tipo nominal negativo del bono a diez años indica claramente que sus tenedores piensan que el franco valdrá más pasados esos diez años, algo que debieron haber visto los gestores incompetentes de ciertas empresas de trading en divisas que sufrieron fuertes pérdidas con la revaluación del franco, y todo por ignorar lo más elemental de las paridades fijas de cambio. 

Cualquiera que observe la historia de la cotización del franco (ver siguiente gráfica), verá de inmediato que su tendencia a la revaluación es secular, pues en los últimos cuarentaicuatro años llega a casi un 470% respecto al dólar, una moneda, que por cierto, está atravesando un buen momento por la mejora comparativa de su economía. Dicha tendencia se ha agudizado desde 2008, con las crisis de la eurozona, demostrando que Suiza es una economía que lo hace excepcionalmente bien en una en condiciones sistémicas deflacionarias, esas donde el dinero bueno es el rey.

El episodio reciente es simplemente otro ejemplo de cómo la Economía, tarde o temprano, purga del sistema todo lo que es irreal e insostenible y ese intento de mantener un valor artificialmente bajo el franco contra el euro, que rompió el 15 de enero pasado, era simplemente absurdo.

¿Morir de éxito?

Suiza es una de las economías más competitivas del mundo y así la califican algunos organismos internacionales, como el World Economic Forum, cuyas cimeras anuales en Davos son un acontecimiento económico  mundial y que en su tiempo fueron cubiertas por el mejor periodista económico de nuestra historia, un querido amigo por todos conocido.

Los éxitos de Suiza tienen unas causas conocidas, que otros, como nosotros, podríamos emular, pero simplemente no queremos y preferimos, por ejemplo, fantasear con impagar (o deshonrar) nuestra deuda en vez de centrarnos en arreglar nuestro desaguisado imposible, que es mucho memos sostenible y socialmente mucho más grave que este del franco.

Para ver la potencia competitiva de Suiza la compararemos con el campeón de la Eurozona. Lo hemos hecho en otras ocasiones, como cuando analizamos la descentralización de estados y la crisis o cuando dijimos que allí Ángela Merkel es Mary Poppins; ahora, que se la pone a prueba, volveremos a hacerlo con datos actualizados.

El mayor desequilibrio suizo es su descomunal superávit comercial (ver siguiente gráfica), que llega al despropósito de alcanzar el 16% de su Producto Interior Bruto; el de Alemania roza el 7% y también es demasiado alto. Es un desequilibrio porque eso lo que refleja es un déficit de Consumo, o un exceso de Ahorro sobre la Inversión en la composición del PIB, y además es estructural; por otro lado, la contrapartida de esto son déficits en otros países produciendo situaciones internacionales muy tensas.

Si a lo anterior le suman entradas de capital que huye de países con una pésima gestión económica, como ha sido la nuestra (camino de empeorar), la de Grecia y otros de la eurozona, más las satrapías del mundo, ese valor del franco respecto al euro pudo mantenerse acumulando reservas que, de haber seguido por ese camino, llegarían a duplicar a las de toda la zona euro; así, en enero, Suiza defendía al euro en solitario. Ahora, al revaluarse el franco contra el euro, deberán registrar esa pérdida en el valor de sus reservas internacionales de divisas.

Mayor consumo o destrucción industrial

Esa es la paradoja y, si su gobierno fuera representativo, habrían corregido este problema, que como hemos visto no es nuevo. La solución seguramente implicará algo de esas dos alternativas y, por haberlo retrasado, pesará más sobre su industria (que tampoco es tan grave). Lo normal sería que redujeran la fiscalidad devolviendo dinero a los ciudadanos, que para eso es de ellos, aunque sus políticos no lo crean; pueden hacerlo, y no me refiero a las cotizaciones sociales, ya que eso depende de la demografía. Consumirán más, importarán más, etc., e incluso algunas empresas invertirían más para seguir siendo competitivas; Alemania tiene un problema similar pero queda oculto por ser menor y por los socios que le devalúan el euro, luego está la izquierda europea que se quiere gastar esos impuestos alemanes varias veces.

Suiza cuenta con un presupuesto equilibrado (gráfica anterior), como Alemania, y como tiene una deuda pública a un nivel aceptable (siguiente gráfica) pueden permitirse cierto déficit público inicial, que se irá corrigiendo con el mayor consumo; un déficit transitorio que sin duda es mejor que el proveniente de pérdidas de cambio por empeños absurdos.

El fin de la paradoja

No deja de ser curioso que siendo Suiza una de las economías mejor gestionadas del mundo (ver siguiente tabla) haya caído en un error de libro, error que ya querríamos para nosotros. Pero la economía global tiene esas cosas, que incluso corrige a los mejores.

De lo que no tengo duda es de que, tras resolver este problema, los suizos vivirán mejor al pagar menos impuestos, puede que incluso tengan más hijos, tendrán una moneda más fuerte y dispondrán mejor de su dinero, que tanto esfuerzo les cuesta ganárselo. Otros, mientras tanto, como reza la descripción de este blog, tendremos que seguir combatiendo nuestros “mitos de gestión pública y privada que van contra las virtudes económicas, la viabilidad empresarial o el bienestar y el patrimonio de las familias”, en la esperanza de que algún día podamos disfrutar de un nivel de bienestar similar al de ellos, cosa nada fácil visto el panorama político que nos estamos imponiendo.


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