Macro Matters

Circulación del dinero y ciclo largo

Es un dicho común en tiempos de crisis que el dinero no circula y nunca debe despreciarse la voz de los ciudadanos, bien porque en su observación de la realidad digan verdades profundas, haciendo honor a la expresión Vox Populi, Vox Dei, o bien porque nos señalen el empuje de una tendencia social, que con independencia de que provenga de momentos de euforia o demagogia, siempre nos indica un fenómeno que puede afectar seriamente nuestras vidas. En el día de hoy nos centraremos en el primer caso, explorando si circula o no el dinero.

Hay dos razones por las puede ocurrir la percepción cierta de que el dinero no circula; una, la más evidente, que sea escaso; otra, la más compleja, es que, ya sea por razones psicológicas y/o estructurales, la rapidez con que se intercambie el dinero se ralentice. Veamos pues que ocurre con ese cambio de manos del dinero que muy probablemente esté en mínimos históricos.

Velocidad de Circulación del Dinero

Para ver si el dinero circula o no mediremos su Velocidad de Circulación, que se obtiene utilizando la fórmula de la Teoría Cuantitativa del Dinero que dice que el PIB nominal (PIBn) es equivalente a la Cantidad de Dinero (M) por su Velocidad de Circulación (V). No entraremos a discutir esa teoría, simplemente despejaremos la V de PIBn = M*V; o sea, V= PIBn/M. La velocidad del dinero, que por su cálculo también es el número de transacciones, por definición, incluye la variable tiempo, que en en este estudio es trimestral.

Su evolución la pueden ver en la siguiente gráfica, donde en el eje izquierdo tienen la Velocidad de Circulación, representada por la línea de colores, y en el de la derecha la tasa de inflación o IPC, representada por la línea granate. Hemos tomado el caso de Estados Unidos, no solo porque sea el principal autor e impulsor del actual Ciclo Largo, si no porque parece ser que es el único país que se preocupa por hacer estadísticas a largo plazo, y lo que es mejor, están disponibles gratuitamente.

Ciclo largo

Los ciclos largos de la Economía son producidos por un motor industrial que afecta todos los sectores de la misma, produciendo un crecimiento general que amplía y transforma todo el aparato productivo. El caso actual proviene de la electrónica, siendo su primer catalizador el transistor y en nuestros días la empresa índice de la salud del ciclo largo es Intel, como es lógico, por otra parte; pueden ver su cotización nominal en este enlace: Intel en términos nominales.

Suele aceptarse que los ciclos largos tienen dos partes y cuatro fases. La primera parte es ascendente y conforma una estructura productiva nueva, que da todos sus frutos en la segunda parte. La primera fase es reflacionaria, donde se superan los momentos deflacionarios anteriores por una mayor tracción económica producto de la aparición de nuevas actividades, algo que por definición aumenta el número de transacciones potenciales.

La segunda fase es inflacionaria y culmina la primera parte del ciclo; en ella los requerimientos de recursos, humanos y materiales, y el crecimiento de los salarios reales da acceso a las nuevas posibilidades de compra y provocan una fuerte presión de la Demanda Agregada sobre la Oferta Agregada (laboral y de bienes y servicios) haciendo de la inflación un problema económico serio que además acelera las transacciones económicas.

La segunda parte del ciclo se inicia con la tercera fase que es desinflacionaria, significando que la Oferta Agregada consigue adaptarse bien a la Demanda Agregada. El ciclo se cierra con la cuarta fase, donde la Oferta, tanto laboral como de bienes y servicios, se “comoditiza” (de commodity), haciéndose abundante y como pocos agentes son únicos, aparece la deflación. En esta segunda parte del ciclo se desata un proceso secular de productividad al que pocos productores, empresas o personas, saben enfrentarse, ya que exige una dura preparación previa.

La tercera fase termina con un crack bursátil por la inflación de activos, principalmente relacionados con el motor del ciclo, como el crack punto-com. El ciclo actual tuvo la peculiaridad de que en un intento de evitar una gran depresión, las políticas anticíclicas y la previa desregulación de Clinton, junto con la mala supervisión de los bancos centrales sobre el riesgo crediticio y la innovación financiera, produjo una segunda burbuja de la que advertimos privadamente en su momento.

El comportamiento de la Velocidad de Circulación del Dinero es un indicador más de las fases del ciclo largo, como otros que vimos al hablar de las Fases Bursátiles, de las del ratio PER. También hay otros indicadores, como la mala situación de los salarios reales, su participación en el PIB (o los déficits fiscales estructurales) y algunos quieren atribuir dicha caída en la participación en el PIB de los salarios a la política monetaria, pero lo hacen porque no saben de lo que hablan.

Aspectos psicológicos vs estructurales.

Ciertamente, aspectos psicológicos que afecten las expectativas de inflación, o deflación, perturban la velocidad de circulación de dinero, pudiendo ocurrir incluso que el proceso se retroalimente, ya que los individuos pueden tender a desprenderse del dinero con mayor intensidad, aumentando el número de transacciones, si esperan que pierda valor o, en caso contrario, a atesorarlo si esperan deflación; cierto es, también, que en economías serias rara vez esta retroalimentación se exacerba gravemente pues para ello tiene que ocurrir hechos extraordinarios.

En una Economía abierta y global la posibilidad de hiperinflación, a pesar del importante aumento de la cantidad de dinero, es muy remota; quienes así lo anuncian solo demuestran no haber hecho los deberes, cosa fácilmente comprobable, o tener cierta inclinación enfermiza por cataclismos económicos ciertamente remotos o a defender intereses espurios. Incluso una guerra de mayores dimensiones en el Golfo Pérsico difícilmente pasaría de un episodio de inflación serio, pues se atenuaría con la consecuente recesión y pérdida de poder adquisitivo; tendríamos una inflación de costes temporal y como tal, produciría una dura caída del nivel de vida, ya que la inflación de costes equivale a una pérdida de productividad que es la fuente de los salarios reales.

A la tendencia secular en la caída de la velocidad del dinero se ha unido un aspecto estructural de medio plazo, producto de la mala gestión pública y privada que padecemos y que ocurre por el ajuste de balances, donde se ha de corregir casi dos décadas de malas inversiones liquidando activos sobrevalorados e improductivos y cuya contrapartida es una inmensa deuda, pública y privada, pero eso lo trataremos la semana que viene cuando veamos la velocidad de circulación del dinero en España.


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