Macro Matters

Canadá y su dólar

Si cuando tratamos los casos de Italia y España nos preguntábamos si eran hermanas mellizas, en el de Canadá la equivalencia tal vez podría ser la de una hermana mayor de la pujante Australia; sin embargo, hay un aspecto de interés entre ambas y es que Canadá ha perdido fuelle internacional y, de ser un miembro importante de la OTAN y del G7, ha pasado a una cierta irrelevancia global tal, que si les preguntara quien es su primer ministro es muy probable que ni lo sepan ni les importe, que es peor. ¿Qué les ha pasado?  

El conflicto territorial

No cabe duda de que en la pérdida de ese impulso nacional tiene influencia su conflicto territorial interno en el que Quebec es un elemento principal pero no el único, pues además de existir minorías indígenas importantes las otras regiones o provincias, por una simple razón de igualdad entre ciudadanos, exigen tener los mismos privilegios, todo lo cual se traduce en una carrera desbocada de gasto público.

No podemos entrar a fondo en el complejísimo caso del Quebec, solo diremos que esa provincia es la salida al atlántico de las provincias occidentales y que fue una colonia donde solo se permitía inmigración católica, lo que le da un substrato no cívico adicional al conflicto, alentado también desde el exterior; con el 20% de la población de Canadá, de sus 7,5 millones de habitantes, cerca de un 80% son francófonos aunque solo un 30% son de origen francés. Este conflicto tuvo sus momentos más virulentos con el terrorismo de los sesenta y fue afrontado a fondo un primer ministro excepcional: el liberalPierre Trudeau, premier de 1968 a 1979 y de 1980 a 1984.

Hegemonía cultural y política económica

Hemos hablado en otra ocasión del término hegemonía cultural, según la entendía Gramsci, como un fenómeno en el cual una minoría determina el devenir político de una nación; esa hegemonía cultural la forjó Pierre Trudeau con su política sobre el problema quebequés, es fuertemente socialdemócrata, y ha dañando un Estado y unas instituciones que funcionaban y cambiará con el cambio de Ciclo Generacional; esperamos que para bien.  

La política económica de los liberales se tradujo en un fuerte gasto público, que llegó a pasar el 50% del PIB en 1991 (línea roja, gráfica anterior) y a un endeudamiento (línea granate) muy francés superior al 100% del PIB. En una carrera por compensar la deriva nacionalista, el déficit público (línea morada, siguiente gráfica) se disparó hasta del 9% del PIB, cosecha (1980-1995) de haber aprovechado muy mal el anterior ciclo de las commodities (1947-2001). 

La llegada de un más que gafado Mulroney (1984-1993) en una coalición de derechas, nacionalistas incluidos, trajo cierto thatcherismo, entonces ya triunfante, y la reducción del peso del sector público, pero las propias contradicciones de su coalición se tradujeron en un hibrido de política económica mediocre que continuó el liberal Jean Chrétien (1993-2003).

¿Mal de altura?

En su desarrollo industrial y científico, Canadá consiguió industrias punteras en un sinnúmero de sectores, del minero al transporte, las telecomunicaciones, finanzas, farmacéutica, energía, incluida la nuclear, aviación, defensa, etc. Lamentablemente, esa potencia y excepcionalidad que la llevo al G7 se perdió por unas contradicciones internas que han ido llevando al país a un puesto menor a nivel global; por esa razón, aunque es una economía muy estable con baja inflación (línea azul siguiente gráfica), le costó atajar el desempleo (línea roja) y mantener hoy un crecimiento alto (línea negra) que le permita reducir su inmensa deuda. Al compararla con Australia vemos que ha quedado por debajo en desarrollo humano aunque la supera ampliamente en plazas financieras globales.

Aún así, la estructura de su comercio exterior, contrariamente a lo que podría pensarse, sigue mostrando fuerza manufacturera consiguiendo, a diferencia de Australia, que éstas rivalicen con las exportaciones de commodities. Con unos 38 millones de habitantes, que veremos como nos superan, exporta casi un 50% más que España, principalmente a Estados Unidos, país al que destina el 70% de las mismas y donde tiene un fuerte rival a futuro por su reindustrialización energética y manufacturera, siendo esto último un fenómeno general en la angloesfera y al que nuestros gobiernos, tan dados a la copia y las analogías, son incapaces de emular.

El declive de la armada canadiense

Es solo un síntoma más de decadencia pero al que merece la pena hacer un aparte, ya que sus necesidades de equipos son similares a la armada australiana, principal cliente exterior de Navantia.

La Marina Real Canadiense nace de la decisión a principios del siglo pasado de asumir sus responsabilidades imperiales directamente en vez de contribuir económicamente, algo que les honra; desde entonces llegó a conseguir ser una de las primeras del mundo, con unos reputados sistemas de entrenamiento, que incluso nos han sido útiles a los civiles, alcanzando lo que se denomina una armada de aguas azules, pero todo eso se vino abajo por su conflicto interino que la ha llevado a un ensimismamiento decadente.

En todo caso, este vector expansivo global sigue latente y esperan ir reconstruyéndola poco a poco; en ese sentido, necesitan, al igual que los australianos, buques de proyección estratégica mejores que la clase Mistral, como el Juan Carlos I, buques de aprovisionamiento y submarinos oceánicos. Sobre esto último han hecho enormes esfuerzos con su problemática clase Victoria para no perder su fuerza submarina y, aunque su opción debería ser nuclear por permitirles la ruta polar, dadas las restricciones presupuestarias probablemente adquieran ocho submarinos convencionales (el aleccionador enfoque australiano), donde nuestro S80 tendría enormes ventajas relativas al reabastecimiento en misiones largas; ya sé que en nuestro país preferimos gastar energías defendiendo la opción alemana, en vez de usarlas en exigir a los responsables la ineludible tarea de hacer de él el mejor en su categoría, pero en fin, así somos.

El dólar canadiense

La moneda de Canadá consiguió mantener la paridad con el dólar estadounidense en los mejores momentos del anterior ciclo de sus commodities (1970-1977), volviendo a recuperarla durante el máximo del actual en 2008. Es una moneda bastante afectada por los precios del petróleo, cuya previsión en la actual recuperación no es buena, así que, quienes no aprovecharan la revaluación coincidente con la del petróleo (2002-2008), les será algo más difícil exportar a ese gran mercado.

Dadas las previsiones de precios de sus commodities es de prever que seguirá agravándose su déficit por cuenta corriente; por ello, no sería extraño que incluso se situara en la zona de 1,10-1,15 por dólar estadounidense, donde encontrará buen soporte en el actual ciclo económico (2013-2017), dicho todo con la correspondiente reserva legal.

Canadá, como Australia, ha digerido mejor que la mayoría la crisis del 2008 pero incuba una burbuja inmobiliaria y cómo la resuelvan determinará el agravamiento del anterior escenario de la que sin duda es una gran economía. Esperemos que tengan éxito y nuestros exportadores puedan compartir esos triunfos.


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