Macro Matters

Australia y su dólar

Hoy trataremos el caso de esa isla continente que es un importante proveedor de materias primas para España, el principal cliente extranjero de Navantia y esperamos que lo siga siendo con el S80, que ocupa el segundo lugar del mundo en desarrollo humano (España el 23) cuya capital económica, Sidney, es la decimoquinta plaza financiera mundial (Madrid es la 54). Sin estar exactamente en las antípodas geográficas de nuestro país para su fortuna si lo están en otras áreas y hoy veremos algunas. 

Pragmatismo y buen humor

Que es justo lo contrario del dogmatismo, los inventos y el mal rollo que inoculan nuestros políticos para seguir expoliándonos. Allí, a principios del siglo veinte y ante convencimiento mutuo de Australia y Reino Unido de que la distancia hacía imposible el buen gobierno desde Londres, obtienen la independencia civilizadamente y, bajo el paraguas del Imperio Británico (primero y de la relación especial después), los poco más de cuatro millones de entonces asumen el reto de gobernar un territorio de 7,7 millones de kmt2 equivalente al 90% de Brasil. El proceso terminó con el Acta de 1986.

Australia es una federación producto de la unión de estados y territorios (nota para progres: solo es posible federarse si previamente se está separado) con un parlamento que armoniza tradiciones británicas con elementos del sistema federal americano. En su estructura de gobierno llama la atención la figura de Gobernador General (también la hay de estados y territorios), nombrado por la reina, un virrey que es garante de la constitución pero en un sentido que va más allá del de su Carta Magna y solo hay que ver el diseño urbanístico de su capital, Canberra, para entender la filosofía tras el éxito de su forma de Estado y  de Gobierno.

En 1975 y coincidiendo con la pináculo del ciclo de las commodities no energéticas, se produjo un crisis política porque su primer ministro, en claro ejemplo de mesianismo político, tenía un plan fabiano (progresivo y “progresista”), que iba contra del substrato cultural británico y las alianzas defensivas de Australia; así que, tan pronto perdió el apoyo parlamentario, el Gobernador General hizo uso de la prerrogativa real y lo destituyó para alegría general. Este brevísimo resumen de aquella crisis muestra como un país civilizado salvó un invento que buscaba que se negaran a sí mismos, una trampa en la que caen repetidamente los países de América latina o nuestras taifas y así nos va.

La mayor diferencia política con España es su sistema electoral, que allí es representativo, complejo y difícil de entender a los no iniciados, produce una segunda vuelta instantánea y recuerda a la jerarquía de preferencias reveladas que estudiamos los economistas en esa niña bonita de la Economía o más en concreto de la Microeconomía, que es la economía del bienestar. Ese sistema electoral representativo es un pilar maestro de su baja corrupción, alta libertad económica y alto desarrollo humano y en España, mientras no empecemos por modificar el sistema electoral, haciéndolo representativo, seguiremos de cabeza en la espiral descendente de este Ciclo Generacional.

Sensatez fiscal

A pesar de su enorme territorio y las dificultades de su geografía económica, casi podría decirse que los australianos, con su avanzado estado del bienestar y unas fuerzas armadas muy parecidas en tamaño aunque mejor equipadas a las españolas, han batido records de bajo endeudamiento público (línea marrón, siguiente gráfica) y de no ser por la crisis del 2008 prácticamente lo habrían eliminado. Su buena austeridad (la hay mala, como aquí) les permite una baja participación del sector público (línea azul clara) en el total de la economía, que contrasta abrumadoramente con el modelo francés, el cual, aunque digan lo contrario, se nos impone por la casta política.

Economía commodity ejemplar

Este tipo de economías, como vimos en el caso de Rusia, tienen la peculiaridad de que suelen desindustrializarse cuando más se valora su producción principal, generándose alto desempleo y problemas de oferta interna e inflación que terminan dañando el crecimiento. Sin embargo, Australia, mediante un sistema político limpio y una economía libre, donde se controla la inmigración buscando la calidad y aprovechando los talentos de quienes apuestan por ellos, ha conseguido que el boom de las commodities no se les suba a la cabeza como a Venezuela, Brasil o Argentina; incluso progresan mejor que Chile, que también tuvo su crisis de mesianismo político en el máximo del cobre en términos reales en los 70s.

La paradoja australiana

Siendo un país en que la industria de las materias primas y sus servicios asociados suman un 19% de su Producto Interior Bruto, podría pensarse que en el actual ciclo de las commodities debería tener un superávit estructural; pues no es así (línea granate, siguiente gráfica), y aun no siendo grave por sus saneadas cuentas públicas (línea violeta), es un tema pendiente que habrán de abordar, probablemente hacia el final de la actual recuperación 2013-2017.

Las exportaciones principales son minerales férricos con casi un 20%, carbón con un 19%, hidrocarburos un 14% y oro 4% de las mismas; por el contrario, son importadores de productos de consumo haciendo que su economía sea una imagen especular de la nuestra, que al carecer de materias primas ha debido cuidar su industria y comercio exterior en vez de soñar con el maná europeo y la pisitofilia.

El dólar australiano

Siendo una economía de commodities que está bien gestionada su tipo de cambio depende, lógicamente, del ciclo de las commodities y del ciclo global. Hizo mínimo respecto al dólar en los previos a la explosión de los precios de las materias primas en 2002, experimentando dos correcciones: una en la recesión del 2008-2009 y otra con la de Europa en 2013, dejando un primer suelo en 0,9 dólares americanos por dólar australiano y ahora debería dirigirse al techo de la paridad y, tal vez, más adelante, a los 1,1; dicho esto con la prevención legal correspondiente.

 No todo son luces y es cierto que no tienen el horizonte del todo despejado, nadie lo tiene, pues además del déficit en transacciones exteriores, que les lleva a endeudarse con el exterior, hay que agregar una inflación de activos inmobiliarios que sin duda, como bien sabemos aquí, afectará a su sector bancario, pero eso lo tratemos cuando veamos las pautas de inversión en países similares. En todo caso, tengo la total confianza de que, como siempre, aprovecharán muy bien esta recuperación, brindando grandes oportunidades a las empresas españoles en los próximos años.


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