Macro Matters

Alégrense por Polonia

Siempre es una buena noticia que a un país europeo le vaya bien, sea porque sus ciudadanos tienen posibilidades de mejorar su vida o porque aumenta las posibilidades de hacer negocios allí; sin embargo, en el caso polaco hay un elemento añadido. En la UE siempre se recuerdan los campos de batalla próximos a sus sedes, olvidando a Polonia, víctima principal de las aventuras bélicas y ambiciones imperiales de las potencias europeas.

Una planicie de contiendas

Sin prácticamente defensas naturales, casi podría decirse que Polonia es el territorio ideal para una guerra; súmenle que está rodeada de los que fueron los imperios austríaco, alemán y  ruso, que casi es un enclave católico entre vecinos de otras denominaciones cristianas y tendrán todos los componentes de la mayor pesadilla de un pueblo europeo.

Ante semejante reto geoestratégico los polacos desarrollaron su famosa caballería pesada: los húsares alados (literalmente), una fuerza especializada, especie de falange macedonia montada y que salvó a los austríacos del asedio turco; fue en los años en que Polonia tuvo una mancomunidad con Lituania, en el XVI. Por aquellos años Polonia era uno de los estados más extensos de Europa.

Posteriormente, el país entró en declive y Prusia, Austria y Rusia, terminaron repartiéndoselo en 1.795. Emerge de nuevo en 1.918 tras la Primera Guerra Mundial, pero vuelve a ser zona de reparto, esta vez entre los peores mesianismos políticos del siglo XX: el nazismo y el comunismo; al enfrentarse ambos, le infringen casi 6 millones de muertos sobre una población de unos 29 (vs 6-8 de 87 en el Reich), la mitad de ellos judíos, quedando sometidos a la bota soviética hasta 1.980. Como suele ocurrir, optar por hacer lo correcto, algo en lo que suelen acertar, conlleva grandes sacrificios.

La Revolución de 1.980

Con ella recuperan su soberanía, lo que les obligó a solventar una serie de enormes desequilibrios económicos exteriores provenientes de su pertenecía al COMECON, especie de CEE comunista ampliada, y a transformar su economía planificada en otra de mercado. Ese proceso empezó a dar frutos y a culminarse de 1.990 al 2.000 y, si lo comparamos con el caso ruso, el éxito polaco es indudable.   

Siguen teniendo problemas con el déficit en transacciones con el exterior (línea granate, gráfica anterior) y en algunos momentos se han dejado llevar por inventos ideológicos de liberalismo dogmático, producto de la ingenuidad e ignorancia económica de algunos novatos, pero que han corregido a tiempo y desde 2.008 ese desequilibrio se ha ido reduciendo. Algo parecido puede decirse del déficit fiscal (línea morada), que lógicamente va con retraso.

Además, la restructuración ha sido tal, que en Polonia el peso del sector público es de los menores de la UE, con todo y que venían de un régimen comunista, y su endeudamiento público es bajo, algo que les da un gran margen de maniobra para, en caso de una crisis global, aplicando la políticas correctas, salir con buen pie o de ese escollo. Debo decir que nosotros, en este aspecto, vamos en sentido contrario.

Hacia la normalidad económica

En el mismo sentido que lo dijimos de Alemania, lo decimos ahora de Polonia; la renta per cápita (20.136 $PPA año por 30.622 de España) es mucho más baja, sí, pero primero se ha tener una economía sana para poder recuperar ese parámetro. Aunque viendo la siguiente gráfica podría pensarse lo contrario, lo cierto es que no alejaron el temor a la hiperinflación hasta fecha reciente, y con ese substrato de expectativas es difícil conseguir la normalidad.

Incluso en la crisis europea actual y su puesta a prueba del Euro, los polacos han entrado en un período de crecimiento sano (línea negra gráfica anterior), evitando la recesión europea de 2.012 y manteniendo la inflación baja (línea roja), que se suma a los buenos datos de endeudamiento público, déficit público y de cuenta corriente ya comentados. El punto flaco es el desempleo (línea morada), que es alto, un 10%, pero lo resolverán por sus buenos cimientos construidos tras treinta años de esfuerzos y con un enfoque realista de sus gestores.

La nueva moneda

Tras sufrir muchos años de alta inflación y la hiperinflación de 1.989-90, suprimen 4 ceros a su moneda y crean el Nuevo Zloty en 1.995 y, aunque no tengo confirmación oficial, estoy convencido de que desde 2.008, pero especialmente desde 2.010, están realizando crawling peg con el Euro, lo que indicaría que tienen un buen banco central (no como el nuestro) que esperemos esté haciendo una buena supervisión bancaria. Esa estrategia, si es bien llevada, sería el camino correcto para, cuando estén preparados, entrar en el Euro.

El crawling peg, que bien identificado es de gran utilidad al inversor (para el especulador tiene otro tratamiento, lógicamente) y, aunque de difícil traducción, sería una estrategia de largo plazo del banco central, que para Polonia podría ser una década, de asirse a otra moneda realizando intervenciones para corregir el tipo de cambio nominal y no perder competitividad, todo con el fin alcanzar el equilibrio exterior dentro de una política de crecimiento sana, esto es, de baja inflación (incluidos activos) y bajo desempleo; lo primero ya lo han conseguido y lo segundo confío en que también, que chi va piano va sano e va lontano. Estrategia similar a la china respecto al dólar, solo que estos revalúan el Yuan.    

¿Bruselas como traba?

Polonia ingresa en la Unión en 2.004 y siempre he recordado ese hecho con la forma grosera con la que Chirac mandó a callar al premier polaco en tiempos de la Segunda Guerra del Golfo, en que Polonia, lógicamente, tenía una posición pro americana. Espero que aquel desprecio les quitara la venda de los ojos sobre que es la UE, por lo que hacen bien en potenciar el Grupo de Visegrád. Aquí, en nuestro país, la posición pro americana tuvo consecuencias peores, algunas no aclaradas suficientemente.

En buena lógica y con una perspectiva de largo plazo, los motores económicos de la Unión deberían ser, por orden de empuje, Alemania, Francia y Reino Unido, Italia, España y Polonia, pero esa evidencia choca con los planes de la elite de Bruselas que no acepta que deben estar al servicio de los ciudadanos y de los Estados miembros.

El aspecto demográfico

Por su difícil historia Polonia ha sido un país de emigrantes y sus ciudadanos han enriquecido un sinnúmero de países, como Estados Unidos, donde se estima que hay unos 10 millones de sus descendientes, cerca de medio millón nacidos en Polonia. Hoy la población de Polonia está estancada, muchos de sus jóvenes tienen hijos fuera, pero afortunadamente, pasada la crisis económica del 2.008 y al mejorarse las expectativas, la emigración neta se casi nula y, lógicamente, los nacimientos han aumentado y ya superan las defunciones.    

A la extrema dureza de la emigración, que conozco por haberla padecido en dos ocasiones, han de padecer también el prejuicio discriminatorio por su condición de católicos, al que se ha unido recientemente, en el polo opuesto, el que ya no son tan católicos. Sufren uno de esos absurdos en el que se maltrata a los que al final más aportan y de verdad se integran, mientras en casos contrarios todo son facilidades y ayudas.

En cualquier caso, de lo que no tengo ninguna duda, es de que a la tierra que vio nacer a Copérnico, Chopin, Marie Curie, Joseph Conrad, al economista Kalecki, a los cineastas Wajda y Polanski, o a Juan Pablo II, por solo nombrar unos pocos de cada campo, sabrá salir con bien de cada reto, de que les espera un futuro prometedor en que sus hijos no tendrán que emigrar, si ese es su deseo, y de que todos nos alegraremos de que alcancen la deseada normalidad económica.


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