Luces en la niebla

Un playmobil estratosférico

En 1969 los norteamericanos ganaban la llamada carrera espacial. Ésta, heredera directa de los programas de misiles nazis, tuvo grandes momentos de tensión entre norteamericanos y soviéticos, los cuales parecían estar encaminados al triunfo gracias a la brillantez de su ingeniero Serguei Koriolev. Ambos bandos tenían plagadas sus filas de científicos y trabajadores cualificados nazis, que fueron rápidamente reclutados para formar parte de los programas espaciales en Estados Unidos y la Unión Soviética. Para ello, en Norteamérica fueron dotados de nuevas identidades o simplemente se ocultó su participación en los crímenes de guerra, en uno de los episodios más oscuros de la posguerra, ya guerra fría: se trataba de la llamada Operación Paperclip. El caso más conocido por su notoriedad fue el de Werner Von Braun, padre de las V2, que se convertiría en director del  centro de vuelo Marshall de la Nasa, donde pudo ver cumplido su anhelo de llevar al hombre al espacio y ponerlo en la Luna, gracias a ser jefe de diseño de los cohetes Saturno V. Von Braun estuvo a muy poquito de ir a parar a la URSS, donde lo querían para trabajar con Koriolev.

Hasta 1966, el programa espacial soviético puso en grandes apuros al norteamericano, adelantándolo en hitos como el lanzamiento exitoso del primer Sputnik en 1957, del segundo, ese mismo año y con la perrita Laika a bordo, de las sondas Luna 1 y Luna 2, que impactó en nuestro satélite en 1959, la órbita de Gagarin a la Tierra en 1961 o el paseo espacial de Léonov en 1965. Todo indicaba que el primer hombre en pisar la Luna portaría la insignia de la hoz y el martillo, pero como es sabido no fue así... Neil Armstrong alcanzó la gloria de hacerlo y al volver a la cápsula pronunció la famosa frase "buena suerte, Mr. Gorsky".

¿Pero porqué se interrumpió tan abruptamente la exitosa carrera espacial soviética?

Pues por la muerte de Koriolev. Todo dependía de él, y se llevó con él todo a la tumba. Como Von Braun, Serguei Koriolev provenía de los programas de misiles que alcanzaron su punto álgido durante la Segunda Guerra Mundial. Pero a diferencia del alemán, Koriolev fue purgado en 1938 y pasó ocho años de terrorífico gulag, sobreviviendo de milagro, para dar con sus huesos en una cárcel para intelectuales hasta 1944, en la cual realizó trabajos de ingeniería militar. Quien le delató fue su compañero Glushkó, con el que más tarde tuvo que seguir trabajando. A consecuencia de todo esto, Koriolev era desconfiado de todo y de todos, y ni su mano derecha pudo seguir con éxito la ruta que había emprendido. La identidad del Diseñador Jefe permaneció oculta hasta su muerte, y en una maniobra típica de la propaganda política de la URSS, hasta el premio Nobel que le concedieron se le arrebató, negándose a que estuviera a su nombre y entregándoselo al pueblo soviético y al sistema socialista.

Esa misma propaganda política hizo que la sonda Luna 2 estuviera compuesta de pequeñas insignias con los emblemas de la revolución, para que así, al estrellarse contra la superficie del satélite terrestre, se esparcieran los gloriosos símbolos de la Unión Soviética y todo aquel que llegara después tuviera constancia de a quién correspondía el honor y el mérito de ser los primeros.

Y es que la política está llena de pequeñas y grandes miserias, que las correas de transmisión del poder se encargan de transformar, embellecer y luego publicitar a bombo y platillo, siempre por el bien del pueblo.

Este verano hemos vivido otro episodio de épica independentista en la cadena del régimen, Tv3

Resulta que a un muchacho de Terrassa se le ocurrió la idea de lanzar un muñequito de Playmobil, un click, a la estratosfera y grabarlo, bien pertrechado con la estelada (el click) en lo que el mismo definía como un acto festivo, reivindicativo y tecnológico-científico. La cosa, una anécdota más entre las miles de cositas con estelada que se hacen por mi tierra, pasó a ser noticia en el prime time de Tv3 y su canal de noticias sin pausa, el 3/24. Una estelada en la estratosfera, entiéndanlo. De lo que no informó Tv3 fue del fracaso de la primera carrera espacial de la causa catalana. Fallos en el lanzamiento y en el sistema de seguimiento hicieron imposible saber el final de nuestro héroe de plástico. Aunque eso si, Otger Cataló, que así se llamaba el muñequito, ha pasado a engrosar el panteón de ilustres nombres de la conquista del espacio, gracias al reconocimiento dispensado por nuestra televisión nacional, nada que ver con esos egoístas de los soviéticos... Quizás, con el tiempo, también sea nombrado Heroi estratosfèric del Poble Catalá y alguna localidad le dedique una calle: A Otger Cataló, mártir del derecho a decidir. Total, en Barcelona hay una dedicada a Sabino Arana.


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