Luces en la niebla

Trileros de tartán y barretina

La frase más repetida tras el referéndum escocés en Cataluña ha sido: "en Escocia ha ganado la democracia". Se ha escuchado hasta la náusea en tertulias de radio y televisión, se ha escrito en periódicos, blogs, Facebook, Twitter... sólo ha faltado que la esculpieran en mármol. Y mejor no doy ideas, que siempre habrá algún avispado que la plantifique (y cobre su buen dinerito salido de las arcas públicas) en algún engendro monumental de homenaje a la sangre derramada por los héroes catalanes y escoceses en su lucha contra el imperialismo hispano británico y tal.

La cuestión es que pocos se han planteado siquiera discutir la enorme memez que implica semejante proclama... Y es que así, al pronto, siguiendo ese razonamiento, entonces en Gales, Irlanda del norte o en la mismísima Inglaterra la democracia ha sido derrotada, ya que allí no han votado... Ni siquiera los cientos de miles de escoceses que residen en el resto de Gran Bretaña han podido hacerlo.

Desde el nacionalismo, ya sea el catalán o el escocés, se usa la trampa del lenguaje y la ignorancia de la ley para crear frases más o menos ingeniosas encaminadas a dotar de convicciones sus argumentos. El problema es que esos argumentos no resisten el más mínimo análisis racional, puesto que siempre se dirigen a soliviantar las emociones, que es lo que les da mejores réditos.

¡Que vote la gente!

Así, aseveran que la mejor muestra de calidad en una democracia es dejar que la gente vote, ya que es la única forma de saber cuál es la opinión de los ciudadanos. Confunden deliberadamente las palabras consulta y referéndum, y mezclan sin pudor conceptos como legitimidad, voluntad popular, libertad y democracia en un potito extraordinariamente fino y fácil de tragar y digerir a una opinión pública desoladoramente falta de ganas de cuestionarse las cosas.

Si fuera tan sencillo como lo plantean, entonces Corea del Norte sería un paraíso demócrata... O Irán, otro gran ejemplo, donde los ciudadanos tienen garantizado el derecho a voto y también garantizado el ganarse una buena tanda de latigazos por atreverse a bailar una cancioncilla pegadiza y hacerlo público.

 Todos los nacionalismos actúan de la misma forma. En Escocia o en Cataluña, hace cien años o anteayer. Apelan directa y tramposamente a la víscera, al sentimentalismo. Construyen un discurso plagado de agravios y quejas, identifican al no nacionalista como el enemigo a derrotar, el otro, vago e ignorante, que les roba y no les deja progresar, se inventan un pasado épico y glorioso y prometen un futuro brillante, pleno y rico, donde el otro no tiene cabida y por descontado, se arrogan la única legitimidad democrática.

Naturalmente, el único resultado que aceptan es aquel que es favorable a sus intereses, ya que de ser contrario entonces es rápidamente soslayado.

Ni una semana ha tardado el líder independentista escocés, Alex Salmond, el fullero, en olvidar sus proclamas de que no se volvería a repetir el referéndum en "una generación" y advertir que no descarta una declaración unilateral de independencia si su partido logra una mayoría amplia en las elecciones de 2016.

Aquí, en Cataluña, el MHP Artur Mas continúa en su empeño de perpetración de un enorme fraude de ley el próximo nueve de noviembre. El President quiere pasar a la historia como el gobernante más astuto y capacitado que dio jamás la patria catalana. Pero está atrapado entre la imposibilidad legal de una consulta con una pregunta que excede sus competencias y la presión insoportable que le aplican sus socios de gobierno de ERC y algún que otro iluminado que habita en su propio partido. Y hacer el ridículo frente a lo que anhela sean sus homólogos mundiales es demasiado para su ego, por lo que busca a la desesperada soluciones que le permitan no vulnerar la ley, consultar a los catalanes, agotar la legislatura, presentarse en Europa como un líder capaz de gestionar la horrorosa crisis económica que padecemos, esquivar los numerosos casos de corrupción que le acechan y ser el padre de la neopatria catalana.

Parece una misión imposible... Pero el nacionalismo es trilero por naturaleza, así que en los próximos días vamos a escuchar auténticas virguerías dialécticas destinadas a distraer la atención de los cubiletes jurídicos en los que el MHP y el resto de los secesionistas pretenden hacernos creer que  está la bolita llamada democracia.

Y no esperen gran cosa del gobierno de España. Lleva años mirando alelado la velocidad a la que mueven las manos los expertos del trile.


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