Luces en la niebla

¡Quiero un unicornio!

Quiero un país donde mis hijos tengan futuro. Quiero un país sin independentistas. Quiero un país donde los ciudadanos sean consultados tantas veces como haga falta. Quiero un país que sea una referencia en el mundo. Quiero un país entero y de todos. Quiero un país que respete sus espacios naturales. Quiero un país con oportunidades de educación para todo el mundo. Quiero un país que se deje guiar por el sentido común. Quiero un país donde mis hijos estén orgullosos de estar. Quiero un país donde el que busque oportunidades las encuentre. Quiero un país donde las mujeres elijan libremente si quieren ser madres. Quiero un país vivo. Quiero comenzar el día en un país nuevo. Quiero un país donde sólo llueva los días que hay cole. Quiero un país que juegue mundiales. Quiero un país que madrugue pero que duerma tranquilo. Quiero un país que vaya sobre ruedas. Quiero un país donde sólo los besos nos tapen la boca. Quiero un país donde haya helado de postre cada día.

Quiero, quiero, quiero... Después de la suspensión cautelar, ésta es la nueva campaña con la que se nos castiga por doquier. Tanto en prensa, donde se colocan anuncios con estos deseos, como en carteles pegados por toda la geografía catalana.

Una campaña infantil y perversa

Como podrán comprobar, la lista de deseos roza el infantilismo. No es de extrañar, cualquiera puede entrar en la página web de la campaña y colocar su chorradita para que sea inmortalizada en pasquines amarillos. Sin embargo, cuando se analiza con un poquito de atención, las risas por las bobadas que se dicen dan paso a una sensación de gran desasosiego, porque la visión del país que desean tiene muy poco de ingenuo o candoroso y un mucho de totalitario. Quiero un país sin independentistas. O lo que es lo mismo, en el nuevo país no caben los secesionistas, aquí todos bien apretujados, que los independentistas sólo son para los demás, para los españolazos... Quiero un país entero y de todos. Quede claro. No toleraremos disensiones, aventuras secesionistas ni milongas para el estilo. El nuevo país catalán será uno, entero y libre. ¿Les suena a algo?

Quiero un país que madrugue pero que duerma tranquilo. Golfos, vagos y trasnochadores no tendrán cabida, hasta ahí podríamos llegar. Quiero un país con la escuela en catalán. Bueno, esto ya lo tienen, pero por sí acaso mejor dejar claro que el castellano seguirá siendo excluido de las aulas.

Este me gusta mucho, es un gran ejemplo de pensamiento mágico: Quiero un país sin corrupción ni recortes. Si, si, que lo han leído bien, Cataluña, un país sin corrupción ni recortes, como si los corruptos no anidaran cómodamente en las instituciones catalanas o como si los que recortan no fueran catalanes...

Explíqueme Ud. porqué no quiere un país así.

Y lo mejor de todo es que la ANC ha movilizado a una cantidad ingente de voluntarios para ir puerta a puerta por todos los hogares catalanes que puedan abarcar con el fin no de darles la brasa secesionista a sus moradores, sino al revés, para que sean éstos los que tengan que dar explicaciones de por qué no van a querer votar para tener ese paraíso en la tierra...

Con la excusa de efectuar una colosal encuenta, la ANC va a poder elaborar un listado de quiénes son y dónde viven aquellos catalanes desafectos al prusés. Esos encuestadores cuya presidenta, la siniestra señora Forcadell, señaló públicamente a los miembros de Ciudadanos y del PartidoPopular como enemigos del pueblo, esos mismos, van a ir marcando los hogares catalanes. Calle de la Amargura número siete, quinto B. El encuestado se muestra claramente favorable a la secesión y asegura que acudirá entusiasmado a votar el nueve de noviembre. ¡Hala, a la lista de buenos catalanes! Calle de la Amargura número siete, quinto C. La encuestada se muestra reacia siquiera a abrirnos la puerta. A la lista de malos catalanes va...

No sé a ustedes, pero a mí todo esto me produce una gran inquietud, y no me negarán que apesta a totalitario. Pero claro, lo que trasciende es la mezcla entre ilusa y ridícula de la campaña, con una Karmele Marchante como inauguradora oficial junto a ese otro personaje, Josep Rull.

Así que a mi si me preguntan qué quiero, les diría que para empezar quiero un país donde se cumplan las leyes y se acaten las decisiones de los tribunales. Ya puestos, quiero un país que defienda a sus ciudadanos de la intolerable presión ejercida por las oligarquías que pueblan nuestras instituciones. También quiero un país donde la separación de poderes sea efectiva. Quiero que no ataquen la sede de Ciudadanos en mi ciudad cada dos por tres. Quiero que no apedreen los autocares de Sociedad CivilCatalana.Y quiero un unicornio. O dos.


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