Libertad 2.0

Que no nos salve el gobierno

Se ha desatado estos días atrás una agria polémica contra el programa estrella de Telecinco, “Sálvame”. Un programa a ratos simplón cual debate en el Congreso de los Diputados, pero magistralmente realizado, que vino a revolucionar el mundo de la televisión en plena crisis económica, al lograr la cadena un producto de éxito de bajo coste, larguísimo de duración, casi eterno. Programa en que casi todos sus protagonistas acaban siendo un producto de la moderna telerrealidad, que muestra miserias e intimidades de un grupo de famosillos, y si no lo son me los invento, sin ningún tipo de pudor. Chafardeo puro y duro del de toda la vida de dudoso gusto, pero que nadie se toma en serio. Evasión y entretenimiento.  Pero sigamos con la polémica. Que pone de manifiesto tanto la hipocresía de buena parte  de nuestra sociedad, como la falta de democracia y la existencia de un Estado Minotauro que no deja resquicio alguno a la libertad individual.

Lo de “Sálvame” me recuerda al dueño de la cadena, Silvio Berlusconi, ese señor al que nadie en Italia votaba, pero que luego arrasaba en las elecciones

Vayamos con la hipocresía. A mí, qué quieren que les diga, lo de “Sálvame” me recuerda al dueño de la cadena, Silvio Berlusconi, ese señor al que nadie en Italia votaba, pero que luego arrasaba en las elecciones.Que ya se sabe que aquí en la España de las faltas de ortografía a gogó, de cara a la galería, todo el mundo es fiel seguidor de “los documentales de la 2”. El voto oculto, que lo llamaría Arriola. Porque ahí están datos de audiencia, que es la democracia televisiva, la democracia del mercado (poco libre, porque las teles están sujetas a concesión administrativa), en donde cada día los usuarios deciden por qué producto votan. Y resultan incontestables. “Sálvame” gusta. Mucho. El por qué sería motivo de otro análisis. La infantilización de la sociedad, sin duda, mucho tiene que ver.

Pues bien, ahora el gobierno de la crisis de Estado, a través de un ente burocrático de nombre orwelliano llamado Sala de Supervisión regulatoria de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, quiere obligar a Telecinco, bajo amenaza de graves sanciones económicas,  a cambiar los contenidos del programa. Como si esto fuese Cuba o Venezuela.  La excusa, un código de autorregulación, eufemismo para la autocensura.  De fondo, la presión ejercida fundamentalmente por dos lobbies de presión, la “Asociación de Usuarios de la Comunicación” y “Telespectadores Asociados de Cataluña”, que denuncian los contenidos del programa. Pero que en lugar de pedir que  se boicotee su emisión, contra lo que una no tendría nada que objetar, ya que yo boicoteo a diario muchos programas apagando la televisión o apenas encendiéndola, corren indignados a refugiarse detrás de Papa Estado. “Mariano, Mariano, mira lo que han dicho en “Sálvame”. ¡Haz algo! ¡Sálvanos!¡Blanqueálo!”.  Bobos, la audiencia se irá a Internet.

Es decir, que tales organizaciones, cual sindicato vertical comebogavantes, se han erigido en portavoces de la audiencia, esa que cada día respalda por miles la emisión de “Sálvame”, y, secuestrando la libre decisión individual de cada español para encender su televisor o cambiar de canal, han decidido exigir se aplique la censura y que el gobierno se apreste a concederles la petición.

Un horario en el cual los padres renuncian a su responsabilidad principal, que es la educación de sus hijos, para dejarlos en manos del Estado, del gobierno o de los señores de estas asociaciones  

Uno de los argumentos más utilizados, por eso de llevarse al huerto del totalitarismo al personal, que es muy sentimental y fácilmente manipulable, se basa en que “Sálvame” se emite “en horario infantil”. Uno de los grandes logros alcanzados a golpe de despojo legal por dichas organizaciones y que debe de ser un horario en el cual los padres renuncian a su responsabilidad principal, que es la educación de sus hijos, para dejarlos en manos del Estado, del gobierno o de los señores de estas asociaciones. Y es que, según los lobbies, los niños ven “Sálvame”, mientras sus irresponsables progenitores le piden a Mariano Rajoy que se ocupe del mando de su tele. Mariano, por supuesto,  está dispuesto a acudir presto y solícito. Porque es por nuestro bien. Y por el de los niños.La responsabilidad individual, el derecho de los padres a educar a sus hijos, sustituido por el gobierno llamado a acudir por asociaciones de amantes de las caenas, siempre presente. “El Gobierno ha hecho la vista gorda con este programa durante cinco años”, destacan fuentes cercanas al Gobierno, leo entrecomillado en Vozpópuli.  Qué barbaridad.  

Verán, no seré yo quien defienda los contenidos de “Sálvame”, que me traen sin cuidado aunque me escandalice más el Telediario. Pero sí la libertad de Telecinco a emitirlo cuando le de la gana y la libertad del espectador de utilizar el mando a distancia para apagar la televisión. Así como mi derecho a que el Estado no se me meta en casa y pretenda ocuparse de mis hijos,  por más que sean miles los biempensantes quienes así lo piden. Defiendo mi derecho a que los niños vean “Sálvame” o a que no lo vean. El criterio que debe de prevalecer, en cualquier caso, es el de sus padres. A mí no me engañan. No es por nuestro bien. Es por tener el control.

Señores, se empieza censurando “Sálvame” y se acaba con un Aló Presidente de 24 horas. Siempre ha sido así.


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