Libertad 2.0

Es la política, no la economía

Permítanme meterme en la polémica abierta estos días entre dos magníficos economistas y docentes, la profesora Blanco y el profesor Rallo, alrededor del tema de la democracia, que es un tema político, no económico. Y de ahí acaso la confusión.

El fin del populismo, de todo populismo, no es redemocratizar nada, sino tomar el poder, las instituciones y perpetuarse en las mismas

Comienza el profesor Rallo su intervención alabando a Podemos, de quien sostiene erróneamente que la idea que ha caracterizado a dicha formación es la de “redemocratizar las instituciones políticas españolas”. Vamos, que ha comprado el discurso populista de Pablo Iglesias, Monedero y Errejón. Empero, el fin del populismo, de todo populismo, no es redemocratizar nada, sino tomar el poder, las instituciones y perpetuarse en las mismas, sustituyendo una oligarquía –todo poder es oligárquico- por otra mucho más cruel, haciendo desaparecer por completo cualquier control sobre el poder. Que se lo digan a los de Venezuela.

Lo que defiende Podemos, y el profesor Rallo considera “redemocratizar”, es un Estado omnipresente –otro error de Podemos en un momento en que el Estado ha pasado de omnipresente a Minotauro, dejando de garantizar vida y propiedad-, alejado de la democracia participativa. ¿Democracia participativa en Podemos? Nuevamente el profesor Rallo le compra el argumento al amo de los círculos y de “la voz del pueblo”. A ese, el de las “listas plancha” que ansía controlar férreamente el grupo parlamentario que pudiera salir de las urnas en las próximas elecciones generales. De ahí las broncas internas que sufren los podemitas estos días. Podemos niega el pluralismo, defendiendo en su lugar la “hegemonía”, el “bloque hegemónico”, el “núcleo irradiador” (no se rían). Tres lecturas de Gramsci, Laclau o del propio Errejón bastan para comprender esto. Así pues, la premisa de la que parte el profesor Rallo no puede ser más falaz. Y peligrosa por cuanto confiere, de la mano de un reputado liberal, vitola democrática a los antidemócratas.

Pero es que además el profesor Rallo sustituye el concepto de que la democracia es el menos malo de los sistemas, que lo es, por la afirmación, en el fondo utópica, de que “la democracia es un mal sistema”, confundiendo el consenso socialdemócrata instaurado en 1978, posteriormente sacralizado por el pensamiento único, con la democracia. Un sistema en el que no hay ni división de poderes (en el colmo del despropósito, silentemente aceptado por el pueblo español, existe un banco azul en el Congreso que representa la fusión entre ejecutivo y legislativo; del judicial sobran los comentarios), ni representación (listas cerradas y bloqueadas). No hay libertad política, conditio sine qua non de la democracia. Que es una sola y para nada un concepto discutido y discutible.

Por supuesto que la democracia, que no pretende la perfección típica de los ideólogos utópicos, tiene problemas y defectos. Señala aquí el profesor Rallo como uno de ellos la propia naturaleza humana (“sesgos individuales” – el votante se deja llevar por impulsos, corazonadas y percepciones torcidas sobre la realidad-) como defecto. ¿Pretende acaso decirnos que el anarcocapitalismo conllevará el advenimiento, tan buscado por todas las ideas totalitarias, del hombre nuevo, los súper hombres, en su caso el homo economicus?

La democracia, la política, no debe abarcar todos los aspectos de la vida del hombre, puesto que no es más que la forma en que el poder se relaciona con las personas

Cae además el profesor en el error de confundir democratismo, la religión laica estatista que considera la democracia un fin en sí mismo, con la democracia, cuando habla de “imperialismo democrático”. La democracia, la política, no debe abarcar todos los aspectos de la vida del hombre, puesto que no es más que la forma en que el poder se relaciona con las personas. No es lo mismo la política que la politización. Otra diferencia que el profesor Rallo no intuye. El democratismo por su parte, y eso incluye a la democracia deliberativa tan del gusto de Rodríguez Zapatero, no es más que la democracia totalitaria contra la que ya advirtiera en su día Alexis de Tocqueville.

Y es que en todo el artículo subyace un claro desprecio hacia la democracia y el derecho, el gran error del anarcocapitalismo, en el fondo una suerte de tecnocracia socialdemócrata –una de cuyas características es el economicismo-, un mayo del 68 reloaded.

El mejor argumento a favor de la democracia, en contra de lo expuesto, es una conversación de cinco minutos con los dirigentes de Podemos. O la relectura del artículo del profesor Rallo.


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