Libertad 2.0

¿Cuál es la novedad en UPyD?

Llegando casi al  final de la crónica de una muerte anunciada, no podía ser de otra forma, resulta que los modos y maneras leninistas de la formación magenta de Rosa Díez, porque UPyD es Rosa Díez y ya está, parece acabaran de ser descubiertos por numerosas personas. Personas quienes hasta ayer elogiaban la “democracia interna” y el regeneracionismo que decían representaba el partido.  En un Estado de Partidos. Tela. Empero, nada nuevo está sucediendo en UPyD. Lo que hoy se conoce, la expulsión de los disidentes, algunos de ellos llegados a última hora como Toni Cantó y otros militantes de toda la vida como Fernando Maura, no es nada nuevo ni debería sorprender.

Una vez fuera del PSOE, Rosa Díez proclamó que seguía siendo socialista. En el conservador y madrileño Barrio de Salamanca, que nutrió de votos a UPyD, no se debieron de enterar

Corría el año 2007 cuando un grupo de personas, casi todas ellas provenientes de la asociación cívica Basta Ya, decidieron fundar, después de alejar del proyecto a cualquiera que pudiera hacer sombra a Rosa Díez, la llamada Plataforma Pro, que serviría para impulsar el proyecto personal de la entonces aún diputada del PSOE. Atrás quedaba el Congreso de la histórica formación en que las bases, acaso en la peor decisión que han tomado en sus décadas de existencia, se decantaron mayoritariamente por el contador de nubes, José Luis Rodríguez Zapatero, dejándola a ella, quien acusaba al presidente del gobierno de “traicionar los principios del partido”, supurar por la herida. Sólo sacó 65 votos. Consumado el abandono de la histórica formación, Rosa Díez proclamó que seguía siendo socialista. En el conservador y madrileño Barrio de Salamanca, que nutrió de votos a UPyD, no se debieron de enterar. “Hay que aclarar a los ciudadanos que los partidos son de ellos, de los militantes y simpatizantes y no de quienes ganan los congresos”, decía Rosa Díez a mediados de agosto de 2007. Ven y cuéntalo. El cuento chino de la democraciainternadelospartidoscomo eterna excusa para proyectos personales que nada tienen que ver con la democracia. En eso están todos.

Sigamos. Creado el partido, después de una extraña reunión que tuvo lugar en la capital de España y a la que asistieron los entonces mandamases de UGT y CC.OO., Méndez y Fidalgo, fueron 127 las personas que conformaron el Consejo Político de UPyD. Entre ellos gentes como Albert Boadella, Mikel Buesa, Fernando Iwasaki o Fernando Savater. Dos años después, en 2009, más de 75 personas lo habían abandonado. En 2014 eran 105 las bajas.  Hoy, queda menos de una decena. En defensa de Díez hay que decir que ella jamás quiso un partido de militantes y que jamás engañó a nadie. Los decepcionados querían creer.

Una vez logrado el objetivo, que era el escaño de la jefa en el Congreso de los Diputados, alcanzado con la ayuda de un sector del PP que veía en Díez una herramienta para, por un lado, frenar al PSOE, y por otro fastidiar a Mariano Rajoy, así como por un par de medios de comunicación con gran influencia entre el electorado del centro-derecha de esos que hoy se dedican a pelotear a los naranjas, la cosa no tardó en cambiar. La persecución de cualquiera que osara llevar la contraria a los dirigentes del partido, que siempre han sido los mismos tres, Díez, Gorriarán y Fabo, se convertiría en la tónica habitual, provocando la salida de centeneras de afiliados, muchos de ellos nuevos en esto de la política y que aún a día de hoy siguen profundamente decepcionados. En las elecciones vascas de 2008 en que Gorka Maneiro consigue su escaño, entre otras cosas por la generosidad de los Ciudadanos de Albert Rivera (Díez le devolvió el favor fichando con nocturnidad y alevosía a Antonio Robles, lo que provocó la salida de los militantes de UPyD en Cataluña y heridas entre ambas formaciones que nunca se han cerrado), quienes renunciaron a concurrir a los comicios y pidieron el voto para los magentas, se llegó al extremo de espiar lo que pudiera decir entre pegada y pegada de carteles alguna militante por su cercanía a la “disidencia”. Como en los mejores tiempos de la URSS, como hoy en Cuba. En Radio Inter, casi en solitario, lo contamos en su día.

El joven Valia Merino, quien osara presentar candidatura contra Rosa Díez en el I Congreso de la formación, acabó como era de esperar: expedientado y suspendido de militancia

El joven Valia Merino, quien osara presentar candidatura contra Rosa Díez en el I Congreso de la formación, acabó como era de esperar: expedientado y suspendido de militancia, como otras tantas decenas de militantes antes, durante y después. Ni que decir tiene que estos expedientes muchas veces se abrían para evitar la concurrencia a procesos de primarias y jamás se cerraban porque antes el expedientado abandonaba decepcionado la formación. La salida del profesor Mikel Buesa, a quien el hoy candidato a la presidencia de la Comunidad de Madrid, Ramón Marcos, hizo la vida imposible, sólo era cuestión de tiempo. Acerca de la Fundación Progreso y Democracia, cuando el mensaje que se lanzaba a los ciudadanos es que se estaba en contra de este tipo de inventos, tiempo habrá de escribir.

Hoy, muchos de los que andan por ahí dándose golpes en el pecho fueron cómplices, cuanto menos con su silencio, de las purgas.  Son peores que lo que denuncian. Porque se lo deben todo.  De Irene Lozano a Clavet.

Lo sorprendente en algunos casos es que Ciudadanos --a medio plazo si cometen el error la factura será alta-- se apreste a acogerlos. Pero la memoria es muy corta; y la política, como es sabido, hace extraños compañeros de cama y más en un partido necesitado de cuadros. Cuidado.


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