Libertad 2.0

Cuando se normaliza lo anormal

Se ha conocido este lunes que, mientras los jetas de Caja Madrid pagaban sus copas en locales nocturnos de moda, las cápsulas de Nespresso, sus instrumentos musicales y hasta la lencería de sus ligues a cargo de unas tarjetas de crédito opacas que iban a la cuenta de quebrantos de Caja Madrid (al mismo sitio a dónde van los gastos causados con tarjetas robadas), emitían preferentes. Ese timo que ha llevado a la ruina a miles de familias, muchas de ellas parejas de jubilados que lo han perdido casi todo. “Y eso que habíamos engañado a los clientes”, escribe eufórico Miguel Blesa al directivo que le anuncia la colocación de millones de euros en dicho producto tóxico entre su clientela.

¿Quién controla al controlador?

Caja Madrid es la caja de la oligarquía. Una Caja saqueada sin piedad, que les permitía a estos parásitos, como magníficamente describen Javier Castro-Villacañas y Luis Suárez Jordanaen su libro “Blesa, el lobo de Caja Madrid” (Esfera de los Libros) que se presenta mañana en Madrid, vivir a cuerpo de rey a cuenta del contribuyente, quien ha tenido, sin que el gobierno de Mariano de Rajoy haya considerado que el escándalo Blesa también les salpica por ello, que pagar el rescate.

¿Acabará el PP expulsando de Génova a Rodrigo Rato o a Fernández Norniella? 

Más de 10 personas han sido obligadas a dimitir a causa del escándalo de las tarjetas black. El PSOE parece que va a expulsar a los 16 militantes de su formación implicados en el asunto. Y eso incluye al ex ministro Virgilio Zapatero, quien se defiende argumentando que devolvió la pasta.  Lo nunca visto. ¿Acabará el PP expulsando de Génova a Rodrigo Rato o a Fernández Norniella? Parece un imposible.

Pero, ¿qué pasa con el Banco de España, recuerden a MAFO, que permitió la comercialización de las preferentes por parte de casi todas las cajas de España? ¿Y con Hacienda, que tuvo conocimiento en el año 2007, gobernaba José Luis Rodríguez Zapatero, de la existencia de estas tarjetas opacas? ¿Es normal lo de la Consejería de Economía de la Comunidad de Madrid, que no hizo nada cuando los consejeros de Caja Madrid se concedían autocréditos sin su preceptiva autorización?

La violencia, silenciada

Domingo 12 de octubre. Un grupo de familias leridanas se animan a acudir en autocares de la plataforma cívica Societat Civil Catalana a la concentración convocada con motivo de la fiesta de la Hispanidad en Barcelona. Son padres, madres y niños que, portando banderas españolas y senyeras catalanas, han decidido plantar cara al régimen de los Pujol, establecido en Cataluña en 1978. Porque allí ir a celebrar la fiesta nacional española en pleno proceso secesionista, es ir plantar cara a todo un régimen. La primera anormalidad convertida en normalidad. Sigamos. Cuatro autocares se disponen a partir, tres de ellos llenos, el cuarto y último en salir, con sólo veinte pasajeros. Y es justo cuando este cuarto autobús se dispone a arrancar, los otros tres ya han partido rumbo a su destino, cuando una docena de encapuchados rodean el vehículo. Uno de los enmascarados, aprovechando que aún la puerta delantera permanece abierta, accede al interior del bus e insulta, los epítetos son los habituales que ustedes bien se pueden imaginar, a los asustados pasajeros. Al notar que dos o tres personas comienzan a reaccionar, desciende. El conductor cierra la puerta. Es en ese momento cuando los doce terroristas callejeros, porque eso es lo que son, y apedrean el autobús, contra el cual pretenden incluso lanzar vallas. En la prensa este ataque, apenas sí aparece. Sí nos enteramos de que hubo una manifestación de doscientos totalitarios salidos a las calles a protestar porque hay familias en Cataluña que se sienten españolas.

La tecnocracia no es política.

Javier Rodríguez, Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid después de la defenestración de una de las mejores cabezas del PP madrileño, la de Javier Fernández-Lasquetty, es tan buen médico y buen gestor como pésimo político. Y está en política. Sus intolerables declaraciones, producidas en comparecencia solicitada por él mismo a ver si pescaba algo de protagonismo para su Comunidad en la crisis del ébola –y en menudo lío ha metido a Ignacio González-, deberían haber sido causa inmediata de cese o dimisión. En política cargar contra quien voluntariamente atendió a un moribundo poniendo con ello en gravísimo riesgo su vida, como es el caso de Teresa Romero, es causa suficiente para mandar al personaje a su casa. Tenga o no razón en su alusión al fallo humano que podría haber cometido la auxiliar de enfermería contagiada.  Además, como él mismo presume, tiene recursos de sobra y no necesita la política. Ni la política le necesita a él.

El gobierno y los medios privados.

Edición en catalán de un diario en quiebra. Grupo que en una economía libre habría cerrado hace mucho por sus deudas.  A la presentación acuden, prestos y dispuestos, casi genuflexos, tanto el gobierno como la oposición. Soraya Sáez de Santamaría y Pedro Sánchez. Manda Juan Luis Cebrián. Y no pasa nada. En España esto es tan normal como que un grupo de periodistas acudan ufanos, invitados, a finales de fútbol, como la que tuvo lugar en Lisboa hace unos meses o se van al Mundial pagando Iberdrola. La oligarquía hace tiempo que no tiene inconveniente en mostrarse abiertamente. Al fin y al cabo, nadie protesta. Es lo normal. En un Estado de Partidos en donde lo anormal se ha normalizado.


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