Libertad 2.0

El hundimiento del régimen de 1978

Es sólo cuestión de tiempo. El régimen de 1978, en realidad un Estado de Partidos implantado en España gracias a la carta otorgada negociada a espaldas de los ciudadanos por las oligarquías, con inclusión en ellas de los nacionalismos y la extrema izquierda –lo que explica la obsesión mostrada por Rodríguez Zapatero durante sus mandatos por incluir a la banda terrorista ETA en el consenso; obsesión que pervive de la mano del Partido Popular, el otro gran partido del consenso-, es ya cadáver. Lo era hace mucho, pero la abdicación real, al fin y al cabo desde 1978 vivíamos en el juancarlismo, fue su certificado de defunción. El nuevo monarca, como Pedro Sánchez en el PSOE, no acaba de encontrar su sitio, por más que se esfuercen los cortesanos.

Lo de Podemos es la sustitución de unas oligarquías por otras mucho más crueles

El PPSOE da alas a Podemos

Pablo Iglesias, la cabeza visible del totalitarismo amable a lo Venezuela, en donde no hay manera de que Nicolás Maduro libere a los presos políticos, lo tiene claro y anuncia que, caso de llegar Podemos al poder, y llegarán en dos comicios si Soraya Sáenz de Santamaría, Mariano Rajoy y Cristóbal Montoro, es decir, los socialdemócratas del PP, siguen empeñados en despreciar la política e imponer una suerte de tecnocracia ineficiente y contraria a las preocupaciones de los españoles, cambiarán el régimen. A algo mucho peor, que en realidad es más de lo mismo, pero corregido y aumentado. Porque lo de Podemos es la sustitución de unas oligarquías por otrasmucho más crueles y la visibilización máxima, en forma de partido único, de lo que ya padecemos, que es el consenso. Y llegarán con los votos no sólo de la extrema izquierda que hasta ahora se refugiaba en esa entente un tanto absurda llamada Izquierda Unida, que desde que se fuera Julio Anguita no ha vuelto a ser lo que era, sino también con los votos de los cabreados del PP, que se cuentan por legión, aunque a Pedro Arriola le importe una higa. Cree el gurú de los populares que de aquí a las elecciones generales conseguirán salvar el partido. No se entera de nada.

Mariano Rajoy, por su parte, tiene la solución: la Grosse Koalition entre el PP y el PSOE que ya defendiera en su día Felipe González. Es decir, el consenso. No se dan cuenta que el problema es mucho más profundo que retener el poder otros cuatro años, que es lo más que duraría tal acuerdo, para luego dar paso al chico de la coleta. España está necesitada de una verdadera regeneración política, de una apertura que fue negada en 1978. España necesita libertad política. Y la necesita ya. Si no, el horizonte se aparece, como también sucede en otros países de Europa –en Francia la victoria de la socialista Marine Le Pen no es ya una ensoñación-, muy negro. La desaparición del Estado-nación, la implosión de la socialdemocracia, podrían dar paso a un periodo de dictaduras.

Pero a Mariano Rajoy, mucho menos a Soraya, no le preocupa. Están en otra cosa. En expulsar a José María Aznar, a quien se lo debe todo, de FAES. No se da cuenta que él es el último de los aznaristas y que deberá, en su momento ser apartado para borrar cualquier recuerdo del gobierno que, durante unos meses, consiguió que los españoles recuperasen la ilusión y que por ello fue premiado con la primera mayoría absoluta del centro-derecha, que fue la del año 2000. Y sobre la que se asienta la mayoría absoluta que hoy tiene el gobierno, que está dilapidando el mayor poder territorial y político concedido por los españoles a un partido político desde 1982.

Que UPyD ya no representa nada nuevo es algo que no necesita ni explicación

Enrique Clavet contra Rosa Díez

Quien sí se entera, menuda es, y por ello anda cual alma en pena por los pasillos del Congreso de los Diputados, es Rosa Díez. Que UPyD ya no representa nada nuevo es algo que no necesita ni explicación. Después de la dimisión y salida de la formación de Sosa Wagner, quien permaneció mucho tiempo mudo mientras otros compañeros eran fusilados al amanecer como luego lo fue él, Enrique Clavet, su sustituto, parece empeñado en no comerse el turrón en la formación magenta. Y es que ha dicho lo que piensa casi toda la militancia, salvo Martínez Gorriarán, José Luis Fabo y Toni Cantó –no se entera de nada y está agradecido porque le han quitado de en medio a la competencia en Valencia-: que Díez está llevando a la formación al desastre. Albert Rivera tiene que estar muerto de risa después de lustros de desprecio de Rosa Díez.

El régimen catalán ha entrado en fase de descomposición, aún más rápidamente que el del resto del país

El régimen catalán, en descomposición

El consenso que anda estos días desnortado, después de que sus tradicionales compinches de CiU se hayan echado al monte, como se veía venir desde hace lustros, y que parece incapaz de meter en vereda al desbocado Artur Mas. Ni siquiera la operación judicial puesta en marcha contra la banda de Jordi Pujol ha sido suficiente. El régimen catalán ha entrado en fase de descomposición, aún más rápidamente que el del resto del país. Que la independencia, cuya proclamación unilateral está planificada para el próximo año 2015 después de unas elecciones autonómicas de carácter plebiscitario, como siempre fue el plan del separatismo aunque Moncloa no se haya enterado, suponga el empobrecimiento de los catalanes y una tasa de paro del 34%, como mostraba Societat Civil Catalana la pasada semana en un estudio presentado a los medios, a sus dirigentes, a la oligarquía catalana, no les preocupa lo más mínimo.


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