Libertad 2.0

Las encuestas del miedo

No se habla de otra cosa en los mentideros. Las encuestas que aparecen publicadas estos días atrás en los medios de comunicación sitúan a Podemos como segunda o incluso como primera fuerza política. A la caída, por mérito propio después del paso por Ferraz de ese Atila llamado Rodríguez Zapatero, de un PSOE que parece no tener suelo, se suma una ligera remontada del PP y la aparición en escena de Ciudadanos. Remontada de los populares que dicen los maledicentes habría ocultado en parte el CIS por eso del arriólico intento de movilizar a  tres millones de votantes muy enfadados con la opción política de su preferencia después de años de incumplimientos, subidas de impuestos y sustitución tecnocrática de la política. Tres millones de votantes de lo que se conoce como centro derecha que aún no se han decantado por una opción alternativa y que se encuentran ocultos en ese 40% de encuestados que dicen van a abstenerse o no quieren declarar su intención de voto. Una enorme bolsa de voto oculto, que quizá no sea conveniente que aflore por eso de movilizar gracias al miedo a Podemos, visto que lo de la recuperación económica a la cual los economicistas lo fiaban todo, no parece funcionar.

En Génova, por más que pudiera sorprender, no preocupa tanto el ascenso de Podemos como la irrupción en escena de la formación política de Albert Rivera 

Es por ello que en Génova, por más que pudiera sorprender, no preocupa tanto el ascenso de Podemos como la irrupción en escena de la formación política de Albert Rivera. El gurú demoscópico que no previó la irrupción de Podemos en el panorama político, no ha tenido tampoco en cuenta la posibilidad de que los naranjas, que se definen como partidarios del “liberalismo progresista” y el “socialismo democrático” (¿mande?), consigan llevarse el voto descontento con su cliente.  De ahí, reza la conspiranoia que quizá no lo sea tanto, la divergencia entre la encuesta de Metroscopia y la del CIS. Mientras que la primera otorga a Ciudadanos una intención de voto por encima del 12%, el CIS rebaja sus expectativas hasta poco más del 3%, por debajo de UPyD.  No vaya a ser que a los votantes enfadados se les ocurra pensar que puede haber otra opción de voto útil que no sea al PP. Al final, en el término medio estará la realidad. Antes, tocan elecciones municipales y autonómicas y en ellas las dos formaciones emergentes se la juegan. Si les sale bien, su ascenso, uno meteórico, el otro más moderado, será imparable. Si les sale mal, podría comenzar la caída. De cómo hayan gestionado las candidaturas a los comicios de mayo, así como de los pactos postelectorales dependerá, en buena medida, su resultado en las próximas elecciones generales.

Lo que sin duda es cierto, es que UPyD está muerto y Rosa Díez no lo sabe. La militancia magenta anda estos días entre furiosa y triste. No entienden lo que está sucediendo. Acaso ¿alguien se imagina al partido de Rosa Díez sin Rosa Díez? La diputada Irene Lozano, de bolos con el patético Máximo Pradera (qué empeño el de los dirigentes de UPyD en enfadar a sus posibles votantes), no heredará, si es que lo hace, más que ruinas.

Un 20% de los votantes españoles, según el CIS en su mayoría hombres de clase media y no siempre jóvenes, parecen dispuestos a dar su voto a una fuerza totalitaria

Sea como fuera, lo preocupante es que al menos un 20% de los votantes españoles, según el CIS en su mayoría hombres de clase media y no siempre jóvenes, parecen dispuestos a dar su voto a una fuerza totalitaria. Porque Podemos es un partido de corte totalitario. Bastante bananero, por cierto.  Una copia de la formación de Hugo Chávez, que ha dejado a Venezuela al borde de la quiebra y a más de 40 estudiantes muertos en las calles, mientras que en “la Tumba” se somete a torturas a la oposición.  Con la complicidad de los actuales dirigentes españoles.

Cuentan los venezolanos --decenas de miles de ellos se encuentran en el exilio-- que el referente de Iglesias, Monedero, Errejón y Alegre ascendió al poder gracias al voto de las clases medias y altas, así como gracias a la complicidad de buena parte de los medios de comunicación. Medios de comunicación ya cerrados casi todos ellos y con sus dueños en el extranjero. El chavismo, como ha sucedido siempre con las revoluciones marxistas, no llegó al poder, como piensan los insolventes, por el apoyo de los proletarios.

Los dizque marxistas es lo que tienen: no suelen haber visto a un obrero más que en foto. Y ni Venezuela ni España van a ser la excepción. 


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