Libertad 2.0

De elecciones, primarias y banderas de España

Pistoletazo de salida para las elecciones generales que, presumiblemente, tendrán lugar en noviembre. Sin previa crisis de gobierno, por más que los enteradillos asegurasen que se iba a producir un terremoto en Moncloa. No habrá tal. Como no lo ha habido en Génova 13, en donde el eterno perdedor Javier Arenas, siempre Javier Arenas, seguirá haciendo y deshaciendo a su antojo mientras Jorge Moragas representa la continuidad monclovita. El plasma. La salida de González Pons se daba por descontada desde hace un año, en que concurrió a las elecciones europeas. Lo de Pablo Casado, el mejor de los fichajes, se veía venir. Lo que no se entiende es la torpeza de nombrar a quien tiene que declarar en calidad de imputado por la ruina de las cajas de ahorro. No tienen remedio. Y es que Moncloa todo lo fía al miedo a Podemos, al pinchazo de Ciudadanos que anuncian las encuestas y a los regalos de última hora con dinero ajeno.

Para poder gobernar los de Rajoy tienen que movilizar al millón y medio de votantes que se les han quedado en casa estas pasadas municipales

Para poder gobernar los de Rajoy tienen que movilizar al millón y medio de votantes que se les han quedado en casa estas pasadas municipales. Y recuperar parte de los 650.000 votantes que se decantaron por Ciudadanos. Quizás, quién sabe dada la volatilidad del voto, les funcione. El miedo a la venezolinización y más después de los repugnantes espectáculos ofrecidos por Zapata, Soto, García Castaño y Rita Maestre al tiempo que Pablo Iglesias, a quien las victorias municipales pueden lastrarle el proyecto de toma de poder, defiende las tesis que siempre defendió Batasuna en diarios extranjeros, es cada vez mayor. Con ello no había contado Errejón. Como no había contado con que Manuela Carmena colocase tan rápidamente a la familia en el ayuntamiento de Madrid: ya saben, el marido de su sobrina ha sido colocado como jefe de gabinete. La nueva política también es nepotismo.

Sea como fuere, el caso es que en Moncloa no se enteran, como demuestran los cambios en el Partido Popular, que hace mucho que el problema del PP, no es la marca –vean el resultado de Cifuentes, cara nueva para los votantes-. El problema del PP se llama Mariano Rajoy, al que los votantes populares detestan. No le perdonan sus numerosos incumplimientos, que consideran traición de principios. En realidad, no hay sector del centro derecha que no esté cabreado como una mona con el presidente del gobierno. Un Rajoy que confía en superar el listón de los 150 diputados para poder formar gobierno la próxima legislatura pactando con Ciudadanos.

Pdr Snchz, por su parte, está convencido de que podrá gobernar en 2015 gracias a Podemos. Los pactos alcanzados en las municipales, algunos tan vergonzosos como los de los ayuntamientos de Valencia o Madrid, menuda factura van a pasar, han creado el espejismo. Como espejismo fue la enorme pantalla con bandera de España desplegada por Sánchez durante su proclamación como candidato a la presidencia del gobierno, tan criticada por sus propios compañeros de formación. Y es que bastaba con permitir a la militancia acceder al recinto con banderas de España. Lo de Sánchez, cuyo partido ha perdido votos en las municipales a pesar del batacazo del PP, es purito teatro. Se ha notado demasiado. Están llamados, si siguen así, a ser fagocitados por el chico de la coleta. Un Pablo Iglesias lo creó, quién sabe si otro Pablo Iglesias apagará la luz.

La centralidad no reside en pactar con todos menos con Compromís al tiempo que se trata a Podemos como a un igual. Tampoco en sustituir la política por el marketing y la democracia por el democratismo

El que no necesita envolverse en la bandera de España, porque lleva defendiéndola valientemente desde hace más de una década en Cataluña, es Albert Rivera, quien también presentará candidatura a la presidencia del gobierno. Se desconoce por el momento quién le acompañará en las listas, aunque el número dos podría ser una persona independiente. Pero Albert Rivera comienza a pinchar en las encuestas. Era lógico. La doble vara de medir utilizada en los pactos municipales, tibieza con Susana, la de la región más corrupta de España, y dureza con Cifuentes, cuando el 60% de sus votantes vienen de las filas del centro derecha ha sido un grave error. En Madrid lo de Ciudadanos, aunque no se diga en voz alta, se ha percibido como un chantaje. La centralidad, no se enteran, no reside en pactar con todos menos con Compromís al tiempo que se trata a Podemos, igual de totalitario que los de Oltra, como a un igual. Tampoco en sustituir la política por el marketing y la democracia por el democratismo, como cuando Rivera se autoproclama “vigilante” y “Gran Hermano”, lo cual en realidad es aberrantemente totalitario.

Además, la percepción del “consejos vendo que para mí no tengo”  que comienza a tener el respetable va a resultar muy perjudicial para los naranjas. Ya no es sólo la abrupta salida de Ciudadanos de Jaime Trabuchelli, el rival de Begoña Villacís, la preferida de Barcelona, es que los críticos comienzan a hacerse oír en los medios de comunicación. Las supuestas irregularidades se acumulan. Les está bien empleado por ignorar la ley de hierro y andar pidiendo primarias internas en lugar de representación política, es decir, el cambio de la ley electoral para que los ciudadanos podamos elegir directamente a nuestros representantes.

En todo caso, la campaña ha empezado. De aquí a que tengan lugar los comicios nuestros políticos se van a poner insoportables. Yo no les haría ni caso.


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