Libertad 2.0

De convenciones, broncas y ocurrencias

Se celebró este pasado fin de semana la Convención Política del Partido Popular. Una reunión, cerrada físicamente pero abierta virtualmente a militantes, que pretendía servir como revulsivo a unas bases desmoralizadas y a unos votantes algo más que enfadados,  que se han quedado en casa por decenas de miles después de casi cuatro años de gobierno de Mariano Rajoy. Sin embargo, lo que prometía ser el comienzo de algo se ha quedado en un cambio de logotipo sin más. Y los de siempre imponiendo los modos y maneras de siempre. Copiando la estética, que no la libertad política, americana, eso sí.  No hubo ninguna nueva idea, nada que genere la ilusión necesaria para sacar de casa a ese 20% que se niega a votar a su opción preferida debido al abandono, por parte de ésta, de los principios, los valores y la batalla de las ideas. La que no se ha dado. Porque se ha insistido en lo mismo de siempre. Mucha economía y poca política. Una lástima y quizá la última oportunidad perdida. Pedro Sánchez acecha de la mano de Pablo Iglesias.

Las nuevas caras pueden acabar achicharradas si el PP no baja a la calle, si no consigue reconectar con la sociedad española y crear ilusión

Se presentaron también las nuevas caras, jóvenes muchas de ellas –es lo de menos aunque la efebocracia sea una moda típica de sociedades en descomposición–, pero más que sobradamente preparadas. Del incombustible Pablo Casado, contra quien se están dirigiendo todas las críticas de la izquierda, a Cristina Cifuentes, quien hizo uno de los mejores discursos por lo que conllevaba de reconocimiento de responsabilidad en los resultados obtenidos, pasando por la catalana Andrea Levy, una verdadera revelación por su discurso. Pero no es suficiente y las nuevas caras pueden acabar achicharradas si el PP no baja a la calle, si no consigue reconectar con la sociedad española y crear ilusión. Algo muy difícil de lograr teniendo en cuenta que en política el crédito, la confianza, lo es todo. Mariano Rajoy, empeñado en ser candidato y en escuchar a Pedro Arriola, cuyo ascendente sobre los presidentes del PP más bien parece un maleficio, lo ha perdido irremediablemente.

Frente a los modos y maneras lentos, pesados, burocráticos y tecnocráticos del Partido Popular, que son los modos y maneras del PSOE,  se sitúa Podemos, quien  anda pinchando en las encuestas, acaso debido a las listas plancha para que Pablo se erija en dictador de la formación y las broncas internas, sumadas a las bobadas que sus representantes municipales están imponiendo en ciudades y pueblos. Un Podemos  que se había configurado inicialmente como partido-movimiento, lo que ahora les puede resultar un boomerang. La formación de Pablo Iglesias celebra desde el pasado viernes sus primarias, a las cuales se ha presentado como alternativa Sánchez Gordillo, alcalde de Marinaleda conocido como “el de los carritos del Mercadona”.  Unas primarias que pueden resultar decisivas para la formación, si la bronca con Ahora en Común, que ya avancé en este blog la pasada semana, no acaba en lista cremallera con los críticos, como reclaman los antaño partidarios de Rodríguez Zapatero. De mamá Bardem a Almodóvar. Sólo falta Willy Toledo.

Mientras, los despropósitos municipales de sus partidarios no cesan. Santiago Bernabeú, Dalí, Dionisio Ridruejo, Ramón Gómez de la Serna, Manuel Machado, Mártires de Paracuellos… son nombres de calles de Madrid que podrían desaparecer si Manuela Carmena decide seguir adelante en septiembre con la reinterpretación de la historia que pretende la izquierda radical, empeñada en ahondar en la dialéctica amigo-enemigo. Los buenos y malos de Peces-Barba. Un listado de nombres a purgar entre los que se encuentran antifranquistas, víctimas de la guerra y un sinfín de importantes personajes del mundo de la cultura del siglo XX. Se trata de imponer una visión sectaria de la historia, que es la misma que desde hace lustros se ha impuesto en los libros de texto escolares y que es una de las causas por las que el voto joven se decanta por el populismo.  

La libertad, la democracia, son cosas que ni-nis como

Zapata dan por supuestas aunque desconocen en qué consisten

Manía le tienen también al turismo y al ladrillo, para los cuales no ofrecen alternativa. De ahí la ocurrencia del tasazo al turismo y a los cajeros, finalmente retirada, que Carmena, con el apoyo de Carmona, pretendía imponer, al modo y manera barcelonés, en la capital de España. Castigar a los turistas por venir a dejarse el dinero en tu ciudad es algo tan surrealista que sólo se le puede ocurrir a un socialista. No menos lo es que los ciudadanos tengan que acabar pagando por un servicio que les prestan los bancos. Porque nadie en su sano juicio cree que una tasa a los cajeros no acabaría repercutiendo en el bolsillo del cliente, claro. Curiosos resultaron los argumentos de la alcaldesa para, inicialmente, justificar tan perjudiciales ideas. Según Manuela Carmena las tasas son redistributivas. ¡Qué barbaridad, Señoría!

Sea como fuere, la libertad, la democracia, son cosas que ni-nis como Zapata dan por supuestas aunque desconocen en qué consisten. Como no saben que hay que pelear por conservarlas todos los días. Las concesiones hechas a la democracia totalitaria, contra cuyos peligros ya previniera en su día Alexis de Toqueville, estas últimas décadas, las de la mítica Transición, me temo que resultarán definitivas.


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