Libertad 2.0

El consenso socialdemócrata… Reloaded

Corrían los años 70 cuando en España, fallecido en la cama el dictador y una vez nombrado sucesor a título de Rey S.M. Juan Carlos I (hay quien dice que Franco se arrepintió en el último momento), el pueblo salía a votar. Primero, la Ley de Reforma Política, para la cual, aunque hoy no se quiera recordar, el PSOE pidió el “no”. Después, la Carta Otorgada de 1978, que no es Constitución en puridad, pues no hubo Cortes Constituyentes, pero que fue aprobada por amplísima mayoría, también en el País Vasco y Cataluña. Pronto se supo que los partidos habían negociado el contenido, sometido como un todo a votación la hoy mitificada Transición en los llamados Pactos de la Moncloa. Pactos que se celebraron, pese a lo que cuentan los mitómanos de la Transición (y del constitucionalismo), de espaldas a la gente, que por enima de todo deseaba una transición pacífica y tranquila. Nadie quería volver a los viejos tiempos, a ese guerracivilismo aventado por la prensa día sí, día no. Se imponía pues la reconciliación, que en realidad había comenzado tiempo antes. Al frente, el Rey junto a Adolfo Suárez, anterior Secretario General del Movimiento Nacional y de cuya responsabilidad como gobernador civil en el hundimiento de Los Ángeles de San Rafael de Jesús Gil y Gil nunca más se supo. Un Suárez reconvertido en presidente de una amalgama de partidillos llamada UCD. El invento del centro que, por cierto, el de Ávila  birló a un decepcionado Manuel Fraga, quien, después de asumir que no se contaba con él, se resignó a formar, junto a otras figuras de la derecha, Alianza Popular, origen de la formación de centro-derecha que hoy es el Partido Popular.

El consenso socialdemócrata, es decir, la confabulación de las oligarquías políticas, financieras, mediáticas y comerciales, aparecía nítidamente plasmado en la propia Carta Otorgada

Así, el consenso socialdemócrata, es decir, la confabulación de las oligarquías políticas, financieras, mediáticas y comerciales que sustituyeron el consenso social por otro político, incompatible con la democracia, aparecía nítidamente plasmado en la propia Carta Otorgada, que ya en su preámbulo habla de “sociedad avanzada”, lo que recuerda en lenguaje leninista a la búsqueda del hombre nuevo, el fin último de todo totalitario. De facto, el texto convierte a partidos y sindicatos, mediante su mención, en partidos estatales. Y da vida, en general, a muchos de los males que hoy padecemos. Para comprobarlo, baste repasar los artículos 148 a 150: los de las competencias. O piensen cuándo se introduce el falaz nombre de “nacionalidades”, que ha dado alas a los sediciosos. O los debates acerca de los senadores vascos que tuvieron lugar en esos días y que menciona José María de Areilza en sus memorias.  O el derecho a la vivienda, que sólo existe para el socialismo real.

Pues bien, normalmente, al aludir al consenso socialdemócrata, plasmado en la muy socialdemócrata carta otorgada, la gente suele pensar en lo que se conoce como “PPSOE”, obviando que también formaron parte del mismo consenso tanto los nacionalistas, que han sostenido gobiernos de Felipe González o Aznar, como los comunistas, quienes se sumaron con alborozo al apoyo constitucional. Toma republicanismo.

Piensen en Bankia, a cuya presidencia ascendió Miguel Blesa, a quien Javier Castro-Villacañas y Luis Suárez retratan a la perfección Blesa, el lobo de Caja Madrid, gracias al apoyo de CC.OO., UGT, PP y posteriormente el PSOE e IU. De Moral Santín (IU) a Juan Iranzo (liberal pata negra, decían) pasando por José Ricardo Martínez (UGT). En Bankia tienen el consenso en todo su esplendor. Un banco público, gestionado por políticos y sindicalistas con criterios políticos. Y que todos han saqueado.

En España, el próximo 20 de diciembre, se elegirá a quién le corresponde dirigir el consenso, cuya voluntad, que pretende ser la del pueblo pero no lo es, se manifiesta y decide en las Cortes, dominadas por el poder ejecutivo, que ya, sin cortarse ni un pelo designa directamente al presidente del Congreso.

Los Ciudadanos de Albert Rivera, quienes sin duda tendrán la llave de la gobernabilidad en Navidad, no quieren abrir un proceso constituyente. Se declaran constitucionalistas

Que Podemos no es más que el culmen del consenso es algo que a nadie escapa. Pero el tiempo del líder con coleta ha pasado. Las entrevistas que está dando estos días Pablo Iglesias a diferentes medios de comunicación, a los que antes hubiera negado el pan y la sal y, de poder, cerrado, no sólo vienen a demostrar la desesperación de los moraditos, sino que sospecho que el  ex profesor de Políticas, que se pasa el día hablando de asuntos personales para así tratar de humanizar su persona, que para eso es un populista, se está preparando su vida después del 20 de diciembre. Como tertuliano en Sálvame. Podrían irse él y Tania a una máquina de la verdad del Deluxe. A reventarla.

Por su parte, los Ciudadanos de Albert Rivera, quienes sin duda tendrán la llave de la gobernabilidad en Navidad, no quieren abrir un proceso constituyente. Se declaran constitucionalistas y el propio Rivera se reivindica como el Adolfo Suárez del siglo XXI, mientras que desde su formación se habla, como hablara en su día José María Aznar, de una Segunda Transición. O sea, más del consenso socialdemócrata. Es lo que hay.

PD. Les prometo que he estado diez minutos sin salir de mi asombro al leer cómo Artur Mas, de salida hacia Canadá, fía su futuro a una victoria de un PSOE, que en las encuestas no llega a los 90 escaños. Supongo que son las secuelas de vivir permanentemente en Matrix.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba