Libertad 2.0

El bipartidismo que nunca existió

Resuena por todas partes el mismo y aburrido eslogan, tan del gusto del consenso, puesto que sirve para desviar la mirada del mismo: “hay que terminar con el bipartidismo”, “las encuestas indican que en España se acaba el bipartidismo”. Los dirigentes de las nuevas formaciones políticas del Estado de Partidos se desgañitan proclamando lo benéfico de terminar con él. Liquidado el bipartidismo, es decir, fragmentados los parlamentos al modo y manera en que sucede en Italia –como si aquí no hubiera más de dos partidos en el Congreso-, todo serán mieles. Chorradas. La prensa, que no se entera de nada cuando de política se trata, repite como un loro el falso dogma, inserto por demás en la mente del españolito de a pie con la misma fuerza con que cree que participar en las elecciones administrativas es una sacrosanta obligación y no hacerlo un pecado.

Al fin y al cabo, el día en que cumplimos con el rito de depositar la papeleta en la urna es el día en que se nos permite votar, que no elegir, quién dirigirá el consenso los siguientes cuatro años

El día de la fiesta de la democracia (a mí no me miren, que la autoría de la cursilada es socialista) todos somos funcionarios, formamos parte de la máquina llamada Estado, que es en realidad el verdadero enemigo. Si no puedes vencerlo, únete a él.  Al fin y al cabo, el día en que cumplimos con el rito de depositar la papeleta en la urna, acción que no es exclusiva de las sociedades abiertas, es el día en que se nos permite votar, que no elegir, quién dirigirá el consenso los siguientes cuatro años. Qué subidón. Es también el día en que los votantes refrendamos la lista de un partido cuyos miembros han sido designados a dedo por el jefe de la formación subvencionada con nuestra pasta. Y por tanto a él, y sólo a él, representan y se deben. Fiesta de la democracia. Yupi. Yuhu. Alegría y alboroto.

Sin embargo, en España, no se dejen engañar, jamás ha habido un sistema bipartidista. Los nacionalistas, de CiU al PNV pasando por ERC, y los comunistas de IU son tan responsables como PP y PSOE (a quienes se señala cuando se habla de bipartidismo) del desaguisado en que nos encontramos metidos, que es la implosión de la Monarquía de Partidos de 1978. Todos ellos, siempre, han formado parte del consenso que establece la Constitución de la función social de la propiedad y la sociedad avanzada.Y han mandado y siguen mandando mucho, como hoy se pone de manifiesto, especial y dolorosamente, en Cataluña. El ascenso de Ciudadanos –no será ni tanto como señalan unos ni tan calvo como desean otros- es, en buena medida, el premio inconsciente que parte de la sociedad española otorgará, el día en que toque repartir la tarta de la sociedad estatal, a quienes llevan años plantando cara al nacionalismo más feroz y depredador, que es el catalán.

La libertad colectiva, presupuesto de la democracia, exige representación y división de poderes. Sin representación y división de poderes no hay democracia

Empero, resulta que el denostado bipartidismo no es malo per se, puesto que siempre será mejor un gobierno fuerte que un gobierno débil. Las mayorías absolutas en libertad, que no en demagogia, son buenas. Ahí tienen a los Estados Unidos de América, ejemplo de bipartidismo pero también de libertad política, que es el verdadero quid de la cuestión, al que ninguna fuerza política aquí alude porque no interesa. Al fin y al cabo la libertad colectiva, presupuesto de la democracia, exige representación y división de poderes. Sin representación y división de poderes no hay democracia. Hay demagogia.

Representación que no pasa, como creen algunos, sólo por establecer listas abiertas –las hay al Senado, que es cualquier cosa menos una segunda cámara de control, como debería de ser-, sino por la elección directa de nuestros concejales, alcaldes, diputados y senadores. Que los ciudadanos elijamos a nuestros representantes de distrito y podamos nombrar y deponer a nuestros gobiernos. Sí, también deponer. Como estuvo a punto de sucederle al presidente useño Bill Clinton por mentir sobre su relación con una becaria. La representación supondría, además, acabar de un plumazo con gran parte de la corrupción, del trinque. Del modo de vida de tanto parásito. De los negocietes de familias como la de los Pujol, pero también de los López Viejo en Madrid o los Antonio Rivas en Andalucía.

La democracia consiste en cómo los políticos se relacionan con la sociedad, no en cómo se eligen entre ellos

La representación supondría también liquidar la cortina de humo conocida como democraciainternadelospartidos, que nada tiene que ver con la democracia y que no es más que la forma de elección interna de organizaciones privadas, en este caso partidos políticos. La democracia consiste, teniendo en cuenta que, como señalara Robert Michels, todo poder tiende a ser oligárquico, en cómo los políticos se relacionan con la sociedad, no en cómo se eligen entre ellos.

De la división de poderes, que no es lo mismo que separación de funciones públicas, mejor ni hablamos, que me da la risa. O me acuerdo de Alfons Tena, un totalitario que llegó al órgano de gobierno de los jueces, el CGPJ, de la mano de CiU.


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