Libertad 2.0

La batalla por liderar la socialdemocracia

Llegar a los 150 escaños. Ese es, por lo visto, el sueño de Mariano Rajoy, presidente del gobierno con mayoría absoluta, en lo que es su primera legislatura. Cuando el PP ha disfrutado, hasta las pasadas elecciones municipales y autonómicas en que se produjo el descalabro, del mayor poder territorial de que disfruta un partido desde 1978. Rajoy sueña con alcanzar la para él mágica cifra de los 150 escaños, confiando, vaya usted a saber por qué, en un pacto con los Ciudadanos de Albert Rivera que le permita mantenerse en el poder y frenar el ascenso de los populismos. Y lo hace en un momento en que, a decir de los expertos, la volatilidad del voto, es decir, los cambios en la voluntad del electorado, es la mayor que ha habido en los últimos treinta años. Claro que tampoco España se ha encontrado desde 1978 en una situación como la de ahora, con el sistema constitucional implosionando al tiempo que se lo rompen las costuras a la propia Unión Europea y hasta al Estado-nación tal y como lo conocemos.

La crisis no es económica, es política, de cambio de ciclo, incluso podría decirse que prerrevolucionaria si nos atenemos al cambio que ya se ha producido en la mente del ciudadano común

La crisis no es económica, es política, de cambio de ciclo, incluso podría decirse que prerrevolucionaria si nos atenemos al cambio que ya se ha producido en la mente del ciudadano común, que percibe como caduco y obsoleto lo que ha habido hasta la fecha, y que se hace necesario el cambio. De ahí el éxito de las llamadas formaciones emergentes, aún cuando lejos de pretender cambiar el sistema, aspiren a perpetuarlo. Eso sí, cada una a su manera.

El separatismo catalán, el más peligroso de cuantos hay en España, amenaza, por demás, con acabar con la nación política española, con hacer realidad su sueño. La respuesta del desgobierno, en realidad de todos los que ha habido hasta ahora, es recurrir a unos tribunales de Justicia lentos y politizados que, todo lo más, declararán ilegal la barrabasada una vez que haya producido plenos efectos políticos.

El control sobre el poder, tan necesario para que haya libertad, se ha ido difuminando hasta casi desaparecer. Es la lógica consecuencia del consenso socialdemócrata, que en los albores de la Transición, y en la más pura tradición de las oligarquías europeas, se consumó a espaldas del común. Un proceso, la Transición, que hasta el propio Pablo Iglesias jalea desde el diario oficial de la socialdemocracia que siempre ha sido “El País”. De ahí seguramente el empeño del PP de congraciarse con esta cabecera.

Ciudadanos, por complejo y corrección política, parece estar mucho más próximo al PSOE que al PP

Entretanto sigue soñando Rajoy, el PP se limita a cambiar su logotipo y dejar en el vestidor trajes y corbatas. A lo peor piensan en Moncloa que con esto ya está todo hecho. Como de cambios no entienden, a lo que aspiran es a mantenerse en el machito, es decir, seguir siendo el gran partido socialdemócrata español, aún cuando esta ideología esté fracasando en toda Europa. Pero Rajoy es así. No lo puede remediar. Su anhelo es gobernar al estilo de Barak Obama, a cuyo partido –se regodean en Ferraz– le ha fusilado el logotipo: el círculo.

Es cierto que según las últimas encuestas el PP estaría en ascenso, habiendo recuperado desde las pasadas elecciones municipales un millón de votos. Pero no es menos cierto que no son suficientes, y que lo mismo que se sube, se baja. Al haber el PP renunciado a ser una alternativa liberal al sistema, quedarse en el 30% del voto después del resultado obtenido en las pasadas elecciones generales sería un desastre colosal. No se podría llegar a formar gobierno ni siquiera contando con el hipotético apoyo –yo no lo veo– de Ciudadanos. Un partido que, por complejo y corrección política, parecen estar mucho más próximo al PSOE que al PP. En cualquier caso, Ciudadanos también es –cómo no– socialdemocracia, no una alternativa. Y ese es su error.

¿Por qué no pensar, pues, en un posible pacto de Rivera con el acechante Pedro Sánchez, otro que lucha por liderar el intervencionismo estatal, el keynesianismo económico? Pactar con Podemos sería el error último de la histórica formación. Por más que sus radicalizadas bases, que le llevan a copiar la alucinada renta básica universal de Podemos, lo vean con buenos ojos.

Manuela Carmena sigue demostrando que los cargos de Podemos son unos completos inútiles, pero llenos de malas intenciones

Por su parte, el populista Pablo Iglesias se encuentra en estos momentos sumido en luchas intestinas, mientras las encuestas comienzan, sin duda por demérito propio, a darle la espalda. Mientras, Manuela Carmena sigue demostrando que los cargos de Podemos son unos completos inútiles, pero llenos de malas intenciones. Domesticar a la prensa, “liberar a los periodistas de los dueños de los medios”, según dicen los de Podemos, es el fin último. Una vuelta de tuerca más. Lenta. Como la rana sumergida en el puchero que se va calentando a fuego lento. Los venezolanos, los ecuatorianos, los bolivianos, saben bien de qué hablo. Cuando los dueños de los medios de comunicación privados que tanto han contribuido a aupar al populismo en España se den cuenta de lo que está sucediendo, será demasiado tarde. Los de Venezuela están todos ellos en el exilio. O detenidos. O con órdenes de prohibición de salida del país.

Una vez celebradas las elecciones administrativas de invierno, quién de todos ellos vaya a dirigir el consenso socialdemócrata los próximos cuatro años no será trascendental. Todo, salvando algunos matices, seguirá siendo tan gris y desalentador como hasta ahora. Otra cosa es que ganara el populismo, cosa que podría llegar a suceder. No darse cuenta de ello es el gran error.


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