Libertad 2.0

Un año con Leopoldo López en prisión

Pasa el tiempo que vuela,  y, casi sin darnos cuenta,  resulta que hace ya un año que se emitía la orden de arresto contra el líder político venezolano Leopoldo López, cuyo partido, Voluntad Popular, no es precisamente el colmo del liberalismo, sino que ha pedido el ingreso en la Internacional Socialista. El “delito” cometido por el socialdemócrata, objetivo del régimen chavista desde hacía años y cuyo silencio fue pedido también por la Fundación de Pablo Iglesias, fue participar en las manifestaciones de protesta de estudiantes que recorrieron el país pidiendo libertad. Apoyar la revuelta de estudiantes que hizo que medio mundo girase la vista hacia Venezuela.  La orden de arresto del preso político Leopoldo López se cursó el mismo día en que caían asesinados por la dictadura los estudiantes Juan Montoya, Bassil Alejandro Da Costa y Robert Redman. Días después, el 18 de febrero de 2014 López, hoy encerrado en la prisión de Ramo Verde, a donde no dejan entrar ni a sus hijos pequeños, se entregaba ante las cámaras de televisión del mundo libre a las autoridades chavistas. Sin duda pensando que sus carceleros no llegarían tan lejos como han llegado. Craso error.

Nicolás Maduro acaba de autorizar el empleo de fuerza letal contra los estudiantes. Aquí, Podemos calla. “Hugo Chávez era la democracia”, dice Pablo Iglesias

Valiente, muy valiente, es Lilian Tintori, la abnegada esposa de López, entregada en cuerpo y alma a denunciar la situación de los presos políticos del país, no sólo la de su marido y padre de sus hijos. Hace escasos días, coincidiendo con la visita de los ex presidentes de Colombia, Andrés Pastrana, Chile, Sebastián Piñera, y México, Felipe Calderón, quienes intentaban acceder a Ramo Verde para visitar a Leopoldo López, lo que les fue denegado, denunciaba las torturas a que son sometidos los presos en las cárceles del régimen: “No saben si es de día o de noche, la única forma de saber si es de día o de noche es porque dejan de escuchar los rieles del metro subterráneo de Caracas. Los están torturando, están en un lugar absolutamente blanco, los envuelven con sábanas blancas, no los dejan moverse. Nuestros estudiantes están presos, hay dos estudiantes que están en este momento así”, denunciaba. Tomen nota aquí los que piensan votar a Podemos, presuntamente financiados por este régimen criminal. Porque éste es el modelo. En la memoria de casi todos, la ex miss Génesis Carmona, asesinada a tiros cuando exigía libertad. Y tantas y tantas escenas violentas. Ahora, Nicolás Maduro acaba de autorizar el empleo de fuerza letal contra los estudiantes. Aquí, Podemos calla. “Hugo Chávez era la democracia”, dice Pablo Iglesias.

Lo de Venezuela, tan del gusto de los Monedero y Errejón que quieren implantar aquí este modelo, es una cruel dictadura dirigida ahora por un descerebrado. Una dictadura que, afortunadamente por cuanto puede suponer el fin del chavismo, está a punto de quebrar debido a la caída del precio del barril de crudo. Un país en cuyos supermercados no queda ya reserva de productos básicos para más allá de los próximos cuarenta días y en cuyos hospitales no se puede operar a los enfermos porque no hay medicamentos. Todo un logro del socialismo, teniendo en cuenta que Venezuela es país productor de petróleo. En Caracas, me contaba ayer una amiga, conseguir cualquier producto de higiene íntima de los que aquí venden hasta en los chinos es toda una odisea.

Lo de Venezuela, en donde había una democracia más antigua que la española, fue, como sucede siempre que la libertad política desaparece, la sustitución de unas oligarquías por otra oligarquía mucho más cruel

En realidad, lo de Venezuela, en donde había una democracia más antigua que la española, fue, como sucede siempre que la libertad política desaparece, la sustitución de unas oligarquías por otra oligarquía mucho más cruel. COPEI, el gran partido de centro-derecha venezolano hoy prácticamente extinguido, y Acción Democrática, del socialdemócrata Carlos Andrés Pérez, se habían ganado a pulso el desprecio de los venezolanos, hartos de un sistema intrínsecamente corrupto, con unas instituciones desprestigiadas e ineficaces, que saqueaba sus menguantes bolsillos para mantener a “la casta”. Además, los partidos tradicionales, en lugar girar hacia  políticas liberales, modernizadoras, hacia una sociedad abierta, fueron virando cada vez más hacia la izquierda, hacia la socialdemocracia, extinguiéndose casi las pocas voces liberales que quedaban en el panorama político. Hoy, desde el punto de vista liberal, apenas se escucha a la valiente María Corina Machado, privada de su acta de diputada por una vergonzosa judicatura entregada a la causa del poder, que no de la Justicia. Ninguna dictadura, ninguna oligarquía, se puede perpetuar si no es con la complicidad de los jueces.

“Nosotros no somos cubanos”, contestaban indignados los venezolanos cuando se les advertía hace lustros del peligro del ascenso de políticas populistas de la mano del comandante Hugo Chávez, un golpista cuyo único objetivo era alcanzar el poder para hacer su revolución, una mezcla de comunismo latinoamericano y fascismo europeo. No tuvieron en cuenta, qué ingenuos, que la naturaleza humana es la misma en todas partes.

 Y en España, por cierto, no es distinta. Así que mucho cuidado a la hora de decir eso de “no somos venezolanos”. Porque el camino recorrido es muy similar


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