Libertad 2.0

Que acabe ya la campaña, por favor

La campaña electoral que estamos padeciendo y que ya ha traspasado su ecuador, me está resultando aburridísima. El rídiculo de alguno de los candidatos, además, es que no tiene límites. Ya no son sólo las extravagantes naumaquias del simpático Carmona, un político que no cae mal al respetable pero que nadie se toma en serio. En este sentido, como magníficamente disecciona Alberto Lardiés día a día en este digital, las promesas y actuaciones de algunos no pueden ser tomadas en serio por nadie. De la  moneda propia de Ada Colau a las ocurrencias del Obama gallego pasando por el cambio de sexo de San Isidro de los de Podemos. Y, sin embargo, todo parece indicar que al menos uno de ellos podría obtener asiento en el sorteo de cargos públicos del próximo 24 de mayo. Y es que Colau, una propietaria con mucha jeta travestida en defensora de pobres y deshauciados, incluso puede ganar las elecciones en su demarcación, lo que dice bastante del estado moral de la infantilizada y nihilista sociedad barcelonesa. Que no es mucho peor que la del resto de España.

Todos sabemos, desde que lo verbalizara ese gran caradura llamado Tierno Galván –¡el que no esté colocado que se coloque!–, que los programas y promesas electorales están para ser incumplidos

Confieso que la subasta de muñecas chochonas y perritos piloto en que las élites extractivas, las oligarquías, han convertido la campaña electoral de las elecciones administrativas que se celebrarán el próximo domingo –a ver si llueve– me aburre soberanamente. Porque todos sabemos, desde que lo verbalizara ese gran caradura llamado Tierno Galván –¡el que no esté colocado que se coloque!–, que los programas y promesas electorales están para ser incumplidos. Y a eso se han atenido todos, hasta el momento, y lo que te rondaré morena. Son quienes estos días prometen grandes dádivas con dinero público, asumiendo por tanto que no es de nadie y ocultando que caso de cumplir tendrían que saquearnos aún más vía impuestos. Son quienes hablan un día sí y otro también de democracia, la cual confunden con un democratismo (la Ersatzreligion que todo lo inunda)de baratillo. Esos que rehúyen  cualquier debate serio acerca de la ausencia de libertad colectiva, esto es, de libertad política. Ya saben: división de poderes y representación. Todo lo demás es farfolla. Pero resulta que cuela.

Desde Ciudadanos, ese espejismo que como ya sucediera con Podemos comienza a desinflarse  lentamente, se exige al resto de formaciones políticas para poder llegar a acuerdos, o sea a los ansiados sillones, la celebración de elecciones primarias internas. No se sabe si para, una vez celebradas, si no gusta el candidato cambiarlo, como han hecho los naranjas, por ejemplo, en el madrileño e histórico Móstoles. Una injerencia absurda en la vida del resto de partidos estatales, a quienes quieren obligar a modificar sus estatutos de régimen interno, que, y esto es lo grave del asunto por cuanto tiene de cortina de humo, no tiene nada que ver con regenerar nada. Porque aquí no hacen falta primarias, que son un teatrillo desde los tiempos de Borrell y Almunia como todos sabemos. Primarias que, en todo caso, no son más que una forma de elección interna de partidos, asociaciones o lo que ustedes quieran. Nada que ver con la democracia, aunque la mayoría no se entere y recite la letanía de la democraciainternadelospartidos.

Lo que hace falta urgentemente, si de verdad se quiere democracia, es que exista representación. Es decir, que podamos elegir directamente, en circunscripciones uninominales

Empero, lo que sí hace falta y urgentemente, si de verdad se quiere democracia, es que exista representación. Es decir, que podamos elegir directamente, en circunscripciones uninominales, a nuestro concejal, a nuestro diputado. Y además, a nuestro presidente y a nuestro alcalde. Además de implementar una suerte de impeachment que permita revocar de su cargo a los políticos mentirosos. Claro que, de proponerse acabar con el sistema de listas cerradas y bloqueadas que permite la partitocracia, se liquidaría el sistema oligárquico establecido el mítico año de 1978 que tanto defienden, acaso inconscientemente, los dirigentes de Ciudadanos, consumidos por los tópicos y la corrección política.

Es por eso que los partidos estatales tradicionales, el Partido Popular y el PSOE, comienzan, a decir de los entendidos en la materia, a remontar lentamente en intención de voto. La experiencia es un grado, mientras que la errada sobreexposición mediática de las nuevas promesas, Iglesias y Rivera, se les ha terminado por volver en contra, porque en el fondo hacen oposición y no proponen gobierno ni medida regeneradora real alguna. Y lo que les queda. Los trackings internos que manejan en Génova 13 tranquilizan a los populares. A este paso Rajoy se sale con la suya. Tanto da. No hay alternativa.


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