Libertad 2.0

Sucedió en París

Sucedió en París, pero podía haber sido en Madrid, Barcelona, Valencia o Sevilla.  La prensa alemana era muy consciente de ello. Así, el prestigioso diario Die Welt proclamaba el domingo en su portada: “No es terrorismo. Es guerra”. Y es que el pasado sábado por la noche el colectivismo fundamentalista atacaba nuestro modo de vida occidental, nuestras libertades, nuestra moralidad. Esa moralidad, ese êthos que conforma las naciones, que hace tiempo dejamos de lado y que ha transmutado a la sociedad europea en una sociedad acobardada, nihilista, capaz de ceder ante lo que sea por comprar cinco minutos de paz. Sin libertad. Que es lo que propone Pablo Iglesias, el señor de la televisión financiada por Irán que se ha desmarcado a toda velocidad del plan anti-yihadista y cuya jefa de prensa se dedica a llamar “fachas” a quienes acuden a la puerta de la embajada francesa a condenar el terrorismo y cantar “La Marsellesa”. Iglesias busca la paz… de las dictaduras. De Franco a Pablo no hay tanta distancia, salvando lo de Marx y que la segunda vez se repite como comedia. Sólo les falta fichar a Víctor Manuel. Ese hombre.

Aquí, en el reino del humanismo de baratillo, después del 11M, con los cadáveres aún sin ser entregados a sus familias, se cercaron las sedes del partido del gobierno

En realidad, hay que decirlo, ataques bélicos similares al que ha tenido lugar en Francia han venido sucedido en Israel desde hace décadas y Europa ha preferido mirar hacia otro lado. Hoy en Tel Aviv o Jerusalén los terroristas apuñalan a civiles por la calle, los atropellan con coches. Algo que no tardará en llegar aquí. Porque son los mismos fanáticos. Pero nosotros, a diferencia de los israelíes, estamos indefensos. Indefensos por un pacifismo malentendido. Ese pacifismo suicida, que reniega del derecho a la legítima defensa, que llevó a al ministro de Defensa más caradura de los últimos 40 años a decir aquello de que prefería morir a matar. Estamos indefensos porque, después del 11S Estados Unidos reaccionó y organizó un ejército que salió a combatir el mal. Por más que la obsesión por exportar la democracia fuera un grave error de los neocon, como se ha visto claramente en Egipto, cuya solución ha sido, nuevamente, una dictadura militar. El caso es que USA no se limitó a elevar el nivel de seguridad en su suelo o a hacer declaraciones rimbombantes. Pero aquí, en el reino del humanismo de baratillo, después del 11M, con los cadáveres aún sin ser entregados a sus familias, se cercaron las sedes del partido del gobierno. Luego, se retiraron las tropas de Irak. Hoy, se critican con los cadáveres de la sala Bataclan aún calientes, los bombardeos franceses sobre Raqqa, capital del Estado Islámico. Bombardeos de los cuales Mariano Rajoy no quiere ni oír hablar. Insignes representantes del totalitarismo de izquierdas, como Máximo Pradera, Dani Mateos o Rubén Sánchez de Facua, cargaron el mismo día del crimen contra Aznar. En realidad tienen algo en común con los que se inmolaron en París: culpan a occidente. Culpan a las víctimas por su muerte. Odian, en definitiva, los fundamentos de las sociedades libres.

Francia, gobernada por la izquierda, va a cerrar todas las mezquitas de imanes radicales. Aquí tal medida levantaría inmediatamente las airadas protestas de los que quieren poner las libertades individuales de rodillas. Son los propios terroristas, a decir de miembros de los servicios antiterroristas, los que no nos tienen considerados objetivo que revista dificultad. Saben que aquí, con un atentado de menor entidad, en lugar de defendernos del terror, nos pondríamos a pelear entre nosotros. Consideran que ya nos hemos rendido. De haber sucedido en Madrid en lugar de en París no sería descabellado pensar que algunos habrían salido corriendo, triunfantes, a repetir lo del 13 de marzo. Déja vú.

Indefensos estamos porque no hay moral. Moral sobre la cual se sustenta la patria, que es un concepto que nada tiene que ver con el nacionalismo

Por otra parte, hoy, aún la gente de a pie se compunge y se muestra apenada por lo sucedido. Sinceramente. Mañana será otro día. Y todo se habrá olvidado. Que para eso vivimos en el mundo de la comunicación veloz, de los sentimientos pasajeros, de la superficialidad. Todo pasa tan rápido. Y  Francia queda tan cerca… y tan lejos. Como Tel Aviv. Algo habrán hecho. Nosotros, si eso, mejor permitimos que en España se someta al burka a mujeres. Hijo, no te metas en política, a ver si te pasa algo. Eso dicen en las dictaduras.

Indefensos estamos porque no hay moral. Moral sobre la cual se sustenta la patria, que es un concepto que nada tiene que ver con el nacionalismo. De ahí que en Cataluña, que es España  (como van a defender españoles anónimos de la mano de la asociación fundada por el jurista Antonio García Trevijano el próximo 19 de diciembre a las 12 de la mañana en un acto festivo de sociedad civil) se permita desde hace décadas que no rija la Ley, que no se aplique eso que llaman Estado de Derecho, obviando que todo Estado lo es de Derecho. Lo que no hay en Cataluña es libertad. Media población permanece callada, en el mejor de los casos, oprimida por el asfixiante nacionalismo del tres por ciento en el peor. Un nacionalismo, además, que ha convertido ese rincón de España en uno de los mayores centros de yihadismo de Europa, a decir de los informes de servicios de inteligencia occidentales. Pray for Paris. Pray for us.


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