Libertad 2.0

De Soraya a Mariano, todos impostores

La anécdota, absolutamente real, tuvo lugar hace ya unos años en un hotel de lujo en Jamaica, en pleno azote de un huracán, de esos a los que tan acostumbrados están los nativos y tanto temen los turistas, especialmente los europeos. Se encontraban los huéspedes refugiados en el búnker subterráneo del hotel, haciendo tiempo y esperando a que escampara. Entre los turistas, una joven abogada del estado junto a su por entonces aún novio y hoy marido, también abogado del estado, y unos amigos, ¿adivinan dedicados a qué en su vida profesional? Aburrida como es la permanencia bajo tierra, en que los minutos parecen horas, la charla había devenido en tediosa. Y es en ese momento cuando Soraya Sáenz de Santamaría, hoy vicepresidenta del gobierno, descubre entre el resto de refugiados la presencia de un joven de Nuevas Generaciones, que se encontraba en Jamaica pasando unos días de vacaciones junto a su familia. Soraya lo conoce por ser ella miembro del comité ejecutivo del Partido Popular del elitista Barrio de Salamanca de Madrid, en donde el chaval milita. Ni corta ni perezosa, la político aún en ciernes se acerca al muchacho, y tras los saludos de rigor y un condescendiente “cómo tú por aquí”, le encarga la misión que cree adecuada a su estatus: que le consiga dos daiquiris. Algo a lo que el joven, en absoluto servil ante el poder, se negó en redondo, dejando a la hoy mándalotodo desencajada por la fresca que le soltó. El joven, politólogo por demás, no tardaría mucho en abandonar el Partido Popular.

Saénz de Santamaría daba por supuesto que el “niño” tenía que servirla. He ahí la concepción del poder de quien hoy pretende regir los destinos de lo que quede de España

Y es que Saénz de Santamaría daba por supuesto, y esa es la cuestión, que el “niño” tenía que servirla. He ahí la concepción del poder de quien hoy pretende, en un futuro más cercano que lejano si Mariano no se entera de la traición, se levanta del sillón y la destierra a hacer oposición a la capital, que a los madrileños desde la marcha de Alvarez del Manzano parece haberles mirado un tuerto, regir los destinos de lo que quede de España después del envite catalán. Órdago, consentido por omisión, por el gobierno de España. Gobierno que, a buen seguro, volverá a enchufar a no mucho tardar  la manguera de los millones en dirección a Cataluña. ¿Alguien lo entiende?

Pero me refería yo a la vicepresidenta “política”: una profesional de la abogacía, con la mente formada para analizar la realidad en clave jurídica pero siempre en defensa del Estado (ese y no otro es el papel del abogado del Estado, antaño oposición prestigiosa) en un país en que la profusión legal, tan típica de la socialdemocracia, ha liquidado el Derecho, cuya protección y defensa es lo que justifica a los gobiernos. Una profesional de la abogacía que desprecia la política y, sin embargo, quiere y dice ejercerla.Algo así como si yo despreciase la medicina, me negase a estudiarla, pero pretendiera ejercerla. Impensable. Pero en política, es lo habitual sin que nadie proteste o, lo que es peor, pocos se percatan del engaño.

Sucede que en España el Derecho ya no rige. Mucho menos desde el pasado 9 de noviembre

Que el Derecho, consustancial a la libertad no es justo por ser derecho, sino que es Derecho si es justo, como certeramente formulara ya en su día José Ortega y Gasset, parece una evidencia. Pero sucede que en España el Derecho ya no rige. Mucho menos desde el pasado 9 de noviembre.  Así, el Registrador de la Propiedad con sillón en Moncloa llamado Mariano Rajoy se limitó el pasado domingo, en que el delito de sedición establecido en el código Penal pasó a mejor vida, a tomar nota de lo sucedido, como si estuviera ejerciendo su profesión. Que es la de registrador, no la de político. Lo de Rajoy, como lo de Soraya, y lo de casi todos los políticos que en España, pero también en Europa, moran, se llama impostura.

Y es que la clase política europea, y por supuesto en grado superlativo la española, piensa que no es necesario saber nada de política, algo que les aburre mortalmente, para ejercerla. Lo que los convierte en unos impostores. Así, es habitual toparse con políticos, de periodistas mejor ni hablemos,  que no distinguen Estado de Gobierno, constitución de carta otorgada, lo político de la política, parlamentarismo de presidencialismo, sociedad civil y Estado, socialdemocracia de liberalismo. La política ha derivado en profesión, cuando no lo es. Y he ahí una de las causas del ascenso en las encuestas de los chicos de la coleta, que proponen para España una sovietización a lo Gramsci, que sí han estudiado política, saben lo que quieren, conocen las debilidades de la pseudotecnocracia que padecemos, y vapulean a cuantos contertulios les ponen enfrente.


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