Libertad 2.0

Podemos es más consenso

No son pocas las formaciones que, a derecha e izquierda, han aparecido en los últimos tiempos prometiendo “regenerar la política”. Regeneración que es la palabra que en cuestión de marketing electoral ha venido a sustituir al famoso “cambio” que en 1982 prometiera a una despistada sociedad española recién salida de la dictadura el PSOE de Felipe González, el de “ni Flick ni Flock”. De ahí a Filesa, Time Export o los GAL, pasando por el entierro de Montesquieu o el que se mueva no sale en la foto, todo fue coser y cantar. Regeneración que no significa absolutamente nada. Como sucede con “transversal”, “centralidad” o “centro”, sinónimos de “partido atrápalotodo”, o sea, de partido sin principios.  Cada vez que un político las pronuncia, como reza el dicho popular, muere un gatito.

Ninguna de las formaciones de nuevo cuño con posibilidades de llegar a tener representación en el Congreso habla en serio de libertad política

Que los españoles están hartos de la corrupción y del empobrecimiento de las clases medias a manos de unas élites extractivas carentes de escrúpulos, no es novedad. Que no queda una sola institución en pie, con Felipe VI oficiando de solícito chófer del sedicioso Artur Mas, también. Sin embargo, ninguna de las formaciones de nuevo cuño con posibilidades de llegar a tener representación en el Congreso habla en serio de libertad política. Que es conditio sine quanon para que haya democracia y, además, es la gran ausente en España. En realidad, no es otra cosa más que división de poderes y representación.División de poderes, por cierto imposible bajo un régimen parlamentario puesto que este siempre supedita legislativo y judicial al ejecutivo, no  sólo entre el poder judicial y los otros dos, como se tiende a pensar, sino también entre legislativo y ejecutivo.  Y aquí seguimos con el banco azul en el Congreso y una justicia de sentencias “ejemplarizantes” y excarcelaciones politizadas en la que ya nadie cree.

La otra pata de la libertad política es que votemos directamente a nuestros representantes. Lo que sucede, por cierto, en los denostados Estados Unidos, en donde hay democracia. Una cuestión que va más allá de las listas abiertas y que nada tiene que ver con la democraciainternadelospartidosque aquí  todo manipulador o ignorante que se precie presume defender como bálsamo de Fierabrás. En el caso de algunas nuevas formaciones sospecho que no la reivindican porque, directamente, no saben lo que es. No son más que otra organización de impostores. Nivel.

No se le conoce a Pablo Iglesias, Errejón o Monedero, estos días enfrascados en esconderse ante los escándalos de corrupción que les salpican, medida alguna a favor de la liberad política

Podemos, el partido que con mayor fuerza ha irrumpido en el panorama mediático, que no aún político aunque todo parece indicar que se va a merendar a Izquierda Unida y al PCE de la mano de Taniemos, no es ninguna excepción. No se le conoce a Pablo Iglesias, Errejón o Monedero, estos días enfrascados en esconderse ante los escándalos de corrupción que les salpican, medida alguna a favor de la liberad política. Normal, teniendo en cuenta que su modelo a seguir es el modelo totalitario del régimen criminal de Venezuela. La naturaleza humana, no lo olviden, es la misma en todas partes. Y Hugo Chávez llegó al poder de la mano de las clases medias y una clase empresarial y unos medios de comunicación, posteriormente expropiados, cómplices con los totalitarios.

Como describía en su columna Javier Benegas, los chicos de la coleta son, en realidad, la apoteosis del sistema. De un sistema que ha quedado reducido, de cara al españolito de a pie, al fisco. Contribuyentes exprimidos sin piedad para mantener el chiringuito mientras la corrupción todo lo anega. Consenso o reparto del botín reivindicado estos días atrás por la habitual corte de plañideras amantes del mito de la Transición y por el actual presidente de la CEOE, el tercer sindicato vertical del régimen junto a CC.OO. y UGT.

La libertad colectiva, como ven, no interesa a las oligarquías establecidas ni tampoco, por lo que parece, a las que se quieren establecer

El líder de Podemos, cuya cobardía política ante el primer contratiempo pone de manifiesto que no es tan fiero el león como lo pintan aunque lo que tiene enfrente es aún peor, ha declarado que quiere situar a su partido en la “centralidad”. O sea, que Pablo Iglesias quiere que Podemos esté a la izquierda del PP y a la derecha del PSOE. Y aún hay quien le presta oídos a estos paleocomunistas que acusan, día sí día también y con razón, a PP y PSOE de incumplir sus promesas y traicionar a su electorado, cuando la realidad es que ellos llegaron al parlamento europeo con un discurso hiperintervencionista, similar al de Marine Le Pen en Francia, que ahora están escondiendo. Sin que los círculos protesten. La borregada, esa sí que es transversal. Ahí tienen a sus economistas, hasta hace nada unos “caraduras” según definía Pablo Iglesias a uno de ellos, haciendo propuestas socialdemócratas similares a las del resto de formaciones políticas de izquierdas que luego ejecuta magistralmente el PP de la mano de Montoro. Desde aquí, aprovechando la cuestión, me declaro muy fan de los deportistas, actores, millonarios y similares que se marchan a paraísos fiscales huyendo de los infiernos de sus países de origen. ¡Un hurra por Depardieu! Huyen porque pueden. Si yo pudiera, aquí iba a estar. Y la cuestión, por más que se empeñen los estatistas, no tiene nada que ver con el patriotismo, último refugio de los canallas y excusa utilizada por los socialistas de todos los partidos para el saqueo del productivo.

La libertad colectiva, como ven, no interesa a las oligarquías establecidas ni tampoco, por lo que parece, a las que se quieren establecer. Y eso que el apaño oligárquico 1978 está saltando por los aires debido a los insaciables intereses de los nacionalismos periféricos, dedicados desde hace décadas a saquear a los españoles envueltos en banderas separatistas. Con el silencio cómplice de las instituciones del comatoso Estado español. Y el apoyo de la penúltima excusa, esta vez en forma de chico con coleta.


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