Libertad 2.0

Pablo Iglesias no es Felipe González

Pablo Iglesias, cuyo único error hasta ahora ha sido despreciar la Ley de Hierro de las Oligarquías,  ha sido elegido secretario general de Podemos con un porcentaje de votos similar al que sirvió para consolidar al hoy presidente del gobierno Mariano Rajoy al frente del PP en el Congreso de Valencia, alias Bulgaria. Aquel Congreso en que Esperanza Aguirre, hoy peleada con su sucesor González, cobardeó en tablas después de la espantada del entonces líder del PP valenciano Camps.  Aunque en este caso la prensa, con esa miopía propia de los acomplejados, no ejercerá la misma crítica de entonces. La disidencia, esto es, el utópico Echenique, acaso el único que se lo había creído todo, incluido el camelo de la democraciainternadelospartidos, ha sido eficazmente laminado. En unas semanas nadie se acordará de él. Es lo que tiene vivir en la era del marketing y la comunicación.

El programa a aplicar por Pablo Iglesias es un compendio del más de lo mismo del consenso de 1978 elevado al cubo, con la salvedad de la insistencia en el impago de la deuda

El programa a aplicar por Pablo Iglesias, que más que político es estrella mediática muy similar desde el punto de vista de la comunicación a Belén Esteban, es un compendio del más de lo mismo del consenso de 1978 elevado al cubo, con la salvedad de la insistencia en el impago de la deuda. Un impago de la deuda que traería gravísimas consecuencias para España en forma de argentinización, pero también para la Unión Europea. Que es quizá lo que busquen los amigos de toda la vida de Podemos, esto es, Venezuela en parte, pero sobre todo, la teocracia de Irán. He ahí el verdadero peligro desde el punto de vista geoestratégico que representa Podemos. Algo que captan muy bien desde el exterior, pero que en el interior pocos se plantean.

Creen los biempensantes, entre los que se encuentran no pocos empresarios del IBEX 35, que al igual que el Rey Juan Carlos tuvo como partido del juancarlismo al PSOE del “OTAN no, Bases fuera”, Podemos será el partido del Rey Felipe VI. Así, establecen elucubradas comparaciones entre Iglesias y González, cuando a quien se parece el primero es a Hugo Chávez. “No se atreverá a cumplir lo que dice”, “la Unión Europea se lo impedirá y el chico se moderará”, sostienen convencidos. Craso error.  Felipe González, en efecto, fue un producto de  las élites franquistas –en su caso especialmente de las cercanas a Carrero Blanco- que pergeñaron el mito de la Transición, y su partido fue apoyado internacionalmente (es decir, con pasta) por países occidentales como Alemania o Estados Unidos.

El “Montesquieu ha muerto” o “quien se mueva no sale en la foto” no son más que felices expresiones que retratan a la perfección cuál fue siempre la intención del Estado de Partidos

Se trataba por aquél entonces, como ahora se observa nítidamente, de cambiarlo todo un poco para que todo, desde el punto de vista del reparto de la tarta por parte de las oligarquías, siguiera igual. Ni siquiera está claro que entonces se renunciara al partido único (los sindicatos verticales del régimen fueron sustituidos por los sindicatos verticales del juancarlismo, esto es, UGT y CC.OO., ahora seriamente preocupados por la posible irrupción del sindicato Somos), por cuanto el consenso establecido incluso antes de los engañosos Pactos de la Moncloa, fue la división del poder en diferentes sucursales, que incluían a los partidos nacionalistas, al centro derecha y a la izquierda [con la excepción de ETA, cuya entrada en el consenso garantizaría después de décadas de vaivenes Rodríguez Zapatero y mantendría Rajoy] Todos ellos cumplidores de unas normas no escritas, que nada tienen que ver con el Derecho. Es lo que desde hace décadas vienen llamando los oligarcas, “razón de Estado”, que tantas veces se ha utilizado para pasarse por el forro el imperio de la Ley. El “Montesquieu ha muerto” o “quien se mueva no sale en la foto” no son más que felices expresiones que retratan a la perfección cuál fue siempre la intención del Estado de Partidos. En el fondo, lo que Franco llamó tener las cosas “atadas y bien atadas”.

Se agarran, además, los buenistas a la moderación del discurso de los dirigentes de Podemos de las últimas semanas, quienes han llegado a dar la bienvenida a sus círculos a ex militantes del PP para justificar su teoría. Nada más lejos de la realidad. Podemos, cuyo diagnóstico acerca de la situación política en que vive inmersa España es absolutamente certero, viene para quedarse como apoteosis del régimen. Si bien es cierto que Podemos no puede ser considerada una fuerza antisistema, por cuanto defiende en el fondo la sustitución de unas oligarquías por otras, la suya, y no ofrece soluciones reales al problema de España, esto es la falta de libertad política, no es menos cierto que, de la mano de los medios de comunicación y ante la incompetencia de los partidos de la vieja política, han conseguido colocar en el imaginario popular que ellos son otra cosa. Y ello sin que haya nadie capaz de hacerles frente. Resulta patético ver cómo Monedero, Errejón, Alegre o Iglesias vapulean a los contertulios que tienen enfrente, gracias a su magistral combinación de unos cuantos conocimientos de ciencia política (que los impostores de los que les hablaba la semana pasada desconocen) con una magistral puesta en escena.

”España es un país de países, un país de naciones”, aseguró el político de la coleta. Y se quedó más ancho que ZP

Creen pues dichos biempensantes, y por eso no se oponen, que Podemos puede ser la salvación del consenso de 1978. Consenso que este fin de semana Iglesias denunciaba, al tiempo que ofrecía las mismas soluciones de entonces, con la inclusión de los separatistas. ”España es un país de países, un país de naciones”, aseguró el político de la coleta. Y se quedó más ancho que ZP.


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