Libertad 2.0

Clichés del consenso

Afirmaba el periodista y filósofo francés Jean François Revel que la ideología “es una triple dispensa: dispensa intelectual, dispensa práctica y dispensa moral. La primera consiste en retener sólo los hechos favorables a la tesis que se sostiene, incluso en inventarlos totalmente, y en negar los otros, omitirlos, olvidarlos, impedir que sean conocidos. La dispensa práctica suprime el criterio de la eficacia, quita todo valor de refutación a los fracasos. La dispensa moral abole toda noción de bien y de mal para los actores ideológicos; o más bien, el servicio de la ideología es el que ocupa el lugar de la moral.”

Y en esa ceguera, la del consenso socialdemócrata cuyo lenguaje es el políticamente correcto, viven la Europa sovietizada en general y la España sin alternativa liberal en particular. Lo vemos a diario en medios de comunicación, tertulias de bar y redes sociales.  Los clichés, necesarios para sostener el sacrosanto dogma de la igualdad, incompatible con la libertad y una utopía imposible, anegan el pensamiento del ciudadano de a pie.  Manifestarse en contra la igualdad es para la socialdemocracia un pecado mortal para el cual no hay absolución estatal posible.

Veamos unos cuantos ejemplos de otros manidos dogmas estatistas:

El juancarlismo es el consenso político, que sustituye al consenso social y que resulta incompatible con la libertad política

Claman los españoles biempensantes contra el bipartidismo, que consideran lo peor, sin reparar en que siempre será mejor un gobierno fuerte que uno débil y que en España no ha habido bipartidismo sino consenso entre la izquierda socialdemócrata, la derecha socialdemócrata y los nacionalismos. El juancarlismo es el consenso político, que sustituye al consenso social y que resulta incompatible con la libertad política.  No se percata casi nadie de que el problema no es el bipartidismo, sino la absoluta ausencia de controles del oligárquico Estado de Partidos.  Y la socialdemocracia, que no es más que una forma light del socialismo y persigue los mismos fines que éste, transformando todo problema moral en social. La palabra de moda.

Por supuesto, también se indignan porque no existe mayor proporcionalidad en el Congreso de los Diputados, y te cuentan indignados cómo tal o cual partido está representado mientras que otros salen perjudicados por ese absurdo nada democrático llamado Ley D´Hondt, sin reparar en que el problema es la ausencia de verdadera representación. Aquí nadie elige a su diputado. Ni a su presidente del gobierno. Lo de la representación, como diría el político Iñigo Errejón, es un fake.

Claro que los de Podemos, después del fin de semana en que han colocado como Trending Topic nacional la etiqueta #PucherazoPodemos, lo mejor que pueden hacer es estarse calladitos. Y es que a los de Podemos les salen más votantes, escasos, que censados. Ello, sumado a la invalidación de candidaturas con argumentos como “eres amigo de un abogado de la Gürtel”, indican que los ideólogos de Podemos, refugiados detrás de una vitola de profesores universitarios –nombrados a dedo- en una de las facultades más desprestigiadas del mundo perteneciente a una universidad en donde al rector se le acumulan las deudas, el sectarismo, la mediocridad, los enchufados y hasta los cadáveres- no son ni mucho menos los listos de la clase. Aunque en  el país de los ciegos, justo es decirlo, el tuerto es el rey.  Se trata acceder al poder, sustituyendo una oligarquía por otra. Que ya se sabe que el que parte y reparte, se lleva la mejor parte.  Un pasito más a la izquierda de siempre. Por eso Podemos ni es ruptura ni es nada diferente. Es la apoteosis del consenso.

La Constitución ya no le importa a nadie. Se ha venido abajo en el imaginario popular como también lo ha hecho la Transición de la Monarquía Socialdemócrata de Victoria Prego

Pero sigamos con los clichés. El PP, que no se entera de nada, anuncia que va a incorporar a su programa electoral la defensa de la Constitución de 1978. Como si no llevase defendiendo el consenso, con un breve paréntesis que tuvo lugar entre 1991 y 1995, momento en que el inicialmente rebelde Aznar se somete al negarse a entregar los papeles de los GAL, desde los tiempos de Alianza Popular. Bien. El PP va a incorporar pues la defensa de un texto muerto a su programa electoral, cuando la Constitución ya no le importa a nadie. Se ha venido abajo en el imaginario popular como también lo ha hecho la Transición de la Monarquía Socialdemócrata de Victoria Prego.  Transición, por cierto, responsable de la destrucción del êthos de la nación. Pero esto del êthos a los burócratas de Moncloa, que sustituyen la política por la estadística y las encuestas y son incapaces de comprender que la salvación del PP vendría de su ruptura con el consenso, ¿qué les importa?

No menos dañino, finalmente, resulta el por los partidos tradicionales repetido mantra de que hay que votar. A quien sea pero votar, como si fuera una obligación. Argumento despótico máximo. Como si para manifestar el desapego hacia el timo del tocomocho lo más sano no fuera no participar de la “fiesta de la democracia”. Pues bien, una abstención masiva, dada la ausencia de alternativas al consenso, es lo único que en estos momentos puede deslegitimar a éste. 


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