Libertad 2.0

Ciudadanos en el diván socialdemócrata

El centro es un concepto que demuestra su inutilidad operativa cada vez que se intenta trabajar con él, y que, finalmente, parece concernir a meras cuestiones de imagen, por lo demás dudosas y discutibles” (Juan Carlos Girauta, La eclosión liberal, Ediciones Martínez Roca, 2006, págs. 41-42)

Estas palabras eran parte de las afirmaciones que el hoy diputado nacional y asesor áulico de Albert Rivera, Juan Carlos Girauta, hacía en un libro destinado a fomentar la eclosión liberal en España. Hoy, el otrora liberal defiende un acuerdo de gobierno socialdemócrata, estatista y liberticida. Tanto que, al decir del dirigente madrileño del PSOE, Luis Lorente, “150 de sus 200 medidas podrían ser firmadas sin problemas por Podemos”. ¿Dónde ha quedado pues la eclosión liberal, la idea de una sociedad constituida sobre principios de libertad, individualismo, reducción del Estado, e incluso, de ruptura de falsas fronteras que acogotan al Hombre, como en Cataluña? En efecto, todo eso ha quedado guardado en el cajón de la confortabilidad del Poder, de un falso consenso utilizado como excusa para agarrarse al sillón en pleno huracán político, debido al fracaso de una campaña electoral personalista, mal diseñada, y peor ejecutada.

Que Ciudadanos, fuerza nacida para oponerse al totalitario nacional-populismo catalán, es un partido socialdemócrata a la europea se sabe desde su fundación

Que Ciudadanos, fuerza nacida para oponerse al totalitario nacional-populismo catalán, es un partido socialdemócrata a la europea se sabe desde su fundación. Muchos de sus decentísimos dirigentes catalanes hunden sus raíces en esta ideología. Además, quien escribe cree que es incluso sano que dentro del Estado de Partidos haya una izquierda homologable a la europea. Aunque sufra los síntomas que provoca el antiliberalismo.

Siendo pues socialdemócratas, no puede sorprender que Francisco de la Torre, inspector de Hacienda, y ahora diputado nacional, sostenga en su libro ¿Hacienda somos todos? (Ed. Debate, 2014), que “sin impuestos no hay civilización”, como si aquí pagásemos cuatro perrillas (pág. 267). Y que se obsesione con la lucha contra el fraude fiscal, ya que, afirma, “legitima la acción del Estado” (pág. 266). O que siga el rollo de la sempiterna redistribución socialista, en lugar de proponer bajar impuestos y acabar con la maraña fiscal.

Los que defraudan grandes cantidades de dinero no son los asalariados y los autónomos (estos últimos que se preparen si gobiernan C`s y PSOE), sino el privilegiado que puede contratar a un equipo de asesores fiscales. Esos expertos que consiguen que a un futbolista multimillonario, o a un político conocido y bien pagado, Hacienda le devuelva dinero. Porque el IRPF, introducido en España en 1979, es un impuesto contra la clase media y contra el esfuerzo. Un impuesto que hay que derogar, no dividir en tres tipos. Es una cuestión de libertad.

Proponer la subida del impuesto de sociedades no parece que vaya a servir más que para provocar la huída del dinero, lo que llevará a la captación desesperada de recursos de las clases medias

Proponer la subida del impuesto de sociedades, cuya recaudación en España se desplomó en 2008, no parece que vaya a servir más que para provocar la huída del dinero, lo que llevará a la captación desesperada de recursos de las clases medias para mantener a la oligarquía, política y económica. Pan para hoy, hambre para mañana. Frases como “la eliminación de bonificaciones o deducciones” son parte del engaño. En este sentido, Francisco de la Torre asume el informe Lagares. Y advierte: “en este punto el consenso es general”. Vamos, que son lentejas. Ya lo tienen decidido. Por nuestro bien, claro está.

De la Torre afirma también que “los impuestos eran elevados en España en 1996, pero no eran tan insoportables como para estar en el tramo decreciente de la curva”. Recuerdo la década de los noventa como aquella época frustrante del “no, no puedo trabajar más, que me sube el tramo”. Eso sí que era una curva. La de nuestro cuerpo recostado en el sillón, porque trabajar salía muy caro.

Denuncia también de la Torre que la clase política española ha gobernado como si esto fuese un “emirato árabe”. Y en eso tienen razón. Por ejemplo, ahí está el faraónico AVE, que Rivera quería liquidar, y que luego tuvo que dar marcha atrás para no poner en riesgo el sagrado consenso socialdemócrata, y porque la prensa adocenada le empitonó sin que a De la Torre se le oyera ni respirar. O las ineficientes, extravagantes y carísimas autonomías, invento sin parangón mundial a mayor gloria de las oligarquías nacional-populistas, que han dado lugar a 17 taifas dedicadas a expoliarnos. Las Comunidades Autónomas, esas sí que son un fraude fiscal.

No soy economista. Ni socialdemócrata. Será por eso que coincido en este punto con el Girauta de hace una década, cuando explicaba magníficamente cómo las políticas de Aznar consiguieron crear millones de empleos, reducir la deuda pública, aumentar la renta disponible bruta de los hogares y también la inversión española en el exterior (La eclosión liberal, págs. 24-25). ¿Por qué no volver a esas políticas exitosas en vez de firmar un acuerdo peligroso para nuestra economía y para nuestras ya de por sí menguadas libertades?

La maraña fiscal es una de las claves del camelo del Estado del Bienestar que padecemos. Un entramado que hacendistas serios de países como Francia proponen desmontar. Porque lo que está implosionando es la socialdemocracia, practicada en Europa desde hace décadas por los partidos de centro-derecha.

Como escribió Juan Carlos Girauta en 2006, hay que reconocer que el progre es, en realidad, un rematado conservador

Hay que acabar con el sistema tributario que sostiene el Estado de Bienestar. Y también con el oportunismo político disfrazado de centrismo, que lo mismo mira hacia el liberalismo que hacia la socialdemocracia, planteamientos que son incompatibles entre sí.

Como sentenció Girauta en 2006, hay que reconocer que “el progre es, en realidad, un rematado conservador. Los verdaderos progresistas son, huelga decirlo, los liberales, partidarios de compartir las bondades del progreso con todos los habitantes del planeta”. Compartir. No redistribuir. ¿Recuerdas, Girauta?


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